RESEÑA: FEDERICO GARCÍA LORCA. Recopilación 6 dibujos.

GARCIA LORCA Fotografía sobredibujada de Federico García Lorca 1927

Fotografía sobredibujada de Federico García Lorca,1927.
Tinta sobre papel fotográfico con retrato del poeta / 13,1 x 9 cm.

GARCIA LORCA Payaso de rostro desdoblado 1927

Payaso de rostro desdoblado, 1927.
Tinta y lápices de color sobre papel / 15,5 x 11,5 cm.

GARCIA LORCA Merienda 1927

Merienda, 1927.
Tinta y lápices de color sobre cartulina / 22 x 29 cm.

GARCIA LORCA Dama en el balcón 1927

Dama en el balcón, 1927.
Tinta china y lápices de color sobre papel / 15,7 x 13,8 cm.

GARCIA LORCA Retrato de Salvador Dalí 1927

Retrato de Salvador Dalí, 1927.
Dibujo / Medidas desconocidas.

GARCIA LORCA Manos cortadas 1935-1936

Manos cortadas, 1935-1936.
Tinta china sobre papel tela / 23,1 x 16,5 cm.

Tomados de la publicación:

“Federico García Lorca Dibujos como poemas”. Andrés Soria Olmedo.

Cuadernos Postal. Ediciones de la Central. Barcelona, 2009.

VIDEO: SURFACE. Un film desde abajo. Varathit Uthaisri. Thailandia.

Directed by: TU+// Varathit Uthaisri
Sound: Plum// Napat Snidvongs
DP: Jun Oshima
Production: Tong// Thitawan Chaiwong

Original Set design idea : Richi Owaki

Sinopsis:

¿Qué sería del mundo desde una perspectiva subterránea?

SURFACE es una película experimental, que explora el viaje emocional desde una perspectiva urbana subterránea. Esta “sinfonía urbana” transforma las acciones humanas y los objetos callejeros enbeats” que componen armoniosamente un gran sonido y la composición visual. La película hace hincapié en las ideas de punto de contacto‘, ‘La identidad humana y la noción de “huellas en vivo’.

SURFACE es una parte de UND-VIS, un proyecto de tesis para MFA Diseño y Tecnología de Parsons The New School for Design. UND-VIS: Experimento de visión subterránea; explora el nuevo lenguaje visual de una perspectiva no convencional de abajo”.

Página web: surfacefilm.com

ARTÍCULO: UN NUEVO MOVIMIENTO PARA LA NUEVA CIUDAD. Redistribución del Espacio Automotríz. Bruce McVean. London.

BICICLETAS EN LA CIUDAD

Las ciudades necesitan redefinir su relación con el auto – dando lugar a una conducta de autos y conductores que se acomoden a las ciudades, no ciudades que se acomoden a los autos. Esto no significa prohibir los autos del todo, sino más bien recordarle a las personas que cuando conducen hacia la ciudad, ellos y sus autos entran como invitados.

Investigaciones conducidas por Sustrans and Social Data en 2004 estimaron que el auto es esencial para aproximadamente un tercio de los traslados, como los que involucran mover cargas pesadas y voluminosas. La comodidad y flexibilidad que el auto provee significa que siempre estará alrededor de un modo u otro.

Necesitamos, sin embargo, empezar a abordar algunas de las ineficiencias inherentes de un sistema de transporte dominado por el auto. Los autos ocupan mucho espacio y la mayoría del tiempo ocupan ese espacio aún sin estar en movimiento. También son costosos de poseer – aún antes de poner gasolina en el tanque usted tiene que comprar un auto y pagar impuestos y seguro.

Si un auto es solo esencial para un tercio de sus traslados, ¿por qué necesitaría o querría poseer uno? ¿No sería mejor utilizar un auto compartido y tener acceso a un rango de vehículos adecuados para el tipo de trabajo en mano? Por supuesto que lo sería, y no es sorprendente que clubs de autos y esquemas de pago-mientras-conduces son una industria en crecimiento.

Si el tiempo del auto privado se ha acabado, la era de la bicicleta apenas empieza. Las bicicletas, el ejemplo más claro de transporte privado, son eficientes en el uso del espacio, genuinamente emisiones cero, saludables, sociables, costeables y divertidas.

