ENTREVISTA: “ARQUITECTURA, ÉTICA Y ESTÉTICA”. Santiago Zerpa. El Nacional. Caracas

ENTREVISTA 2015 VICTOR SÁNCHEZ TAFFUR

A continuación comparto con ustedes una entrevista (aunque diría más una amena conversación) que tuve con Santiago Zerpa quién se ha interesado gentilmente, entre otros, por dos temas que para muchos de nosotros son pilares de nuestras vidas: la arquitectura y la docencia y su innegable vínculo con la cultura. Me animo a reproducirla en este blog porque en ella tocamos temas recurrentes y preguntas que con frecuencia me hacen los estudiantes, los clientes o los jóvenes que entran nuevos a la oficina. También porque me parece que ha quedado en un lenguaje “sencillo” y podría ser revisada por todo tipo de público, que finalmente sería siempre el fin de este tipo de conversaciones que llevan implícitas algunos mensajes. Aunque en su momento fue publicada en dos partes, la he colocado completa y sin ediciones por temas de espacio.

ENTREVISTA

“Víctor Sánchez Taffur es arquitecto y docente desde hace muchos años. Quizás la pasión/obsesión que siente por ambas profesiones es lo que lo impulsa a destacarse tanto, y conversar cómodamente de ellas durante horas. Habla de Le Corbusier, Villanueva o Campo Baeza con la misma emoción con que cuenta una de sus clases. Quise entrevistarlo porque me interesa su mirada audaz, honesta y crítica que tiene del mundo que lo rodea. Más que una entrevista es una conversación inteligente, de esas que puede tener con sus alumnos de la Unidad Docente Nueve o con los arquitectos que trabajan en su firma. ¿Es una suerte de clase de arquitectura?, sí, pero también es una mirada mordaz del país que estamos viviendo, la crítica a una sociedad que ha ido decayendo en valores y cultura, y una lección de vida de un creador que ha dedicado su vida, esfuerzo y talento en proyectar lo que ama”. “Durante la segunda parte, conversaremos sobre su oficina de arquitectura, de algunas referencias personales con relación a la arquitectura y la cultura, y también sobre su blog, una suerte de encrucijada donde se encuentran sus intereses, opiniones y pasiones”.

PRIMERA PARTE

Me gustaría, Víctor, que me contaras qué es la arquitectura. Quizás de la forma en que lo enseñan en la universidad (algún concepto formal). Y luego, qué es la arquitectura para ti, como pasión, como vivencia, como objeto de vida apartado de la simple definición.

Empezaría comentándote que no todo lo que uno piensa que es arquitectura lo es. La arquitectura va más allá de la imagen o la mera construcción de un edificio. Es un ejercicio intelectual que implica no solo habilidades u oportunidades para “hacer” sino conocimiento, reflexión, propuesta y apuesta. Llamamos obra de ARQUITECTURA a aquella que supera el paso del tiempo y mantiene su dignidad formal, espacial, constructiva, de lenguaje, y además es profunda y densa porque tiene detrás un pensamiento coherente que la soporta, no es capricho ni una moda como muchos políticos, clientes o empresarios la entienden. La arquitectura debe tener serios compromisos con la historia, con la técnica y con el lugar donde se desarrolla, es desde allí donde nace la obra y no de actitudes viscerales o exigencias momentáneas; cuando no es así, luego cae siempre por su propio peso. Tampoco es necesariamente espectacular (de ostentosa o aparatosa) aunque sí puede llegar a ser impactante y conmovedora, a la vez que resuelve o propicia solución a una serie de demandas. En definitiva debe despertar algún tipo de pasión-obsesión y es lo que te induce como proyectista a investigar y a crear. Ser arquitecto te condiciona a ver el mundo de una manera particular, no es ni mejor ni peor que cualquier otra profesión, solo que hace que filtres información y la desgloses de una determinada manera para que te funcione. Nuestro trabajo posee una cantidad de variables de naturaleza distinta con las que hay que lidiar y por eso es tan compleja y difícil.

 ¿Consideras a la arquitectura como una aliada de la cultura? ¿Es necesaria/innecesaria esa alianza?

