LA MEJOR INVERSIÓN. Sobre la situación del profesor universitario en Venezuela. V. Sánchez Taffur. Venezuela

LA MEJOR INVERSIÓN_SÁNCHEZ TAFFUR

Ser profesor hoy en día en Venezuela es prácticamente un acto heroico. Sería poco elegante autodenominarse héroe pero en nuestro caso, si no los somos, podríamos al menos decir que realizamos día a día la hazaña de llegar a dar clases luchando contra nuestra realidad, sin que el reconocimiento social ni económico nos echen una mano. Lo hacemos por un acto de fe en nuestra juventud y en la construcción de otro tipo de país, de lo contrario, es posible que nuestra universidad pública se hubiera extinguido. Ahora mismo los profesores universitarios ostentamos el salario más bajo que existe en cualquier lugar que se precie de ser un país, ganamos alrededor de 1 dólar diario. Algo nada estimulante y por el contrario sumamente preocupante.

Paradójicamente, entrar a ser docente en una universidad pública en Venezuela es muy duro. Prepararse, presentar las pruebas del concurso de oposición, y luego tener que mantenerse investigando para ascender, también lo es. Pero esto no queda allí, tanto este proceso como luego las clases implican además un aporte económico con el que debemos correr por cuenta propia (así como lo escucha). Dedicarnos a esta actividad implica para los que tenemos cierta vocación un obligado cambio de mentalidad desde el primer día y da la ligera impresión que parte importante de la sociedad no pareciera comprender aun la dimensión y sobre todo la trascendencia de lo que es la academia. Hoy, un profesor de una universidad nacional tiene que tener uno o varios trabajos porque es imposible que se pueda dedicar “como debe ser” a vivir dignamente de sus clases. Esto no es normal, ni debería serlo, debemos tenerlo claro. Por ejemplo, dar clases de Taller de Diseño Arquitectónico implica un esfuerzo intelectual y físico, igual o mayor, que el de cualquier político de alto rango de gobierno o de algún empresario “workaholic” que devengue un muy buen sueldo.

Cuando la mayoría están yendo a sus casas a descansar, muchos de nosotros -que hemos trabajado también todo el día en nuestra oficina u otras labores- estamos empezando a dar clases. Nuestro día en muchos de los casos es bastante largo, en ocasiones casi una doble jornada de 14 horas. Sin embargo, esa actividad pública en nuestro país pasa por debajo de la mesa, hay una mala costumbre y es que lo público y lo colectivo nunca interesan a nadie, no pertenecen a ninguno. Las desmotivaciones en la carrera docente vienen por diferentes frentes. En nuestro esquema social, al conocimiento y al que sabe se le menosprecia y hasta se llega a sentir por él compasión o lástima, tampoco desde el gobierno se le considera un pilar de apoyo en la construcción de país. Esto tiene consecuencias y se ha venido manifestando silenciosamente con la merma progresiva y constante de la calidad académica y en el peor de los casos con la deserción de profesores competentes que en otros contextos son reconocidos y remunerados (por no decir muy bien pagados en reconocimiento a lo que hacen). Por otro lado, los profesores que nos quedamos en el país tratamos de formar estudiantes en una burbuja, procuramos ofrecerles lo mejor de la institución, dentro de lo que cabe, para que luego al terminar sus estudios el contexto nacional los obligue, con toda razón, a buscar un mejor futuro en otro lugar.
Adicionalmente, la universidad se encuentra cada vez más asfixiada en cuanto a recursos, con constantes recortes presupuestarios que no permiten contar con lo mínimo indispensable, literalmente.

Nuestra situación en la institución es parecida a la de una post guerra, no hay sillas, baños, ascensores, papel, libros, seguridad, etc. El gobierno no otorga dinero suficiente y realmente a estas alturas interesa poco lo que justifiquen para no hacerlo, la realidad nos lleva por delante, está allí, es avasallante y vergonzosa. Por el contrario, se escuchan casi a diario los despilfarros y la dimensión de la corrupción nacional y es inevitable preguntarse ¿por qué se ha caído tan bajo? Bueno, quizá la respuesta de base es sencilla: no hemos invertido lo suficiente en la educación.

Sin embargo, creo que estamos llegando a unos extremos en dónde la situación universitaria se torna cada vez más crítica y evidente, posiblemente con consecuencias mayores. Para la Venezuela que viene quedará como una experiencia que no se debe repetir, dura para los que nos ha tocado de cerca durante estos últimos 15 años pero de la que se debe aprender y cambiar radicalmente si queremos avanzar como país. Es necesario reconocer la labor del barrendero, del vigilante, del profesor, el médico, el empresario, del político, etc. de lo contrario caeremos en un oscuridad tal que no nos podremos ver ni las caras. La universidad pública se mantiene porque los profesores no han querido abandonarla, única y exclusivamente por eso; porque creen fielmente en ella, porque no les interesa el conflicto sino que esperan con paciencia que el país y los políticos de turno, algún día no muy lejano entiendan y recapaciten, que caigan en cuenta que la educación es la mejor inversión y la única vía que permite progresar.

“Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás”. Voltaire.

Arq. Víctor Sánchez Taffur
Profesor FAU / UCV.
sancheztaffur@gmail.com

clase sánchez taffur

Conversación en el Taller de Diseño 4º/5º + 10º Semestre. Periodo 1-2015. UD9. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Uuniversidad Central de Venezuela. Foto: Gustavo Torres.

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