Ciclovía del Paseo de Reforma. México DF. Fotografía: Ebrard Delgado.

Ciclovía del Paseo de Reforma. México DF. Fotografía: Ebrard Delgado.

Si las ciudades están por comprender el potencial de la bicicleta como forma de transporte masivo, entonces necesitan ser acogedoras para ciclistas de todas las edades y habilidades. Crear las condiciones para el ciclismo masivo implica reducir la velocidad y volúmenes de tráfico en todas las calles y construir ciclo-carriles segregados donde las velocidades y/o volúmenes permanezcan lo suficientemente altas para requerirlos.

El espacio de la calle en las ciudades es una mercancía preciada y altamente competida, pero es necesario encontrar la capacidad para permitir la redistribución de espacio a favor de las bicicletas y el transporte público.

Los cargos por congestión vehicular en Londres y en otros lugares han demostrado ser muy efectivos en reducir los volúmenes de tráfico. La capacidad sobrante del espacio vial puede ser redistribuida para crear condiciones mejoradas para peatones y ciclistas y mejorar la fiabilidad del transporte público.

Ciclovía Bogotá. Imagen: httpwww.flickr.com – ginapfd

La redistribución del espacio ganado al auto podrá ayudar a restaurar las calles de las ciudades a su función original como lugares para personas y actividad así como para tráfico. Las calles son lugares complejos, donde las exigencias de muchos usuarios deben estar balanceadas. En muchas calles el balance está actualmente a favor de mantener a los vehículos motores fluyendo a costa de otros usuarios.

Todo tipo de cierre temporal de calles, desde el maravilloso Playing Out Project en Bristol hasta la muy imitada Ciclovía de Bogotá, juega un papel muy importante en ayudar a las personas imaginar un futuro diferente; uno en el que el balance esté más inclinado hacia la otra dirección, poniendo las necesidades de los residentes, compradores y trabajadores encima de las necesidades del automovilista de paso.

Los cierres temporales pueden convertirse en permanentes con el tiempo. Cada verano por los últimos diez años París ha cerrado una sección de la autopista a las orillas del Sena para que pueda ser convertida en una playa urbana, la Paris Plage. Está previsto que 2.5km de esa autopista ahora serán convertidos permanentemente en un bulevar peatonal.

Estacionamiento de bicicletas en Union Square en Nueva York. Imagen tomada del diario El Financiero de Costa Rica.

Sistema de estacionamiento de bicicletas en Union Square en Nueva York. Imagen tomada del diario El Financiero de Costa Rica.

Nueva York, mientras tanto, ha estado piloteando conversiones más rápidas. Pintura, plantas y bolardos son utilizados para demarcar nuevos espacios públicos y poner a prueba esquemas potencialmente controversiales que de otro modo jamás podrían salir de la mesa de dibujo – algunas veces es mejor pedir perdón que permiso.

Todas las anteriores ideas e iniciativas (y el resto que por falta de espacio no se han mencionado), deben ser unidas en una estrategia integrada de transporte sustentable. Muy seguido la política de transporte salta de proyecto en proyecto, la mayoría grandes y costosos proyectos de infraestructura, sin estar alimentados por una visión coherente de cómo un sistema de transporte urbano debería servir a la ciudad en el futuro.

Las ciudades deben mirar en retrospectiva y hacia delante al establecer esa visión. Es fácil caer bajo el encanto de nuevas tecnologías o estar cruzado de brazos esperando por un remedio tecnológico mágico como automóviles que se conduzcan por sí solos para resolver nuestros problemas, pero mucho de lo que se requiere para establecer un sistema urbano de transporte sustentable y llevar a las ciudades lejos de la dependencia al automóvil ha estado alrededor por mucho tiempo.

Ciclovias en Sanchez Fontecilla Con Francisco Bilbao

Ciclovias en Sanchez Fontecilla Con Francisco Bilbao. Municipalidad La Reina. Santiago, Chile. Imagen Tomada del Diario La Tercera. Santiago de Chile.