La arquitectura al igual que otras disciplinas tiene que ver con la cultura. Siempre será importante conocer lo que más se pueda sobre lo que se hace, las teorías, la historia, obras significativas, etc., estar al día sobre un conjunto de conocimientos, incluso de otras disciplinas, que permitan desarrollar algún tipo de juicio crítico. Es un deber y una responsabilidad personal estar al tanto de todas estas cosas, definitivamente. Aunque es una discusión eventual con algunos colegas, para mí existe una arquitectura culta y una menos culta. Eso se nota sobre todo cuando vez la obra en extenso de un arquitecto. Allí, percibes los vacíos de conocimiento, los caprichos e incoherencias o, por el contrario, el rigor y la profundidad, las búsquedas constantes, el dominio del lugar y de la historia, la evolución de los problemas inherentes a la disciplina. Quizá por eso es que la arquitectura es tan difícil siempre para los que se la toman en serio.

¿Cómo hacer arquitectura en un país donde no hay materiales y tantas dificultades? O más difícil aún, ¿cómo hacer arquitectura en un país donde no se apoya ni respeta la cultura? ¿Qué hace falta? ¿Qué se debe hacer?

Lo primero que deberíamos aclarar es que aquí en Venezuela no se está haciendo ni se puede hacer arquitectura dignamente, o al menos, como se haría en cualquier país en vías de desarrollo: mediante la oferta de oportunidades equitativas y el apoyo gubernamental para todos los profesionales por igual.
Aquí estamos sobreviviendo ante el veto para construir por falta de insumos para la construcción, por falta de inversión privada y por falta de leyes. Estamos defendiéndonos de un sistema que no entiende que debe dar ejemplo desde el poder y hacer concursos de arquitectura públicos y abiertos, que debe extender la convocatoria para hacer proyectos independientemente de las ideas políticas, que tiene la obligación de apoyar al Colegio de Arquitectos, que está comprometido a llamar a los Premios Nacionales para hacer obras importantes y quizá lo más urgente, diría yo: debe pensar seriamente la ciudad con los expertos y la empresa privada. Se han realizado una serie de intentos fallidos, descoordinados y mal enfocados para ofrecer viviendas desde una visión inmediatista y populista. Poco se ha cumplido y mucho se ha afectado con esas intervenciones inoportunas. Lejos de que pudiera haber algún caso aislado de un edificio interesante y un logro social puntual a mi juicio se ha alterado severamente la calidad de la ciudad como totalidad. Por otro lado, se ha perdido una oportunidad de oro en lo relacionado a la experimentación sobre la vivienda y la construcción al no convocar a todos los arquitectos del país para luego seleccionar a los mejores y realizar así obras de la más alta calidad. Así es que se busca el progreso y la excelencia. Tampoco se han construido nuevos edificios gubernamentales, importantes parques, plazas, etc. cosas de verdadera relevancia, la política gubernamental se ha centrado en ofrecer una serie de construcciones de pequeña escala que para mí son siempre “parches” de muy mala calidad que han denominado “arquitectura social” (cosa que además no sé qué es) bajo unas premisas con las que por supuesto a estas alturas de mi vida profesional y como ciudadano, no comulgo ni comparto. Toca seguir trabajando en lo que uno cree, como siempre lo he hecho, desde la academia y mi oficina, aunque “por ahora” sea contracorriente.

En tu blog, que me aclaraste no es solo de arquitectura, podemos ver videos de Kubrick sobre su perspectiva, pero también fotos de Marilyn o caricaturas de Zapata. ¿Qué conexiones ves entre todo esto? ¿Es importante para un arquitecto tener conocimientos más allá de los aprendidos en una escuela? ¿Cómo se relacionan el arte, la fotografía o la escritura con el quehacer del arquitecto? ¿Cómo y por qué se tocan las diferentes disciplinas culturales con la arquitectura?

