CHARLA: ¿SOMOS MODERNOS? Bauhaus Universität de la ciudad de Weimar. Oscar Tenreiro
(Texto guía de la charla pronunciada por Oscar Tenreiro en la Bauhaus Universität de la ciudad de Weimar, el día 8 de Mayo de 2003 en el marco del IIAS de ese año, organizado por la Escuela de Arquitectura)
Cuando yo estudiaba arquitectura (entré a la Facultad en 1955) nos parecía a mí y a mis compañeros, con la superficialidad de una casi niñez, que Europa no tenía demasiado que decirnos a los estudiantes. Y tampoco a los profesores o a los arquitectos.
No sólo hacía poco que la guerra había terminado dejando a todo un continente casi en ruinas y pobreza, sino que muchos europeos llegaban a los puertos venezolanos como queriendo olvidarse de su origen y abriendo bien los ojos hacia un continente que ofrecía promesas de todo tipo. Tanta era la esperanza de los recién llegados que nosotros, los muy jóvenes entonces, estábamos infantilmente convencidos de que Europa poco podía ofrecer como proyecto y que el futuro tenía que estar aquí.
Así crecimos y así fuimos dejando la adolescencia.
En los años 60, cuando luego de recibido mi título de arquitecto viví en París durante casi dos años, fuimos testigos de que Le Corbusier era en Francia un profeta incomprendido. Se hacían miles y miles de viviendas “modernas” que no eran siquiera la sombra del prototipo de Marsella. Un mal edificio como el de la UNESCO era el orgullo del “Paris moderne”. En Italia Scarpa era una rareza. España nos parecía árida y escasa. Ni siquiera imaginábamos que existiera De la Sota.Y Alemania mostraba como un logro el bloque fragmentado de vidrio y acero de Düsseldorf. Motivos todos para estar seguros de que lo interesante, lo promisorio, estaba de nuestro lado.
Pero muchos de los fantasmas que la guerra, los padecimientos y las contradicciones europeas habían sometido a un cierto letargo, necesitaban ser revividos en nuestro lado del mundo. Si había un Yin debía existir un Yang. El populismo y la revolución, la revolución y el populismo, que se movían con dificultad en el panorama de una Europa que regresaba de la violencia, se abrieron paso con fuerza en esas sociedades frágiles y mestizas, ricas en contradicciones, que son las latinoamericanas. La democracia respiraba siempre con dificultad, los desarraigos se hacían sentir, y también las malas conciencias, el revanchismo, la sombra militar. Se declaró la guerra en nuestro lado del mar. Guerra con la ignorancia, con la superstición, con los mitos. Guerra con los complejos que nos acosan desde nuestra llamada “independencia”. La irrupción de la modernidad que coincidió con nuestros años de primera juventud, tan atractiva en México, Brasil y Venezuela, no había sido sino un espejismo.
Y mientras tanto, Europa se hacía más estable, más democrática. Su espesor cultural le permitió recuperarse y florecer. Y se hizo más rica.
El Volkswagen pasó de ser un vehículo semi-proletario, a un pequeño lujo de retro-diseño de 25.000 dólares por unidad. Por todas partes prolifera lo nuevo, lo viejo pierde las pátinas. Se le dan nuevos colores al Juicio Final, se lavó la piedra de París, se restaura lo restaurable. Se hizo proletario el refinamiento. Hay dinero, dinero, dinero .“Se pulieron las cucharas” como decía en los sesenta un poeta amigo a propósito de Holanda.
América del Sur, la de hoy, la urbana, la que ha padecido, andado y desandado la modernidad, desapareció del mapa. Sólo interesan sus exotismos, sus amazonas, sus orinocos, sus cuzcos y sus tenochtitlanes, sus posibilidades para hacer una “revolución” que ya no conviene hacer del lado de la opulencia. Un dinosaurio sobreviviente en Cuba o un payaso desaforado en Venezuela son como una tabla de salvación para sueños de rebelión que ya no encuentran ningún espacio en una Europa que regresó, esperamos que para siempre, de experimentos de redención fracasados en la barbarie y la represión.