Desde los 60s y 70s muchas ciudades han estado redefiniendo su relación con respecto al auto – particularmente en Los Países Bajos y en otros lugares del norte de Europa. Así que un ‘nuevo movimiento’ ya ha comenzado, pero dada la urgente necesidad de abordar los impactos sociales, económicos y ambientales de la dependencia al auto, éste necesita ganar impulso rápidamente. Copenhague ha estado 50 años en el proceso de transformarse a sí misma, todavía tiene camino que recorrer y otras ciudades que están solo al principio del proceso no tienen el lujo del tiempo.

Las ciudades deben moverse lo más rápido posible hacia alcanzar la meta final – una ciudad habitable servida por una red de transporte resiliente. Una red que ayude a la ciudad a responder a los retos del cambio climático y del pico del petróleo barato mientras mejora la calidad de vida y reduce las desigualdades. Parafraseando al gran observador de la vida urbana William H. Whyte, los sistemas de transporte urbano deben ayudar a las ciudades a reivindicarse como buenos lugares para vivir.

Tomado de: http://www.plataformaurbana.cl/archive/2013/07/25/un-nuevo-movimiento-para-la-nueva-ciudad-redistribucion-del-espacio-automotriz/?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+PlataformaUrbana+%28plataforma+urbana%29&utm_content=FeedBurner

Traducción por Marco Gutiérrez.

"Seil Bag, una mochila diseñada para ciclistas que nos aporta un plus de seguridad respecto al resto del tráfico, especialmente los coches, porque incluye una matriz de luces LED".

“Seil Bag, una mochila diseñada para ciclistas que nos aporta un plus de seguridad respecto al resto del tráfico, especialmente los coches, porque incluye una matriz de luces LED”.

MANIFIESTO: NO SON GENIOS LO QUE NECESITAMOS AHORA. José Antonio Coderch (1913-1984). Domus.

JOSE ANTONIO CODERCH

“Al escribir esto no es mi intención ni mi deseo sumarme a los que gustan de hablar y teorizar sobre Arquitectura. Pero después de veinte años de oficio, circunstancias imprevisibles me han obligado a concretar mis puntos de vista y a escribir modestamente lo que sigue:

Un viejo y famoso arquitecto americano, si no recuerdo mal, le decía a otro mucho más joven que le pedía consejo: “Abre bien los ojos, mira, es mucho más sencillo de lo que imaginas.” También le decía: “Detrás de cada edificio que ves hay un hombre que no ves.” Un hombre; no decía siquiera un arquitecto.

No, no creo que sean genios lo que necesitamos ahora. Creo que los genios son acontecimientos, no metas o fines. Tampoco creo que necesitemos pontífices de la Arquitectura, ni grandes doctrinarios, ni profetas, siempre dudosos. Algo de tradición viva está todavía a nuestro alcance, y muchas viejas doctrinas morales en relación con nosotros mismos y con nuestro oficio o profesión de arquitectos (y empleo estos términos en su mejor sentido tradicional). Necesitamos aprovechar lo poco que de tradición constructiva y, sobre todo, moral ha quedado en esta época en que las más hermosas palabras han perdido prácticamente su real y verdadera significación.

Necesitamos que miles y miles de arquitectos que andan por el mundo piensen menos en Arquitectura (en mayúscula), en dinero o en las ciudades del año 2000, y más en su oficio de arquitecto. Que trabajen con una cuerda atada al pie, para que no puedan ir demasiado lejos de la tierra en la que tienen raíces, y de los hombres que mejor conocen, siempre apoyándose en una base firme de dedicación, de buena voluntad y de honradez (honor).

Tengo el convencimiento de que cualquier arquitecto de nuestros días, medianamente dotado, preparado o formado, si puede entender esto también puede fácilmente realizar una obra verdaderamente viva. Esto es para mí lo más importante, mucho más que cualquier otra consideración o finalidad, sólo en apariencia de orden superior.

Creo que nacerá una auténtica y nueva tradición viva de obras que pueden ser diversas en muchos aspectos, pero que habrán sido llevadas a cabo con un profundo conocimiento de lo fundamental y con una gran conciencia, sin preocuparse del resultado final que, afortunadamente, en cada caso se nos escapa y no es un fin en sí, sino una consecuencia.