Mi blog es una bitácora personal, pero no de viajes sino más bien de desplazamientos hacia otros conocimientos que me interesan profundamente: el diseño gráfico, el cine, la escritura, el dibujo, la filosofía, la escultura y por su puesto la arquitectura, la docencia y la ciudad. Son mis búsquedas personales, es lo que le da piso a mi ejercicio docente, que por cierto está directamente conectado con el profesional. Hasta el 2007 no tenía idea de lo que era un blog, yo guardaba todo en mi correo y lo enviaba a mis alumnos y amigos con bastante regularidad. Un día un profesor de la facultad me dijo “Víctor, si tu manejas mucha información ¿Por qué no te abres un blog?” y me quedé con esa idea guardada. No sabía en realidad de qué se trataba eso hasta que decidí aventurarme mientras vivía en Madrid. Cuando llegué allá, me sucedían tantas cosas a la vez que no sabía qué hacer con toda esa información. Tuve la gran suerte que para el momento tenía la pausa para procesarla y poder entenderla. En ese aislamiento foráneo también tuve tiempo para pensar, creo que descubrí quién era y lo que me interesaba, también lo que quería hacer luego aquí en Venezuela. Le debo bastante a esa “experiencia de un exilio académico”, así llamé a la charla que dicté aquí en Caracas por invitación de la Fundación Espacio cuando regresé luego de algunos años de vivir en España. Allá, solía leer en el metro o el autobús, los fines de semana estábamos viajando o en museos, cursaba fotografía y algunas otras cosas más, iba a muchas conferencias y además estudiaba el postgrado, trabajaba y daba clases. Decidí empezar a asentar en algún lugar todas las sugerencias y lo que descubría a diario, con todo esto abrí el blog. Tenía ya meses registrando información pero me costó sacarla “al aire”. Sinceramente, no pensé que a otras personas les pudiera interesar lo mismo. Me llevé una gran sorpresa desde que apareció el blog en el 2008. Desde ese momento he recibido correos de profesionales, profesores y estudiantes, invitaciones, congratulaciones, etc. pero quizá lo que más me ha animado a seguir es que he visto este trabajo como referencia en páginas de universidades y cátedras importantes de varios países. He llegado a tener unas 2.000 visitas diarias algunas desde Oriente y Asia, pasando por Europa y Norte América hasta llegar a toda Suramérica (no sé si éste para el mercado será un número importante pero para mí es más que suficiente), por eso trato de seguir en la medida que la actividad y el estrés que genera nuestro país lo permita, así sea eventualmente. Tengo una deuda y sé que debo escribir más, hasta ahora me dedico sobre todo a investigar y compilar pero no noticias ni proyectos que aparecen por todos lados sino más bien artículos, imágenes, charlas, etc. y esto me lleva trabajo porque verifico mucho cada imagen, las fechas, los créditos, cada texto así como el diseño y la presentación de la información. Es cuestión de tiempo empezar a escribir y lograr que sea un hábito tal vez semanal o mensual. Para mí el blog es un medio para ejercer la crítica, opinar y mostrar, sobre todo lo que en Venezuela es posible hacer si nos lo proponemos con seriedad. El blog es un instrumento fundamental para mis clases, es mi apoyo. Desde hace unos dos años también he incorporado las redes a mi docencia y doy clases de proyectos a mis cursos en sesiones de grupos privados por Facebook que es el medio más visitado en el mundo.

¿La arquitectura es un arte? ¿Son polos opuestos o aliadas?

Siempre he visto la disciplina como un oficio con una raíz más humanista que científica, esta mirada por supuesto le abre camino a una infinidad de cosas incluyendo al arte. Pese a que muchos colegas se sienten artistas “per se” por ser arquitectos, creo que nuestra disciplina entra en otra categoría que no es fácil de definir, es difusa. Prefiero pensar que es un oficio que te ofrece la posibilidad de tener distintas capas y espesores de información que tú utilizas, quitas o superpones a placer con el objeto de procurar la belleza mediante la razón. Aunque hacer arquitectura tiene que ver con un acto de creatividad, pienso que los arquitectos estamos lejos de hacer obras de arte porque tenemos unas claras responsabilidades sociales, urbanas, legales, programáticas, etc. Por otro lado, dependemos de muchas personas para llevar a feliz término una obra. Quizá concebir la arquitectura pudiera ser un acto necesariamente íntimo como la pintura, la escultura o la escritura pero cuando se procede a materializar esas ideas, mediante la ejecución de la obra, entramos en una condición distinta. Pese a todo esto, paradójicamente, con los años uno puede buscar las maneras de “convidar” a que el acto creativo, el cliente y finalmente la obra tengan que ver con una comprobación de inquietudes personales. Es posible que el arte y algunas disciplinas no sean polos opuestos con la arquitectura, sencillamente son distintas, lo que sí es cierto es que se atraen y pueden llegar a convivir porque se entrecruzan en algunos momentos.