Y la arquitectura también cambió de cara.
En nuestro lado, con frecuencia las discusiones sociológicas sustituyeron a las arquitecturas posibles. La frescura de los años cincuenta se ha hecho escasa o inexistente. La imitación barata es moneda corriente y sustituyó al deseo de abrir espacio y crear precedentes abundantes en las décadas de los cincuenta y sesenta. Los europeos que nos miraban con impaciencia apenas conocen hoy, siempre fragmentariamente, lo valioso. Por nuestra parte las dificultades apenas nos dejan espacio para reflexionar sobre nuestros aportes.
Y en Europa parece a veces que sólo interesa la tecnología y el despliegue de ingenio. El juego de atractivas y arbitrarias formas a cualquier precio, las simplezas inteligentes y oportunas, abundan en la arquitectura de prestigio y en el discurso de los exitosos. El Star System brilla atractivo como una meta para casi todos los espíritus. Y uno echa de menos al ver ciertos exabruptos berlineses, los éxitos nouvelescos y la constante explotación de la novedad, aquellos dogmas de la modernidad como la “lógica estructural” la “escala” y la “proporción” . (La proporción, “esa nada que lo es todo y está en la razón de ser de las cosas” de Le Corbusier).
En este contexto ¿cuál puede ser el mensaje que un arquitecto latinoamericano ofrezca a un estudiante alemán rodeado de estímulos tan propios del mundo industrial, de ese lejano Primer Mundo? ¿A un arquitecto europeo a quien se le ofrece tentador un universo de riqueza, de desperdicio refinado y de opulencia?
Creo que puedo ofrecer el testimonio de quien ha perseguido a la arquitectura, ha luchado y se ha apasionado por ella. Y en esa lucha por la arquitectura, que es común a la mayor parte de los que aquí estamos, tal vez pueda haber claves que tengan interés.
I
Quiero decir en primer lugar que no creo que la aspiración moderna de consolidar un determinado conjunto de valores y convertirlos en fundamento del quehacer universal del arquitecto sea un asunto del pasado. Está vigente el deseo de establecer una plataforma ética común para el ejercicio de la arquitectura.
Carl Gustav Jung acuñó en las décadas medias del siglo veinte el concepto del Inconsciente Colectivo.
Según él, hay un mundo inconsciente común a todos los hombres. Algunos aspectos de ese mundo inconsciente afloran a la conciencia en ciertas coyunturas históricas, a través de la obra y el discurso de determinados personajes, personas que son en cierto modo ariete que rompe resistencias. Hay muchos ejemplos de estas “adquisiciones” de la humanidad que lo han sido gracias a la obra de ciertos pioneros, obra que se convirtió en patrimonio de todos nosotros, que pasó a integrar nuestra conciencia y son ahora conocimiento.
Eso ocurrió con el Movimiento Moderno en el campo de la arquitectura.
Le Corbusier, por ejemplo, es ariete, al ser portavoz de las inquietudes de su tiempo y atreverse a formular de modo sistemático lo que estaba en cierto modo diluido en la conciencia de su momento histórico. Sus “Cinq Points” no son sino un agudo resumen de lo que ya estaba en la conciencia. Corbusier puede asumir ese papel gracias a su talento, a su “genio”. El genio es así, tal como lo define el escritor británico Robert Graves, el que puede dar “saltos” intelectuales, establecer conexiones impredecibles, más difíciles, acaso inalcanzables para los demás.
Los Cinq Points estaban en el ambiente, Corbu las formula, simplemente, y las convierte en bandera. Lo mismo pasa con los “Trois Rappels a M. Les Architectes”, el respeto a la pureza de los volúmenes como “principio” a seguir , la arquitectura del objeto que tantos seguidores sigue teniendo hoy. Pues bien, muchas de esas cosas han perdido vigencia porque establecían un nexo demasiado preciso entre la técnica y la arquitectura. Y porque la tradición congelada por la Academia ya fue (aprentemente) derrotada.