Creo que para conseguir estas cosas hay que desprenderse antes de muchas falsas ideas claras, de muchas palabras e ideas huecas y trabajar de uno en uno, con la buena voluntad que se traduce en acción propia y enseñanza, más que en doctrinarismo. Creo que la mejor enseñanza es el ejemplo; trabajar vigilando continuamente para no confundir la flaqueza humana, el derecho a equivocarse -capa que cubre tantas cosas-, con la voluntaria ligereza, la inmoralidad o el frío cálculo del trepador.

Imagino a la sociedad como una especie de pirámide, en cuya cúspide estuvieran los mejores y menos numerosos, y en la amplia base las masas. Hay una zona intermedia en la que existen gentes de toda condición que tienen conciencia de algunos valores de orden superior y están decididos a obrar en consecuencia. Estas gentes son aristócratas y de ellos depende todo. Ellos enriquecen la sociedad hacia la cúspide con obras y palabras, y hacia la base con el ejemplo, ya que las masas sólo se enriquecen por respeto o mimetismo. Esta aristocracia, hoy, prácticamente no existe, ahogada en su mayor parte por el materialismo y la filosofía del éxito. Solían decirme mis padres que un caballero, un aristócrata es la persona que no hace ciertas cosas, aun cuando la Ley, la Iglesia y la mayoría las aprueben o las permitan. Cada uno de nosotros, si tenemos conciencia de ello, debemos individualmente constituir una nueva aristocracia. Este es un problema urgente, tan apremiante que debe ser acometido en seguida. Debemos empezar pronto y después ir avanzando despacio sin desánimo. Lo principal es empezar a trabajar y entonces, sólo entonces, podremos hablar de ello.

Al dinero, al éxito, al exceso de propiedad o de ganancias, a la ligereza, la prisa, la falta de vida espiritual o de conciencia hay que enfrentar la dedicación, el oficio, la buena voluntad, el tiempo, el pan de cada día y, sobre todo, el amor, que es aceptación y entrega, no posesión y dominio. A esto hay que aferrarse.

Se considera que cultura o formación arquitectónica es ver, enseñar o conocer más o menos profundamente las realizaciones, los signos exteriores de riqueza espiritual de los grandes maestros. Se aplican a nuestro oficio los mismos procedimientos de clasificación que se emplean (signos exteriores de riqueza económica) en nuestra sociedad capitalista. Luego nos lamentamos de que ya no hay grandes arquitectos menores de sesenta años, de que la mayoría de los arquitectos son malos, de que las nuevas urbanizaciones resultan antihumanas casi sin excepción en todo el mundo, de que se destrozan nuestras viejas ciudades y se construyen casas y pueblos como decorados de cine a lo largo de nuestras hermosas costas mediterráneas.

Es por lo menos curioso que se hable y se publique tanto acerca de los signos exteriores de los grandes maestros (signos muy valiosos en verdad), y no se hable apenas de su valor moral. ¿No es extraño que se hable o escriba de sus flaquezas como cosas curiosas o equívocas y se oculte como tema prohibido o anecdótico su posición ante la vida y ante su trabajo?

¿No es curioso también que tengamos aquí, muy cerca, a Gaudí (yo mismo conozco a personas que han trabajado con él) y se hable tanto de su obra y tan poco de su posición moral y de su dedicación?

Es más curioso todavía el contraste entre lo mucho que se valora la obra de Gaudí, que no está a nuestro alcance, y el silencio o ignorancia de la moral o la posición ante el problema de Gaudí, que esto sí está al alcance de todos nosotros.

Con grandes maestros de nuestra época pasa prácticamente lo mismo. Se admiran sus obras, o , mejor dicho, las formas de sus obras y nada más, sin profundizar para buscar en ellas lo que tienen dentro, lo más valioso, que es precisamente lo que está a nuestro alcance. Claro está que esto supone aceptar nuestro propio techo o límite, y esto no se hace así porque casi todos los arquitectos quieren ganar mucho dinero o ser Le Corbusier; y esto el mismo año en que acaban sus estudios. Hay aquí un arquitecto, recién salido de la Escuela, que ha publicado ya una especie de manifiesto impreso en papel valioso después de haber diseñado una silla, si podemos llamarla así.

La verdadera cultura espiritual de nuestra profesión siempre ha sido patrimonio de unos pocos. La postura que permite el acceso a esta cultura es patrimonio de casi todos, y esto no lo aceptamos, como no aceptamos tampoco el comportamiento cultural, que debería ser obligatorio y estar en la conciencia de todos.