Un fenómeno que he visto mucho en la FAU, específicamente, es el de estudiantes que entran a arquitectura pero desean ser artistas. ¿Qué opinas de esto? ¿Es un camino adecuado? ¿Qué aconsejarías?

La carrera de arquitectura en cierto modo te estimula para ser artista porque te sensibiliza ante el entorno, te muestra caminos, te enseña sobre obras, autores, historia del arte, etc. Por otro lado, existen asignaturas que además te invitan a hacer prácticas relacionadas con esa disciplina. En la facultad vemos estudiantes que entran a la carrera con esa inquietud o por el contrario la descubren allí y es totalmente válido. Lo que me parece contraproducente es que confundan una cosa con la otra. Al finalizar los estudios se está optando por un título de arquitecto. Aunque luego se decida no ejercer la carrera, son estudios de arquitectura y deben superarse como tales. En el caso de que la vocación sea el arte, sería mejor no perder el tiempo viendo tantas asignaturas que no interesan y por las que generalmente esos estudiantes no muestran ningún tipo de interés, como es lógico. Si se toman el arte en serio y luego se preparan formalmente estudiando todo lo que les falta quizá no sea tan grave, sin embargo, y vuelvo a insistir, sería preferible que se formaran desde los inicios en un centro para el estudio del arte, con buenas bases en lo que les interesa realmente, que por cierto, es mucho más serio y complejo de lo que a veces ellos piensan.

Hablemos de tu rol como docente. ¿Te consideras profesor, mentor, o maestro? ¿Por qué? ¿Qué te impulsó a impartir clases en un primer lugar? ¿Qué te ha mantenido en la docencia durante todos estos años?

Podría decir que la docencia en mi caso es lo que realmente guía el accionar de todos mis movimientos, es una manera de vivir. Me exige estar al día, probar distintas maneras de enseñar, reinventarme, y eso es muy estimulante y tentador. Soy profesor por vocación y porque me gusta compartir todo lo que aprendo, eso es todo. Es muy posible que haya heredado algo de esto directamente de mi abuelo Víctor Tafur que fue un gran maestro, de sus alumnos y luego de toda nuestra familia. Luego de más de 20 años dando clases y ejerciendo la profesión, creo que he logrado encontrar la fórmula para convertir en una cosa lo que durante un buen tiempo fueron dos actividades independientes. Para mí la docencia se extiende hasta la oficina cada vez que converso con el equipo que trabaja allí. Y en la facultad por el contrario converso mucho sobre la obra y lo que significa proyectar y construir. En mi caso particular, la academia y la oficina se complementan, pareciera obvio pero no lo es tanto. En la academia pienso con mucha libertad, reflexiono sobre lo ideal y a veces incluso lo necesariamente utópico y en la oficina básicamente actúo con restricciones de todo tipo, con los pies sobre la tierra pero igualmente imaginando y soñando. Doy clases porque me interesa por encima de todo el conocimiento y eso es común para ambos ámbitos, no me gusta estar estancando o detenido, no va con mi manera de ver el mundo. Las clases me otorgan el poder de explorar, de inventar, de equivocarme y de conocer cada vez nuevos grupos de personas y adentrarme constantemente a nuevos tiempos. No me considero maestro ni mucho menos, en todo caso un guía por tener más experiencia. Tengo la impresión que daré clases por muchos años más, o al menos mientras me mantenga estimulado, lúcido y sienta que no me alejo demasiado de las inquietudes de mis estudiantes. Es muy posible que cuando esto pase y note que ya no fluye una comunicación “nítida”, que ya no voy al mismo ritmo, y que ya no existen intereses comunes, etc. sabré parar y seguir en otra línea de aprendizaje personal. Espero retirarme en un año redondo: 2020, 30, etc. me gustan esos números para cerrar ciclos. Por los momentos, no tengo demasiado claro si será aquí en Venezuela o en algún otro lugar pero en dónde esté, y como esté, seguramente intentaré dar clases.

¿Cómo es ser profesor hoy en día? (bajo las adversidades de dar clases en la UCV, el desánimo general etc.) ¿Qué falta? ¿Qué se debería hacer para no perder la excelencia a la hora de impartir/recibir clases? ¿Algún consejo para los próximos arquitectos?