II
Muchos de aquellos dogmas establecidos por la modernidad han perdido, pues, sentido. Otros dieron origen a rigideces estilísticas que ha sido necesario quebrantar. Pero hay muchos que, una vez descubiertos, una vez instalados en nuestra “conciencia” se convirtieron en conocimiento.
Lo que hemos conocido puede apagarse en nuestra memoria, puede ceder espacio frente a otras cosas conocidas, puede pasar desapercibido, pero no desaparece. Y por eso han quedado abiertas, despojadas en cierto modo de temporalidad, ciertas preguntas:
¿ Hay una“lógica estructural”? ¿Hay una ética que orienta la forma de construir?
¿Es la proporción un tema de la arquitectura? ¿Es lo que se llamó Escala Humana?
¿La forma es una imposición a priori o es una consecuencia? ¿O las dos cosas?
¿Puede la arquitectura producir patrones de comportamiento social?
¿Es la capacidad expresiva implícita en el modo de construir, una herramienta de nuestra disciplina?
¿ Es la arquitectura un campo de colaboración simétrico entre el Ingeniero y el arquitecto?
¿Hay una Academia contra la cual es necesario luchar?
¿Esa Academia es hoy el marketing de la arquitectura y sus exitosos?
¿Hay una “responsabilidad social” en lo que hacemos?
Esas preguntas todavía nos pertenecen. Formularlas es tarea permanente. Y pienso además que las respuestas que le demos a ellas tienen un alcance universal, son sustancia de una aproximación a la arquitectura que es válida, que es, como decíamos, conocimiento.
La arquitectura, aunque ello no sea reconocido en medio de la retórica más al día, se sigue nutriendo de los valores que dieron origen a la rebelión moderna. Los instrumentos no son los mismos, las formas tampoco, menos los resultados, pero la necesidad de hacernos esas y similares preguntas sigue presente.
Entre otras cosas para rechazar mucha de la arquitectura exitosa de hoy. Para revelar sus debilidades y sus hipocresías.
III
A las preguntas iniciales hemos tenido que sumar otras que recogiesen la experiencia de varias décadas de “arquitectura moderna”. Si hacemos nuestro el postulado kantiano que asimila cultura a experiencia, diremos que la experiencia de construir ha descubierto nuevos temas para el pensamiento sobre arquitectura. Algunos ya esbozados por la modernidad.
Entre ellos:
1) Había que examinar mejor el papel de la experiencia local, el de las “diferencias” en la cultura de la construcción, un tema que comenzó a ser manejado por Le Corbusier ya a fines de los 20 con la “voûte catalane” o con la casa de Mme, de Monzie.
2) El punto de vista “moderno” en arquitectura siempre quiso fijar una frontera entre arquitectura y decoración, o, al decir de pioneros como Adolf Loos, entre arquitectura y “ornamento”. Se convirtió el ornamento en crimen, aunque siempre fue difícil identificar el momento del crimen. La frontera nunca pudo ser clara. En todo caso, en las décadas de la postmodernidad esa frontera se hizo más laxa, se convirtió en una franja y en algunos casos desapareció, Algunos arquitectos abrazaron con entusiasmo la decoración como un “estilo” personal. El ornamento inteligente, encubierto por adjetivos y filosofía al instante se ha convertido en sello personal
No obstante hoy como en tantas otras cosas el despojar de culpabilidad a quien penetre la franja divisoria que antes estaba vedada nos ha traído mayor libertad. Y eso siempre es beneficioso aunque se pierda el equilibrio. Y se abuse de ella.