Antiguamente el arquitecto tenía firmes puntos de apoyo. Existían muchas cosas que no eran aceptadas por la mayoría como buenas o, en todo caso, como inevitables, y la organización de la sociedad, tanto en sus problemas sociales como económicos, religiosos, políticos, etc., evolucionaba lentamente. Existía, por otra parte, más dedicación, menos orgullo y una tradición viva en la que apoyarse. Con todos sus defectos, las clases elevadas tenían un concepto más claro de su misión, y rara vez se equivocaban en la elección de los arquitectos de valía; así, la cultura espiritual se propagaba naturalmente. Las pequeñas ciudades crecían como plantas, en formas diferentes, pero con lentitud y colmándose de vida colectiva. Rara vez existía ligereza, improvisación o irresponsabilidad. Se realizaban obras de todas clases que tenían un valor humano que se da hoy muy excepcionalmente. A veces, pero no con frecuencia, se planteaban problemas de crecimiento, pero afortunadamente sin esa sensación, que hoy no podemos evitar, de que la evolución de la sociedad es muy difícil de prever como no sea a muy corto plazo.

Hoy día las clases dirigentes han perdido el sentido de su misión, y tanto la aristocracia de la sangre como la del dinero, pasando sobre todo por la de la inteligencia, la de la política y la de la Iglesia o iglesias, salvo rarísimas y personales excepciones contribuyen decisivamente, por su inutilidad, espíritu de lucro, ambición de poder y falta de conciencia de sus responsabilidades al desconcierto arquitectónico actual.

Por otra parte, las condiciones sobre las cuales tenemos que basar nuestro trabajo varían continuamente. Existen problemas religiosos, morales, sociales, económicos, de enseñanza, de familia, de fuentes de energía, etcétera, que pueden modificar de forma imprevisible la faz y la estructura de nuestra sociedad (son posibles cambios brutales cuyo sentido se nos escapa) y que impiden hacer previsiones honradas a largo plazo.

Como he dicho ya en líneas anteriores, no tenemos la clara tradición viva que es imprescindible para la mayoría de nosotros. Las experiencias llevadas a cabo hasta ahora y que indudablemente en ciertos casos han representado una gran aportación, no son suficientes para que de ellas se desprenda el camino imprescindible que haya de seguir la gran mayoría de los arquitectos que ejerce su oficio en todo el mundo. A falta de esta clara tradición viva, y en el mejor de los casos, se busca la solución en formalismos, en la aplicación rigurosa del método o la rutina y en los tópicos de gloriosos y viejos maestros de la arquitectura actual, prescindiendo de su espíritu, de su circunstancia y, sobre todo, ocultando cuidadosamente con grandes y magníficas palabras nuestra gran irresponsabilidad (que a menudo sólo es falta de pensar), nuestra ambición y nuestra ligereza. Es ingenuo creer, como se cree, que el ideal y la práctica de nuestra profesión pueden condensarse en slogans como el del sol, la luz, el aire, el verde, lo social y tantos otros. Una base formalista y dogmática, sobre todo si es parcial, es mala en sí, salvo en muy raras y catastróficas ocasiones. De todo esto se deduce, a mi juicio, que en los caminos diversos que sigue cada arquitecto consciente tiene que haber algo común, algo que debe estar en todos nosotros. Y aquí vuelvo al principio de esto que he escrito, sin ánimo de dar lecciones a nadie, con una profunda y sincera convicción”.

José Antonio Coderch (1960)

Publicado en la Revista Domus. 1961.

Tomado de: http://www.arquimagazine.com/5411/jose-antonio-coderch/#.Um_CqRBmKjZ

Imágenes Casa Ugalde 1951-52: http://afasiaarq.blogspot.com/2011/12/jose-antonio-coderch-manuel-valls.html

Libro sobre Coderch:

LO MEJOR DE NUESTRAS VIDAS. Homenaje a Joel Sanz (1947-2013). Oscar Tenreiro

HOMENAJE JOEL SANZ

Ricardo Lagos, ex-Presidente de Chile declara en una entrevista para El País de Madrid: En Chile, la dictadura nos robó lo mejor de nuestras vidas. ¿No podemos decir los venezolanos, exactamente lo mismo? Lo creo, y vuelve en mí esa convicción con toda su fuerza con motivo de la reciente muerte, súbita, del colega Joel Sanz, nacido en Noviembre de 1947.