Esta pregunta es muy difícil y larga de contestar porque es necesario explicar bien qué es ser un académico en este país. Ser profesor hoy en día en Venezuela es prácticamente un acto heroico. Sería poco elegante autodenominarse héroe pero en nuestro caso, si no los somos, podríamos al menos decir que realizamos día a día la hazaña de llegar a dar clases luchando contra nuestra realidad, sin que el reconocimiento social ni económico nos echen una mano. Lo hacemos por un acto de fe en nuestra juventud y en la construcción de otro tipo de país, de lo contrario, es posible que nuestra universidad pública se hubiera extinguido. Dedicarnos a esta actividad implica para los que tenemos cierta vocación un obligado cambio de mentalidad desde el primer día y da la ligera impresión que parte importante de la sociedad no pareciera comprender aun la dimensión y sobre todo la trascendencia de lo que es la academia. Hoy, un profesor de una universidad nacional tiene que tener uno o varios trabajos porque es imposible que se pueda dedicar “como debe ser” a vivir dignamente de sus clases. Esto no es normal, ni debería serlo, debemos tenerlo claro. Las desmotivaciones en la carrera docente vienen por diferentes frentes. En nuestro esquema social, al conocimiento y al que sabe se le menosprecia y hasta se llega a sentir por él compasión o lástima, tampoco desde el gobierno se le considera un pilar de apoyo en la construcción de país. Esto tiene consecuencias y se ha venido manifestando silenciosamente con la merma progresiva y constante de la calidad académica y en el peor de los casos con la deserción de profesores competentes que en otros contextos son reconocidos y remunerados (por no decir muy bien pagados en reconocimiento a lo que hacen). Por otro lado, los profesores que nos quedamos en el país tratamos de formar estudiantes en una burbuja, procuramos ofrecerles lo mejor de la institución, dentro de lo que cabe, para que luego al terminar sus estudios el contexto nacional los obligue, con toda razón, a buscar un mejor futuro en otro lugar. Adicionalmente, la universidad se encuentra cada vez más asfixiada en cuanto a recursos, con constantes recortes presupuestarios que no permiten contar con lo mínimo indispensable, literalmente. Nuestra situación en la institución es parecida a la de una post guerra, no hay sillas, baños, ascensores, papel, libros, seguridad, etc. El gobierno no otorga dinero suficiente y realmente a estas alturas interesa poco lo que justifiquen para no hacerlo, la realidad nos lleva por delante, está allí, es avasallante y vergonzosa. Por el contrario, se escuchan casi a diario los despilfarros y la dimensión de la corrupción nacional y es inevitable preguntarse ¿por qué se ha caído tan bajo? Bueno, quizá la respuesta de base es sencilla: no hemos invertido lo suficiente en la educación. Sin embargo, creo que estamos llegando a unos extremos en dónde la situación universitaria se torna cada vez más crítica y evidente, posiblemente con consecuencias mayores. Para la Venezuela que viene quedará como una experiencia que no se debe repetir, dura para los que nos ha tocado de cerca durante estos últimos 15 años pero de la que se debe aprender y cambiar radicalmente si queremos avanzar como país. Es necesario reconocer la labor del barrendero, del vigilante, del profesor, el médico, el empresario, del político, etc. de lo contrario caeremos en un oscuridad tal que no nos podremos ver ni las caras. La universidad pública se mantiene porque los profesores no han querido abandonarla, única y exclusivamente por eso; porque creen fielmente en ella, porque no les interesa el conflicto sino que esperan con paciencia que el país y los políticos de turno, algún día no muy lejano entiendan y recapaciten, que caigan en cuenta que la educación es la mejor inversión y la única vía que permite progresar. Pese a todo este panorama, desde hace algunos años decidí que no me iba a dejar arrastrar por la mediocridad ni el desánimo que impera a nuestro alrededor en estos momentos. Sin ignorar nunca lo hostil de nuestra realidad nacional, me ha tocado construir alrededor de mis clases una muralla que cuide y proteja lo que hay dentro. Además, hago los esfuerzos porque sea una actividad dinámica y se sienta mucha energía y optimismo porque allí permea solo lo que nos interesa para aprender. Gracias a las redes podemos enterarnos y ponernos a nivel de lo que se hace afuera, buscamos competir y ser los mejores con lo que tenemos, apostando por lo que viene o lo que les vendrá a cada uno donde esté. Ahora y aquí hay que tratar de buscar la excelencia, no veo otra opción para superarnos. La docencia en resumidas cuentas me ha dado una gran cantidad de cosas que no pueden comprarse ni medirse con dinero: por un lado, el conocimiento, la disciplina y la necesidad de aprender, y por el otro, una gran cantidad de maestros y alumnos con los que me une una fuerte relación de admiración y amistad. La academia en cuanto a alcances todo lo permite, si se está interesado en compartir, aportar y aprender.