3) La preocupación por el uso de los materiales naturales que expresó de modo tan radical un arquitecto como Gaudí, la búsqueda de la huella del hombre que construye la arquitectura, en los muros, en las superficies, no ha desaparecido. La expresividad de los materiales no industriales versus los materiales de factoría que se ensamblan en la obra y producen la apariencia de higiene extrema, ocupó un espacio en las inquietudes modernas, ya de regreso del impulso inicial de comienzos del siglo veinte. Allí está para probarlo el Le Corbusier de la postguerra con su “béton brut” , o el “brutalismo” inglés, acaso derivado de las Maisons Jaoul.
Ese tema adquirió nueva vigencia con Kahn y su uso evangelizador del concreto armado y el ladrillo, en un trabajo pionero como las Torres Richards o en la madurez del Museo Kimbell y Dacca. Claves expresivas que han sido tomadas por los arquitectos para relanzarlas, refinadas (Tadao Ando).
De otra parte está la arquitectura de “refrigerador”, la de estructuras “tensiles” (como las ha llamado Kenneth Frampton), de la técnica, la High Tech., un modo de construir más adaptado a requisitos y condiciones técnicas muy desarrolladas. Exitosa, tal vez la más popular entre los imitadores.
Lo que queda claro en esta especie de dualidad entre lo tensil y lo tectónico, entre la armazón y el muro, entre la ilusión de liviandad y la aceptación de la masa, es que la técnica ha permitido explorar con profusión ambos mundos. Y que cada quien, situado en un lugar específico de la economía, de la cultura y de la geografía debe conocer sus limitaciones y ventajas ante este panorama que le pide decisiones.
Se trata como siempre de escoger un camino.
4) También está el tema de la organización del edificio.
Si inicialmente heredamos de los modernos la idea de la Planta Libre formulada por Corbu y experimentada por muchos desde perspectivas enteramente diferentes (Mies, Wright, Aalto, Niemeyer, Villanueva), ella fue revisada de modo tajante por Luis Kahn que lanza el principio de los espacios servidos y sirvientes, sumado a la noción de “independencia del programa” (la relativa neutralidad del espacio arquitectónico) lo cual revoluciona el modo de organizar la planta.
No podemos olvidar estos aportes. Nuestro modo de organizar, de establecer relaciones entre los componentes, ha de enraizarse en estos antecedentes. Aunque sea para rechazarlos. Si actuáramos de otro modo estaríamos ignorando a quienes nos precedieron. Seríamos ignorantes.
5) Hasta el postmodernismo recogido y divulgado por las revistas de arquitectura, pese a sus simplezas y a su talante de movimiento liberador que deviene en “tigre de papel” como bien lo definió hace casi veinte años en nuestra Facultad de Arquitectura de la UCV Kenneth Frampton, permite al menos una mucha mayor libertad en los lenguajes. Aunque promueve en tono light una reacción contra la modernidad, termina estimulando una oportuna flexibilización de los cánones que habían en cierto modo tendido una camisa de fuerza inoportuna e inconveniente.
6) Hay espacio ahora para los manierismos, estimulados por el exceso de dinero de los países importantes y por la ansiosa búsqueda de novedades de la cultura mediática. Sea cual sea nuestra posición ante sus arquitecturas, no cabe duda que muchas de las figuras de hoy han prosperado a partir de maneras, de efectismos personales más o menos bien logrados ¿Los entronizaremos como los nuevos ídolos? ¿O los reconoceremos como representantes de una coyuntura que quedará atrás?
IV
Dentro de todo este panorama ¿dónde estamos nosotros?
Nuestras opciones para construir la arquitectura son pocas. Nos movemos en un panorama restringido. No tenemos una democracia que funcione sino un deseo de democracia. Las instituciones son frágiles. La arquitectura es un extra relativamente innecesario. El fuero del arquitecto es constantemente vulnerado y hasta despreciado. Sobrevivir es un problema diario.
Pero aún en semejante grado de precariedad la arquitectura puede vivir, aunque sea escasa e incompleta nuestra producción. Y puede uno tratar de examinar sus trayectos.