Si dejamos aparte todo aquello que nos hace singulares, Joel era uno más de los venezolanos que han visto con estoicismo mezclado con una muy explicable sensación de frustración el transcurrir de los últimos quince años, dominados por una especie de reinado de la mediocridad y el resentimiento. Tiempo en el cual el desdén hacia la idoneidad profesional en provecho de la sujeción política ha sido la norma, con algunos momentos, muy raros y ya lejanos en el tiempo, de efímera apertura.

Sabemos que esa sujeción impuesta desde el Poder ha sido un mal venezolano, pero en este tiempo de espejismos revolucionarios ha llegado a niveles como nunca en nuestra historia. Y si los espacios de trabajo públicos para los arquitectos han sido aquí tradicionalmente una reserva para allegados y amigos, siempre hubo alguna posibilidad de que se abrieran oportunidades, algo que hoy resulta prácticamente imposible a menos que se cultive y rinda culto a la hipocresía.

En un escenario así personas como Joel Sanz, veraces, de cordialidad sincera pero nunca complaciente, conscientes de que su valor personal y profesional era resultado de un proceso de maduración profundo y auténtico, en el que las apariencias poco contaban, tenía necesariamente que verse en situación difícil, colocado en cierto modo al margen, en una frontera problemática.

II
Todos en nuestro mundo profesional hemos estado asediados por este contexto hostil y desde todo punto de vista absurdo en un país donde todo está por hacerse. Y la muerte de Sanz, Premio Nacional de Arquitectura del año 2000, nos lo hace notar, de nuevo, de un modo estridente y doloroso.

Toda muerte, eso creo, es un mensaje, una llamada, una señal a menudo incomprensible. Y para mí la de Joel Sanz, aparte de esa dificultad para entenderla, me induce en cierto modo a gritarle en la cara a quienes teniendo en sus manos la posibilidad de que gentes como él dijesen una palabra fuerte a través del hacer, de su obra, se mantengan pasivos o incluso sigan practicando esa absurda doctrina de la exclusión, asunto central del proceder público dominante aquí. Porque Joel era un arquitecto que pudo construir muy poco hasta llegar últimamente a enfocarse sólo en la docencia, pese a su muy sólida formación: conocimiento constructivo que se expresaba por ejemplo en el dominio del detalle, hábil y atractivo manejo de los materiales, un sentido intuitivo de las formas de trabajo de la estructura, y una gran facilidad para la organización del edificio. Todo unido a un sólido compromiso estético que lo llevó a proponer imágenes de arquitectura que deben perdurar aunque sea en el mundo virtual, tarea que corresponde realizar ahora a sus legatarios, sus colegas cercanos del mundo universitario (la Unidad Nueve de la UCV), compromiso docente que cultivó con entrega y una rara vocación. Porque no puede dejarse de relacionar la personalidad de Sanz con esa labor de profesor que estimuló en muchos el amor a la arquitectura, a la vez que insistía en la necesidad de rigor, de estudio y de trabajo fuerte, virtudes que le fueron propias.

III
Era Joel Sanz ese tipo de arquitecto nuestro que, sin estar demasiado consciente de ello, ejerce considerando suyas las mejores cosas de la tradición moderna: la forma es esencialmente resultado y mucho menos imposición previa, siendo la organización del edificio uno de sus orígenes; la propuesta estructural se asume como hilo conductor del proceso; el edificio resuelve problemas, responde a ellos, se vincula positivamente a un programa sin que este requisito se imponga; agudeza en la identificación de ciertas líneas maestras que orientan el diseño (la topografía, los accidentes naturales, las direcciones visuales en contextos urbanos); importancia de las proporciones: el hombre como referencia permanente. Agudeza ayudada por un talento innato, reconocible en su capacidad para el dibujo, expresiva, precisa, capaz de, incluso, llevarlo a la vez por direcciones opuestas, lo cual le provocaba no pocos conflictos. Y objetivos estéticos muy bien inscritos en nuestro momento histórico. Tal vez digo demasiadas cosas difíciles de expresar (recordemos que la arquitectura se muestra, no se explica) pero sé también que hay pocos arquitectos de ese tipo aquí y en cualquier parte, porque ha ido pesando demasiado la superposición de modas o tendencias orientadas por la pulsión artística.

