PRÓLOGO: “Invitación al viaje”. Exposición sobre los croquis de viaje de Martín Vegas (1926-2012). Federico Vegas. Caracas

Invitación al viaje

Los que hemos tenido la suerte de acompañar a Martín Vegas en un viaje, conocemos su manera de sentarse en el banco de una plaza y empezar a dibujar en una pequeña libreta de croquis lo que está viendo. De pronto, se detiene como si recordara algo y quisiera anotarlo.

Puede también apoyarse de una columna o recostarse en la grama de un parque. El gesto y la posición siempre es casual, sin embargo, a su lado dejamos por un momento de ser nómadas y nos hacemos juiciosamente sedentarios. Es tan grato contemplar su comunión con una parte del mundo donde estamos de paso. Durante este intervalo de apego y comprensión, nos convertimos en vecinos del lugar, habitantes, paisanos.

Esta ceremonia puede darse en Paraguaná o en Venecia; puede ser la primera y única visita o el último de muchos reencuentros; puede ocurrir en el fragor de Nueva York o en el silencio de Los Andes; puede ser vertiginosa y durar un minuto o hacerse apacible y reanudarse después de almorzar; generar un dibujo memorable o un esquicio sin conclusión; realizarse con acuarela o esparciendo grafito con los dedos. No importa la duración, el lugar, la técnica o la destreza, gracias a su compenetración con la atmósfera del sitio, pareciera que el viaje se asienta, o se profundiza, y sentimos el encanto de la permanencia, de coexistir con una realidad que ha podido ser tan sólo un recuerdo difuso, pasajero, ajeno.

Si la vida toda es un tránsito, podemos deducir que viajar es la manera más genuina de vivir. Pero más nos vale tener una legítima bitácora como prueba de nuestra presencia. Martín Vegas nos ha entregado, tantas veces, evidencias de que hemos viajado y vivido al presenciar sus testimonios de nuestra estadía en la tierra.

Su manera de entender los viajes se inició desde la arquitectura. El arquitecto siempre busca imágenes que lo sorprendan y, ante las nuevas visiones, trata de entender las formas, las estructuras y los sistemas que los originan. Muchas veces las cámaras de fotografía nos hacen creer que miramos y anotamos, cuando más bien nos marginan de una observación más profunda. La misma idea de viajar ha perdido su reto de aventura espiritual. Pero hay quizás algo más grave. Una pérdida de fe en la posibilidad del descubrimiento, y peor aún, en la posibilidad de que éste nos resulte transformador.

Le Corbusier insistía en usar el lápiz. “Uno usa sus ojos y dibuja, para así fijar en una experiencia profunda y propia lo que ve. Una vez que la impresión ha sido grabada por el lápiz, permanece para siempre registrada e inscrita”. Para Le Corbusier dibujar significa primero mirar, luego observar y al final, con suerte, descubrir. “Todo nuestro ser entra en acción, y es esta acción la que cuenta. Otros permanecieron indiferentes, pero ¡Tú viste!”.

En mayo de 1911, Le Corbusier ha cumplido 24 años y parte con un amigo en un viaje de seis meses hacia Bohemia, Turquía y Grecia. Sus reflexiones y dibujos los unión en un libro llamado: Le Voyage d´Orient. Es el primer libro que escribe y el último que entregó a las imprentas pocas semanas antes de su muerte.  En esos apuntes de 1911 está prefigurada, anunciada, esbozada e intuida su obra posterior, su arsenal. El aprendiz comenzaba a tomar posición ante el mundo, a adquirir una visión propia de la arquitectura. Llegando a Praga escribe: “Soy tan joven –condición efímera- en consecuencia soy propenso a juicios irreflexivos. Admiro el eclecticismo, pero esperaré a tener el pelo blanco antes de aceptarlo ciegamente”.

Buena parte de los croquis de Martín Vegas son obra de un hombre que ya tiene el pelo blanco. No es ya el arquitecto que va tomando ideas, más bien parece reintegrarlas, agradecer lo que han significado en su vida.

Asume el eclecticismo de asistir con inocencia y libertad al espectáculo de la vida, al concebirla como un viaje que abarca tanto el exterior como su propio interior, desde lejanos mares y pueblos hasta la vista de El Ávila que contempla todos los días en su balcón, o de una flor que está en la misma mesa donde dibuja.

Los compañeros de viaje de Martín Vegas conocemos su capacidad de disfrutar y compartir, su disposición amable y respetuosa. Sus libretas de croquis son un ejemplo generoso de cómo todo nuestro ser entra en acción, y es esta acción la que cuenta”. Son actos sin más propósitos que el placer del acto, de establecer un vínculo con el alma del lugar, con la obra de la naturaleza y delos hombres. No está en juego ni es relevante el resultado, la recopilación, los registros, las facetas, el futuro arsenal.  La belleza del dibujo surge de la sinceridad del acto, de su afable desprendimiento, de la ausencia de segundas intenciones.

Quienes, gracias a este libro, asistan a la ceremonia de un hombre que se detiene a observar y rendir homenaje a lo observado, quizás sientan la fuerza de su invitación al viaje, a ser realmente capaces de exclamar “¡Yo vi!”, que puede ser y debe ser una forma abreviada de decir “¡Yo viví!”

Federico Vegas (Hijo de Martín Vegas).

Arquitecto – Escritor

Tomado del libro Croquis de viaje. Martín Vegas

De su libro de anotaciones:

“Caracas es una ciudad atacada por sus habitantes y defendida por su topografía”.

Martín Vegas Pacheco

Nace en Caracas el 21 de septiembre de 1926. A mediados de loa años cuarenta estudia en el Illinois Institute of Technology, y en 1949 se gradúa de arquitecto. El decano de la escuela era para entonces Ludwig Mies van der Rohe. En 1950 regresa a Venezuela y al año siguiente abre una oficina con el arquitecto José Miguel Galia, amigo entrañable a lo largo de su vida. Vegas y Galia participarán intensamente en los grandes cambios urbanos y arquitectónicos que ocurren en Caracas durante la década de los cincuenta. Fueron años de innovación y búsqueda que ubicaron a Caracas dentro del panorma mundial del Movimiento Moderno Internacional. “Torre Polar”, “Teatro del Este”, “Edificio Municipal”, “Banco Mercantil y Agrícola” y “Banco Metropolitano”, introdujeron nuevas tipologías en la relación de la arquitectura y la ciudad.

Desde 1957 hasta 1980, Martín Vegas fue profesor de diseño de la Facultad de Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela. En 1998 recibe el Premio Nacional de Arquitectura. A partir de los años setenta, comenzó a viajar por el interior del país a la búsqueda de las claves fundacionales de nuestra arquitectura y el arte de hacer pueblos en nuestras diversas geografías.

Martín Vegas fallece en Caracas el 26 de julio de 2012.

About these ads