Y decir por ejemplo que habiéndome formado en un momento de expansión del mensaje moderno, experimenté en torno a mis cuarenta años el impacto del revisionismo como una fuerza carente de contenidos y sobre todo confusa y oportunista.
Pero a pesar de ello, fue esa crisis, esa postura de interrogación, la que me permitió entregarme a la necesidad de explorar, de abrir ciertas puertas, algunas para cerrarlas de nuevo.
Y tal vez sólo ahora, a los 63 de mi edad, es cuando siento que puedo trabajar con una relativa seguridad de estar “situado” frente a lo que se me ofrece como arquitecto.
La huella difícil y a ratos contradictoria de esa exploración está presente en mi trabajo.
Y mi condición de hombre sumergido en un mundo problemático, el latinoamericano, pero a la vez cargado de vida. Vida múltiiple y a ratos confusa como todo lo que es humano.
Examinemos mis respuestas.
Weimar, Mayo de 2003
Pie de página:
1. Plan Libre, Toit Jardin, Fenêtre en longueur, les pilotis, la façade libre.
Oscar Tenreiro es arquitecto venezolano y profesor jubilado de la FAU UCV. Premio Nacional de Arquitectura 2002-2003.
POESÍA: MURAL ESCRITO POR EL VIENTO (a Jesús Sanoja Hernández). Eugenio Montejo. Poeta venezolano
Adora a tu ciudad, pero no mucho tiempo,
olvida el tacto de sus piedras,
sé gentil a tu paso y prosigue de largo,
no proyectes quedarte entre sus muros,
hasta fundirte en su paisaje.
Una ciudad no es fiel a un río ni a un árbol,
mucho menos a un hombre.
Quien amó una ciudad solamente en la tierra,
casa por casa, bajo soles o lluvias
y fue por años tatuándola en sus ojos,
sabe cómo engañan de pronto sus colinas,
cómo se tornan crueles esas tardes doradas
que tanto nos seducen.
Las ciudades se prometen al que llega
pero no aman a nadie.
Cuando se ven por la ventana de un avión
todas atraen
con sus cumbres azules
y largos bulevares rumorosos,
pero al tiempo son sombras amargas.
Sus edificios nos vuelven solitarios,
Sus cementerios están llenos de suicidas
que no dejaron ni una carta.
Por eso el río pasa y no vuelve,
por eso el árbol que crece a sus orillas
elige siempre la madera más leve
y termina de barco.
Eugenio Montejo (1938-2008)
VIDEO: ENTREVISTA A PATXI MANGADO. Studio Banana tv.
VIDEO: INMATERIALS. Painting Light Wi-fi.
IMAGEN: MIS REGISTROS. “Mi visión. Petare y La Carlota”. Dibuja Caracas, Venezuela.
Existe una gran contradicción: dibujar es ejercer la libertad, es no precisar, pero también es hacer análisis crítico. A muchos nos gusta dibujar para entender. El trazo nunca es neutral. Quizá dibujando con mi mano izquierda lograría un poco de imparcialidad. Al dibujar, el papel se convierte en superficie, en lugar para recolectar experiencia vivida.
Dibujar Caracas fue un acto más de ciudadanía, es rendir homenaje a la atmósfera que nos da el sentido urbano. Haciéndolo, se omiten tantas cosas como las que se incluyen, odiamos y queremos a la vez. La Carlota me reencontró con el agua exterior, con los pasos cuidadosos de la gente, sus guaridas y disfraces impermeables. Luego, la plaza del casco de Petare nos cobijó a todos con techo verde que filtraba un sol mediano.
Aquí, sí hay trópico.
Ese día nos movimos con soltura, todos nos miramos y con pasión dibujamos…
Víctor
Página del evento: http://dibujacaracas.com/
Galería de Dibuja Caracas. Flickr: http://www.flickr.com/photos/dibujacaracas/
Galería de Gabriel Campanario: http://www.flickr.com/photos/baconvelocity/
VIDEO: EL CONVENTO DE LA TOURETTE (1953-1960). Le Corbusier.