SEGUNDA PARTE

Volvamos a tu blog. ¿A qué se debe el título? ¿Es una explicación de la misma mente de Víctor Sánchez Taffur?

El título del blog Propuestas In Consultas es sencillamente un juego de palabras que pretende poner en evidencia que lo que hay allí son opciones, alternativas o caminos que están en observación y podrían ser revisados en cualquier momento y, por otro lado, pretende hacer notar que me aventuro a colocar contenidos sin necesidad de consultárselo a nadie, con responsabilidad me arriesgo. Este título es reflejo de la manera como quizá opero en los distintos aspectos de mi vida: no me gusta atropellar o imponer sino proponer pero tampoco me detengo para actuar cuando creo en algo. Este blog es una propuesta académica y personal, tanto así que he recibido varias ofertas publicitarias para ganar dinero, ajustando y modificando ciertos aspectos, pero en realidad no me ha interesado. Asumiendo lo que esto implica, prefiero tener libertad y no atarme a nada de esas cosas que yo mismo cuestiono dentro de la difusión de nuestra disciplina.

En todas partes he notado que hay citas, de arquitectos, escritores y pensadores. ¿Por qué la fascinación por las citas? ¿Cuál es quizás la que más haya marcado tu vida como arquitecto?

Creo que la cita es un instrumento de comunicación de masas, es poder decir lo que uno muchas veces piensa pero no se posee la experticia para escribirlo con las palabras acertadas. Claro, es muy importante de quién es la cita. Uno con estos fragmentos de pensamiento va aprendiendo, aclarando, reconstruyendo, va hilando y va descubriendo, incluso, sobre cosas que ese mismo autor no pensaba decir, ya que te sugieren y te “detonan” la creatividad para ir por otros lados a partir de allí. No estoy seguro que sea una sola cita la que me haya marcado porque unas me aclaran dudas, otras me reafirman cosas y con otras me identifico como ésta referida a nuestra disciplina y tiene que ver con lo que venimos conversando. Es de un arquitecto muy famoso hoy en día y que admiro desde hace muchísimos años (mucho antes de que se pusiera de moda):
“Quizás sorprenda, pero diré que nunca pretendí ser más astuto que los demás. Sí pensé por mi cuenta siempre e intenté explicitarme a mí mismo y a mis ideas en la práctica. El principio es que tengo una mente organizada. Soy un autodidacta, pero soy muy curioso, todo me interesa.” Le Corbusier.

¿Por qué arquitectura Víctor? ¿Cómo iniciaste y te mantuviste a lo largo de los años? ¿Qué momentos han sido clave para tu desarrollo profesional (tanto buenos como malos)?