No creo que haya entre los colegas de aquí, que ven en nuestra disciplina un sentido más profundo que el de simple medio de sustento, conscientes de su dimensión cultural, de las exigencias intelectuales en el sentido tan bien definido por Carlos Raúl Villanueva, que dude en decir que con la muerte de Joel Sanz pierde Venezuela uno de sus mejores arquitectos. Y lo más irónico, lo que precisamente nos lleva a increpar al puñado de colegas que conscientes o no de su complicidad son parte de una suerte de mafia sumisa que soporta directa e indirectamente la parodia política que rige a Venezuela, es que muere sin haber podido dejarnos lo que sus capacidades le hubieran permitido hacer. La cultura venezolana es la que pierde y eso cuenta, porque en ella se mostrarán las consecuencias de la desgraciada coyuntura política que hemos vivido, sea cual sea su nombre, durante quince años. Y ha hecho posible tantas cosas que nos han robado lo mejor de nuestras vidas.

Si le interesa leer los otros dos artículos de O.T. referidos a Joel Sanz visite:

NO PERDER EL ALMA: http://oscartenreiro.com/2013/09/14/no-perder-el-alma/

TRISTEZA: http://oscartenreiro.com/2013/09/21/tristeza/

ENTREVISTA: JOSÉ JOAQUÍN BRUNNER (1944). “En América Latina el sistema educacional fue construido para una minoría”. Redacción Vivir. El espectador. Colombia

BRUNNER RIED

El chileno, autoridad mundial en educación, asegura que los profesores de hoy no entienden cómo aprende la mente de los jóvenes entre los 18 y los 25 años.

Cada paso del chileno José Joaquín Brunner Ried —exministro de Estado de ese país, sociólogo— es cuidado por dos mujeres que “le hablan al oído”. Se preocupan porque tenga su café en la mesa a tiempo, y porque por lo menos coma fruta y queso al desayuno. Brunner es una especie de celebridad mundial en el sector educativo. Una autoridad. Un investigador juicioso y reputado.

Estuvo en Colombia, invitado por la Universidad del Rosario de Bogotá, para hablar frente a decenas de profesores —en la celebración de su día— sobre las transformaciones que ha sufrido este oficio. Sobre la brecha insuperable que existe hoy entre los viejos y los más jóvenes, porque los primeros defienden una metodología que “va a desaparecer” arrasada por el mundo digital.

Se paró frente a decenas de académicos para contarles que en Colombia sólo el 4,8% de los maestros contaba con un doctorado para 2010 y que entre 2005 y 2010 la planta de maestros universitarios creció solo en 4.672 docentes, al pasar de 97.880 a 102.552. Al terminar la charla habló con El Espectador, mientras las dos mujeres lo escoltaban.

Sus teorías llevan a pensar que el postulado “pueblo pobre, pueblo mal educado” es nuestra irremediable realidad.

Los niños de hogares de menores ingresos están recibiendo una educación realmente deficitaria. Lo más grave es que las competencias más importantes para aprender autónomamente a lo largo de la vida están siendo mal formadas en esta etapa. La comprensión lectora y el manejo numérico y de razonamiento, que es lo que el colegio debería estar formando en el plano cognitivo, son muy débiles.

¿El que está fallando entonces es el Estado, que tiene en sus manos la educación básica de las poblaciones más vulnerables?

Así es. En América Latina este es un fracaso no de un gobierno azul, verde o rojo, sino de todos los estados a lo largo del siglo XX. Mientras los países europeos, y algunos asiáticos, lograron en buena parte del siglo XIX y en el XX establecer una educación de alta e igual calidad para todos los niños y jóvenes, independientemente de si eran hijos de obreros o de empresarios, en América Latina el sistema educacional fue construido para una minoría. Luego, cuando se intentó incorporar a los excluidos, se hizo en colegios estatales de muy mala calidad.

Para remediar esto, la Secretaría de Educación de Bogotá propone que las universidades públicas tengan unos cupos obligatorios para los estudiantes que vienen de colegios públicos. ¿Cree que es una salida?