ARTÍCULO: TIPOLOGÍAS APLICABLES AL URBANISMO. Federico García Barba. España
La identificación de las tipologías volumétricas aplicables para el proyecto de la nueva ciudad es una de las cuestiones a las que menos se presta atención en la práctica del urbanismo. Sin embargo, tiene una importancia decisiva para la calidad de la arquitectura que posteriormente se pueda desarrollar a partir de la planificación urbana.
La definición del trazado de la ciudad y la asignación de un aprovechamiento volumétrico a los espacios parcelados privados son dos operaciones fundamentales para la definición del proyecto de la forma de la ciudad futura que están íntimamente relacionados. Estas dos tareas constituyen un trabajo fundamental en la tarea de la técnica urbanística y para ello se precisa conocer las herramientas disponibles para conseguir una organización adecuada del espacio urbano. El trazado garantizaría la provisión de aquellos elementos públicos que son fundamentales para un buen funcionamiento de la convivencia y de la accesibilidad a los recintos privados, manzanas o parcelas mientras que el establecimiento de las condiciones para llevar a cabo un aprovechamiento de las superficies parceladas tiene que ver con la definición de las tipologías edificatorias y los posibles usos aplicables a esos volúmenes resultantes.Por ello, es muy importante entender cuales pueden ser los diferentes tipos que, a los efectos urbanísticos, pueden aplicarse y su estrecha relación con el soporte geográfico, la geometría de la parcelación, su medida y la relación topológica entre espacio público y privado.
Pero ¿Qué es lo que se entendería por tipos o tipologías edificatoria o urbanística? Recurriendo a los diccionarios y enciclopedias, la Real Academia de la Lengua Española define tipología como el estudio y clasificación de los distintos tipos existentes, considerando al tipo como el ejemplo característico de una especie, de un género, etc. Algo más allá, el diccionario de María Moliner considera al tipo como el ejemplar de una especie, teórico o existente en la realidad que reúne en el más alto grado y con la mayor pureza las cualidades peculiares de ella. O tipo como modelo que sirve para valorar o graduar las cosas de la misma especie que él.
Desde una perspectiva genérica, el establecimiento del tipo serviría como instrumento para establecer las condiciones óptimas para la identificación de los distintos elementos diferentes en un sistema concreto. En el caso de la edificación y la arquitectura ello tendría que ver por una parte con los aspectos volumétricos y espaciales que conforman las distintas formas de implantación de la construcción en el territorio y por otra con las distintas posibilidades de uso de los edificios. De la identificación taxonómica de las distintas tipologías existentes en cada lugar se derivarían las condiciones normativas para permitir el desarrollo de la edificación de una manera reglada de acuerdo a los diferentes instrumentos para la ordenación urbanística.
Tradicionalmente, y dada la alta prevalencia de la edificación residencial en el territorio no se tiene claro el concepto de tipología aplicable a efectos territoriales normativos, que se suele confundir el tipo edificatorio o con los usos que se pueden producir espacialmente en los volúmenes edificados. Así no es extraño observar en las determinaciones urbanísticas habituales que forman parte de los planes de ordenación, clasificaciones y referencias extrañas tales como Casas Unifamiliares Aterrazadas o Edificación Aislada Hotelera.
Ya a comienzos de los años 70, Aldo Rossi, en su libro La arquitectura de la ciudad, alertó de la importancia de las tipologías urbanas para el establecimiento de formas urbanas características y que parten de tradiciones extendidas en los modos de vida de las distintas sociedades. La forma volumétrica final de lo urbano se conformaría a lo largo de siglos y a partir de la consolidación de prácticas y patrones consecuentes con las distintas estrategias de aprovechamiento del territorio llevado a lo largo de la historia por muy variados grupos humanos.