Yo nunca pensé estudiar arquitectura, mi encuentro con esta disciplina fue una causalidad (no una casualidad). En realidad me llamaba mucho la atención ser médico pero muy en el fondo creo que sí tenía que ser arquitecto. Echando para atrás, todo indicaba qué era lo que me interesaba realmente. La cantidad de horas y años que pasé de pequeño pensando frente a mi extensa colección de Legos, cuidando celosamente cada uno de los productos de ese trabajo, siempre tratando que fueran composiciones ordenadas por color, por tamaño, por formas, etc., (y lo recuerdo claramente) tal vez auguraban mínimo un futuro en el diseño o la construcción.
También la infinidad de libretas que me fabricaba mi padre en su imprenta llenas de hojas en blanco -que me encantaba ir a ver cómo se hacían- seguramente también tuvieron que ver con ese desarrollo del cerebro en los campos de la creatividad. Luego de graduarme hice todos los esfuerzos por estudiar medicina en la UCV. Sin embargo, los constantes problemas y un paro prolongado hicieron que me desencantara y probara otras cosas mientras decidía sobre mi futuro. En el ínterin, mi padre me inscribió en arquitectura alegando que yo servía para eso y me invitó a que probara con toda libertad, por otro lado, me animó la sugerencia de un tío ingeniero civil. Empecé a estudiar la carrera mientras cursaba diseño gráfico y desde el primer día me atrapó. Sentí que allí podía volver a crear con libertad pero esta vez a partir de unas normas o lineamientos, siempre me han gustado los retos y esas restricciones me parecían muy tentadoras. Una vez empecé, me lo tomé con seriedad y empecé a cambié mi forma de ver el mundo, las cosas, e incluso a la gente. El conocimiento de nuevos temas y la influencia de ciertos maestros de la universidad y de la disciplina pesan cuando realmente te apasiona y te interesa crecer más. Es normal, la madurez te lleva a esos cambios. Cuando empiezas la carrera la demanda de tiempo para estudiar te obliga a veces a sacrificios grandes, hasta a alejarte de los amigos, de los eventos familiares, abandonar a las novias, etc. porque los tiempos sencillamente no te dan. Pero al final todo esto vale la pena si uno está convencido, aprovecha el tiempo valioso de la universidad, se siente realizado y confía en sus capacidades, también si a uno le interesa ser Arquitecto o simplemente tener el título (que son cosas muy distintas). Es posible que los momentos más duros siempre sean los inicios tanto de la carrera como del ejercicio profesional, te invaden las dudas sobre lo que sabes y no sabes, los miedos al fracaso, a no saber qué hacer. Quizá la afirmación de que acertaste estudiando lo correcto sea la más búsqueda más preciada al inicio pero, como todo, se va superando y luego tomas otros caminos o te preocupan cosas que logras tener más controladas por la experiencia y los años. Siempre trato, no siempre con éxito, de decirle a mis estudiantes que aprovechen los 5 años de la carrera porque esa época no vuelve más y es una gran oportunidad y la base de lo que les vendrá. Hoy, en Venezuela lamentablemente este tiempo de formación en muchos casos se está convirtiendo en un vulgar trámite más que un tiempo de dedicación y un disfrute. Por otro lado, y referido a lo que me preguntas sobre mi proceso de formación y crecimiento, definitivamente, debo decirte que en mi vida académica, profesional y personal hay un gran salto, un antes y un después de haber vivido fuera de mi país. Luego de esto empieza una nueva etapa como arquitecto, como docente y tal vez como persona.

Recomienda un par de libros, un par de películas y un par de músicos que consideres imprescindibles. Explícanos por qué.

Cuando uno recomienda algo a ciegas siempre se somete al juicio público, se queda corto, se va por otro lado, no cumple las expectativas, etc. Para mí es necesario preguntarme ¿para qué o para quién es la recomendación? de lo contrario carece de sentido. Muchas veces algunos ex alumnos me llaman o pasan por la oficina y me dicen: ¿Víctor qué se está haciendo ahora en arquitectura? O ¿Qué harías en tal proyecto? ¡Imagínate semejantes preguntas! Lo primero que tendría que saber es ¿Qué te interesa a ti? ¿Qué estás haciendo o para qué concretamente lo quieres saber? Porque alguien que te pregunta eso quiere decir que lleva un buen rato desconectado de la profesión y eso para mí no es un buen síntoma. Por eso yo prefiero no recomendar, sino más bien conversar y en algún caso sugerir, luego de saber por dónde van las cosas. Sin embargo, para no complicar tu entrevista voy a cumplir. Te sugeriría algunas cosas al azar pero vinculadas de alguna manera a nuestra conversación. Sobre los dos libros, hay unos que son de géneros distintos y me parece que podrían ser de interés para cualquiera, uno que contiene el cuento de la Casa tomada llamado Bestiario de Julio Cortázar (por ser una descripción preciosa de la atmósfera de un lugar y su arquitectura a través de las palabras) y La civilización del espectáculo de Mario Vargas Llosa (por las distintas miradas que ha tenido el concepto de cultura en el tiempo dependiendo del medio que la “utilice”, la interprete o la malinterprete, etc.). En cuanto a las dos películas te hablaré de un clásico y una reciente. El Manantial basada en el libro de la filósofa estadounidense de origen judío Ayn Rand (por su vigencia y lo necesario del compromiso con la profesión, la dignidad y los principios del ser humano ante lo que cree) y otra podría ser la última que vi del festival de cine francés ¿Y si vivimos todos juntos? (por el tratamiento del tema de la tercera edad, la camaradería entre los ancianos y la dura realidad ante el mundo que les rodea. Pienso que es un mensaje más para los jóvenes que otra cosa). Sobre los dos músicos creo que sin duda te hablaría más que de un músico de un compositor que para mí fundamental y trato de escuchar todas mañanas como lo es Beethoven y para contrastar en todos los sentidos y porque siempre me he llevado bien con la fiesta te hablaría del cubano Compay Segundo.