Creo que ayuda, pero bajo la condición absoluta de que no sólo les aseguren acceso. Entrar significa sólo pasar por una puerta, pero lo que le ocurre después a quien ya está adentro, que tiene que entender los textos que está estudiando, que tiene que seguir el ritmo de sus compañeros que saben estudiar autónomamente, es de lo que realmente se tienen que ocupar quienes hacen estas propuestas. El paso decisivo es cómo la universidad organiza su pedagogía para ayudarles a estos alumnos, de tal modo que no terminen desertando: tienen que tener clases especiales y compensatorias, tutores individuales… Si no lo hacen, el experimento no funciona.

Usted dice que los profesores no saben cuáles son las formas de aprendizaje para los jóvenes entre los 18 y los 25 años, que no saben cómo aprenden sus mentes. ¿Qué está dejando ese vacío?

Uno llega a ser profesor universitario no porque sigue un estudio especial que se llame “ser profesor universitario”, sino porque uno es sociólogo, abogado, enfermero… Nadie enseña didáctica ni el arte de enseñar la profesión, lo que sí se hace con los profesores de educación básica. Ahora nos hemos dado cuenta de que no puede ser así y hay universidades que están haciendo un esfuerzo para transformar a un buen sociólogo en un buen profesor de sociología. Estamos aprendiendo a enseñarles a nuestros profesores a enseñar.

En Colombia sólo el 4,8% de los profesores tiene un doctorado. Eso suena muy grave…

Primero hay que identificar para qué quiero personas con doctorado dentro de mi cuerpo académico. Para una carrera de investigador formal sí es casi imprescindible tener un doctorado.

También están los maestros que se quedaron siempre en la academia y que no tienen experiencia en la práctica…

Esos profesores están condenados a ser un fracaso.

¿Cree que el estatus o el valor de esta profesión ha decaído?

Creo que se ha diferenciado. Los maestros dejaron de ser genios absolutos, como ocurría hace cuarenta o cincuenta años. Hay además un fraccionamiento, una brecha entre los viejos y los jóvenes. Los profesores jóvenes, de 35 años, que vienen de doctorados de buenas universidades de Europa y Estados Unidos, tienen una mirada crítica hacia sus maestros que nunca salieron, que nunca escribieron para una revista internacional. Además, hay un problema con la disciplina: cuando los viejos estudiaron, la disciplina era mucho menos dinámica y menos poblada de conocimiento; la nueva generación viene de una disciplina en que el conocimiento no se detiene.

¿Podría decirse que hay una especie de pasividad de los viejos al acoplarse a los nuevos lenguajes que exige esta era digital?

No es pasividad. Es otra cultura. Otros valores. Ellos hacen parte de una forma de ejercer la profesión que empieza a quedar conceptual, tecnológica y culturalmente superada por la era digital. De hecho su metodología, la del profesor que enseñaba con la pura palabra y con el mismo texto durante veinte años, desapareció. Hoy un profesor joven piensa cada curso de forma diferente y tiene los medios para hacerlo, porque se sienta frente a su computador y puede bajar el currículum de su curso tal y como se enseña en Oxford o en Harvard. Ese es su punto de comparación. Esa es su competencia. No es que los viejos sean malos o pasivos, eran muy buenos, pero eran de un mundo que de repente colapsó.

Tomado de: http://www.elespectador.com/noticias/actualidad/vivir/articulo-422239-el-fracaso-de-educacion-publica-america-latina

VIDEO: THE VEIN / MAGMA. Pictórico-Musical. Dvein.

“Magma’ is the very first Dvein’s music video for The Vein’s new single”.

Recomendación: ver en pantalla completa y descargarlo antes.

+ Info: dvein.com/projects/view/31
+ The Vein: thevein.xxx

Direction & Art Direction: Dvein
Client: Adobe

Post-production & VFX: Dvein
ZBrush Artist: Luis Gómez Guzmán

Live Action Crew
D.O.P.: Alejandro Oset
Production assistant: Anna Carretero
Camera operator: Toni Rodríguez
Grip: David Felices
Make-up Artist: Salònica Rodríguez
Actors: Ramón Pin, Antonio Izquierdo

Sound mixing & mastering: Gerardo Vicente Martínez
Microphone recording: Alex Félez (Heptagon)