El urbanista catalán Juli Esteban, en su conocido manual Elements d’ordenació urbana, precisa algo más el concepto al referirse a las condiciones iniciales que motivan la aparición de los distintos tipos edificatorios en relación a la ciudad: Dice Estebán, los edificios que se construyen en la ciudad tienen unas características que resultan de su destino, de los procedimientos constructivos del momento y también de factores culturales de la población. La síntesis de estas características da lugar a edificios que sin variar los elementos fundamentales de su composición y forma, se repiten numerosas veces en la ciudad: son lo que se reconocen como ”tipos edificatorios”.
De ello, este autor deduce la extrema importancia que tiene la identificación y elección del tipo edificatorio tanto para la composición formal de la ciudad nueva como para no destruir la morfología peculiar de los espacios urbanos existentes.
Sigue considerando Juli Estebán al respecto que el tipo edificatorio es un factor muy importante en la parcelación del suelo, ya que “en cada tipo hay implícita una manera de ocupar y utilizar la parcela”. En consecuencia, y en tanto que las áreas parcelables de la ciudad están condicionadas por las conveniencias de la parcelación, los tipos edificatorios han de ser una referencia importante para la delimitación de esas áreas, lo que es lo mismo que describir como deben de ser para la ordenación de la ciudad.
A partir de esta reflexión, se podrían identificar tres sistemas tipológicos básicos para la ordenación volumétrica de la arquitectura futura en su relación con las parcelas que la albergan, la ordenación por volúmenes adosados, los que corresponde a volúmenes aislados y los que disponen la edificación de una manera irregular.
Históricamente, a partir de la concepción de la ciudad medieval y renacentista, el primer tipo de ordenación ha sido el modo habitual. El tipo volumétrico adosado correspondería a aquellos ámbitos de la ciudad en los que los edificios se han construido mediante la definición de paredes medianeras ciegas que se adosan a sus vecinos a partir de la alineación de las calles, disponiendo completamente del espacio de contacto entre lo público y lo privado.
Inicialmente, la construcción medieval ocupaba parte del espacio disponible de parcela para construir las viviendas, reservándose las traseras a otros usos accesorios a la habitación y a posibles crecimientos futuros. En esta forma de ocupación tradicional y con el transcurso de los años, normalmente suele ir produciéndose un proceso de relleno completo de las parcelas, acompañado de un crecimiento en altura hasta producir esos recintos de una alta densidad de aprovechamiento que tan característicos son de los centros más antiguos de las ciudades.
El tipo de volumetría adosada a efectos urbanísticos admitiría una subdivisión a los efectos táxonómicos y a partir de una voluntad planificadora que pretende una regularización y el establecimiento de límites a los efectos de controlar los efectos perniciosos de una excesiva concentración de volúmenes. Particularmente, se podría distinguir entre aquellas parcelas en las que la edificación podrían ocupar la práctica totalidad de la superficie disponible, realizando la ventilación e iluminación de los distintos espacios interiores a través del mecanismo de los patios y aquellos otros en los que los planes han determinado espacios mínimos no ocupables para garantizar unas condiciones higiénicas mínimas como en el caso de las propuestas de ensanche diseñadas a finales del siglo XIX.
Es lo que se podría considerar como tipologías adosadas cerradas, retranqueadas y alineadas. En los dos últimos casos, corresponderían a aquellas ordenaciones volumétricas de las manzanas en las que son obligatorias la reserva de espacio libre entre el lindero de la parcela en contacto con la calle y la alineación de la edificación en el primero o, también, la reserva de espacios traseros a través del mecanismo de una alineación interior obligatoria en el segundo.
La alta concentración que originan los procesos de densificación en zonas de volumetría adosada llevó a reclamar hacia finales del siglo XIX un cambio radical en la concepción de las ordenaciones urbanas.
La teorización de las ciudades jardín propugnadas por los higienistas británicos y, posteriormente, la concepción urbana relacionada con las propuestas de los urbanistas en el primer tercio del siglo XX condujo a la aparición de un nuevo tipo de ordenación volumétrica que podríamos denominar aislada, considerando la usual organización de la edificación en las parcelas que se proponen en la formalización de los modelos de ciudad ideal.