¿Cuáles han sido tus proyectos más recientes? ¿Qué es lo que se viene? ¿Cuáles son tus planes próximos?

En la oficina me parece que estamos en un momento particular pese al desastre que nos rodea, viviendo un presente interesante pero acompañado siempre de un futuro incierto. En tiempos de severa crisis estamos logrando hacer cosas. Luego de varios años de ejercicio se empieza a cosechar lo que se ha venido sembrando, aparecen proyectos no muy grandes pero atractivos y sobre todo clientes que nos buscan por lo que hacemos, con sus excepciones son abiertos, interesados en explorar y en acompañar los procesos e incorporarse con respeto, no solo están pendientes de exigir y a veces hasta sabotear sin darse cuenta. En nuestro taller nos preocupamos de igual manera y con la misma dedicación tanto al diseño de una puerta o un asiento como a un hotel, cada uno con sus complejidades por supuesto. Las escalas de trabajo no son problemas de mayor o menor importancia, todo es igual para nosotros. Trato de inculcar también en la oficina que debe haber un compromiso profundo por investigar, por probar y no conformarnos para poder hacer las cosas bien y sobre todo en los tiempos indicados. Eso sí, nada allí lo hago yo solo o es idea mía, lo hacemos siempre entre todos y cada uno es autor de una parte y co autor de todo. Nunca me ha parecido un ambiente amable y productivo el de aquellas oficinas donde el jefe impone y los demás obedecen y solo dibujan o donde no se reconocen los créditos del equipo. A mí me gusta que el grupo sea pro activo, tenga interés en proponer y desarrollar en función de un producto y unas búsquedas que tiene STA y que todos los que estamos allí evidentemente compartimos. Pese a lo duro de la situación-país hemos podido desechar encargos que no encajan dentro de nuestras búsqueda o el cliente es muy complicado, etc., eso nos hace trabajar quizá con menos entradas de dinero pero a gusto. Nos interesa por encima de todo la arquitectura, sin embargo, las reformas para nosotros son retos, al igual que la realización de algún tipo específico de local comercial. Claro, esto último siempre desde nuestra mirada que tiene que ver más con hacer arquitectura interior que decoración, cosas que considero distintas. En los últimos cuatro años hemos realizado casas, oficinas, hoteles, restaurantes, tiendas y ahora mismo estamos diseñando algo que le hemos propuesto a un cliente con un negocio de 51 años: hacerle una pastelería-museo. Siempre buscamos que el programa de necesidades vaya mucho más allá del uso, nos interesan otros temas y por eso tratamos de darle la vuelta al encargo del cliente para llevarlo a nuestro campo, y a la vez cumplir con lo que se nos solicita con el mayor nivel de calidad y profundidad intelectual posibles. El trabajo hoy no tiene la remuneración y el flujo en cantidad que desearíamos pero estamos construyendo un piso y unas bases para lo que suponemos vendrá. Luego veremos si es aquí o afuera, por ahora nos centramos todos en hacerlo lo mejor posible sin mirar atrás ni a los lados y así va saliendo.

Víctor Sánchez Taffur es arquitecto y docente de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV. Venezolano y 20 años de experiencia.

Entrevista realizada por Santiago Zerpa.
Publicada en el diario El Nacional el 22/05/15 y 29/05/15

Links entrevista:

http://www.el-nacional.com/santiago_zerpa/Arquitectura-Etica-Estetica_0_632336876.html

http://www.el-nacional.com/santiago_zerpa/Arquitectura-etica-estetica-segunda-parte_0_636536450.html

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