Este nuevo concepto de ciudad relacionado con los tipos aislados se realizaría a partir de las Garden Cities británicas y la famosa Ville Radieuse de Le Corbusier. Se utilizaría para el desarrollo de los barrios populares de vivienda hacia la mitad del siglo XX, propugnados para las clases trabajadoras y formado parte de las mejoras propuestas por los socialdemócratas y la idea residencial del estado del bienestar.
La volumetría aislada como tipo urbanístico admitiría también una subdivisión normativa, atendiendo a la forma en que la posible edificación se dispone en la parcela. Se podría hablar de tres categorías aisladas que corresponderían a las formas de torres, bloque, y la muy característica de casas pequeñas, distintivas de las urbanizaciones que han heredado el concepto de la propia ciudad ajardinada de viviendas unifamiliares.
Finalmente, se incorpora un nuevo tipo volumétrico intermedio que se relaciona con la aparición tanto de la urbanización marginal en los países con crecimientos urbanos explosivos como con la definición de ciertos desarrollos urbanos más complejos en las ciudades con un alto nivel de sofisticación urbanística. Es lo que podríamos denominar como volumetría irregular que a su vez se puede subdividir en horizontal, escalonada o específica.
Los dos primeros casos, señalarían a aquellos desarrollos informales característicos de aquellos países con escasos recursos públicos, que no han podido atender una fortísima demanda residencial y que ha llevado a que los emigrantes y nuevos pobladores de las ciudades hayan ocupado espacios irregularmente en situaciones que cabría calificar como enormemente deficientes. Atendiendo a los ejemplos latinoamericanos, la volumetría irregular horizontal pautaría las periferias de ciudades como Ciudad de México y Buenos Aires mientras que la escalonada queda representada por los barrios de ranchos de Caracas.
La volumetría irregular específica acabaría de completar esta familia tipológica y se referiría a las implantaciones que incluyen generalmente una superposición de usos junto con una definición de volúmenes que atiende a un planteamiento arquitectónico muy mediatizado por espacios de alta centralidad.
Con esta propuesta de clasificación de posibles tipologías volumétricas a los efectos urbanísticos se pretende aportar un pequeño grano de arena en el esfuerzo de lograr unos sistemas normativos más adecuados al trabajo de los urbanistas y sus mecanismos de regulación, una más adecuada forma de la ciudad futura a partir del proyecto del territorio.
Tomado de: http://islasterritorio.blogspot.com/2008/02/tipologas-en-el-urbanismo.html
Federico García Barba
Nace en 1953 en Santa Cruz de Tenerife. Es arquitecto, especialista en urbanismo, por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona desde 1977. Ha sido director de la revista Basa, órgano de expresión del Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias, desde su fundación en 1983 hasta 1991. Vocal de Cultura de dicha institución entre 1982 y 1985. Profesor del Departamento de Arte, Ciudad y Territorio de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria desde 1993 a 1995.
GBGV Arquitectos ha llevado adelante también numerosos trabajos de planificación territorial y urbanística entre los que hay que subrayar los Planes Especiales de Protección de los Conjuntos Históricos de Garachico, Tegueste y Los Silos, así como el Avance del Plan Territorial de Grandes Equipamientos Comerciales de la isla de Tenerife. En 2008, ha sido elegido Académico Numerario de la Sección de Arquitectura de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel.
Actualmente, es Presidente de la Agrupación de Arquitectos Urbanistas de la Demarcación de Tenerife, La Gomera y el Hierro del Colegio de Arquitectos de Canarias y Ponente a la Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del Gobierno Autónomo Canario.
Web proyectos:
VIDEO: NIGHTLIGHTS FORWARD – A POEM. Carlos P. Beltrán
“Sometimes places remind us of those who have left a mark in our lives, be it good or unfortunate. The idea is not to close our eyes and remember that all is beautiful”.








