ZITMAN Y TECOTECA. CONOCIDO Y DESCONOCIDO. Lourdes Blanco. Catálogo Sala TAC. Caracas.

Entre el grupo de los diseñadores de muebles activos en Venezuela durante la década de los cincuenta, y citaremos algunos de esos nombres más adelante, Cornelis J. Zitman es el más prolífico pero también el más desconocido conocido.

Holandés hecho venezolano a través de su escultura y enseñanzas, insigne hacedor y fabricante, además de artista renombrado, Cornelis Zitman siempre figura en primera plana en las referencias y exhibiciones que sobre el diseño tridimensional aluden a los contornos de una actividad pionera, anclada en los cincuenta. En ella confluyen arquitectos trazando la vida moderna, ingenieros calculando riesgos, diseñadores y fabricantes procurando lo factible dentro de lo posible.

Desde antes de la exposición Sentados en un siglo (Centro de Arte La Estancia, 1977), cuando su curador Alberto Sato contraponía las sillas de Zitman, Emile Vestuti, Miguel Arroyo y Rudolf Stejskal, con las de Breuer, Mies, Bertoia, Eames, para inquirir y sopesar esa inclinación del gusto local por lo moderno y la vanguardia, aquello que Zitman había alcanzado en la producción de mobiliario era fama, aunque su caracterización imprecisa y elusiva.

Para los arquitectos y diseñadores que habían sido colegas y alumnos tanto en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, hacia 1953-54, como en el Instituto de Diseño Neuman-INCE, una década más tarde, el nombre de Zitman se ligaba de manera fundacional al diseño y producción de muebles modernos, buenos y económicos. Se destacaba su talento natural para la comprensión y enseñanza del diseño y su enorme capacidad frente a una empresa fabricante de muebles. Era y sigue siendo una inspiración. Pero el análisis específico del diseño no había pasado de ejemplos aislados, contemplados a lo lejos. Las citas y referencias casi siempre eran al mismo par de modelos: la silla de estructura en cabilla sólida y madera contrachapada, incluida también en la Megaexposición (Museo de Bellas Artes, 2003), la mesa de dibujo favorecida por arquitectos, ambas reproducidas en Objetos cotidianos. Diseño y fabricación en Venezuela (Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez, 2006).

Por ello se consideró un alentador augurio haber encontrado el singular catálogo Nº 1 de Tecoteca, impreso por Cromotip en 1953, diseñado en su totalidad por el propio Zitman, donde se ofrece un repertorio de estructuras que se adaptan, con ligeras modificaciones, a una variedad de funciones y efectos para crear la familia de formas que caracterizaron su invención. (Como elogio de ese gran momento del diseño, la presente publicación evoca la carátula, y reproduce algunas portadillas y páginas del ejemplar encontrado).

Armados con las imágenes que ese catálogo hizo resurgir, y que han sido pista y señuelo en la investigación, y acompañados de la memoria prodigiosa que Zitman conserva, además del archivo fotográfico y algunos de los planos originales de Tecoteca salvados por el azar, el equipo organizador de la exhibición pudo completar la selección de piezas incluidas en esta muestra que apenas es un indicio de todo cuanto el diseñador produjo, según se puede inferir cuando se analizan las imágenes de los prototipos destinados al segundo catálogo de la empresa que no llegaron a fabricarse.

En su historiográfico texto para la presente publicación, que será indispensable referencia sobre este tema, Jorge F. Rivas Pérez califica y centra la actividad de Zitman como La década del diseño / 1947-1957: un capítulo crucial en la producción del mueble concebido y fabricado en Venezuela que se inicia en Coro, florece en Caracas y llega a una especie de clausura en la isla de Grenada cuando el artista-Zitman se enfrenta a Zitman, el diseñador-empresario, para reclamarle el tiempo de su devenir.

Una mezcla de admiración e incredulidad es el sentimiento que mejor acompaña recordar la lección de Tecoteca, la empresa fabricante de muebles que Zitman creó en sociedad con el ingeniero Antonio Carbonell, en una época de esplendores y miserias, y cuyo repertorio de formas y funciones alcanzó para amueblar desde el edificio residencial Monserrat, en Altamira, obra de Emil Vestuti cuando trabajaba en la firma de Arquitectos Guinand y Bencerraf, hasta el renombrado Club Táchira de Fruto Vivas, pasando por un concertado programa de producción de muebles estandarizados para los campamentos petroleros de la compañía Shell de Venezuela, que Zitman concibió con lógica gerencial y calidad quizás nunca más emulada en este contexto, hasta el proyecto frustrado con Carlos Raúl Villanueva para amueblar las viviendas del conjunto residencial llamado 2 de diciembre.

A la luz de tantos diseños fabricados, sorprende no encontrar más ejemplos. También es cierto que a los cuatro años de su creación la empresa pasó de una crisis a otra. En 1956, su taller en Boleíta (Caracas) se incendia y aunque el proyecto para su reconstrucción y relanzamiento en Cagua había sido programado y cuidadosamente estudiado con la adquisición de maquinarias y el establecimiento de procedimientos propios de la última dotación tecnológica, la quiebra empresarial acontecida en el maremágnum de los cambios económicos y políticos de 1958 resultó imprevisible e irrecuperable. El nombre Tecoteca fue liquidado junto con sus bienes y adquirido como marca para la producción de mobiliario de cocinas. Hoy día sobrevive como el apelativo de un edificio ubicado en la Avenida Francisco de Miranda, al sur del edificio Atlantic, en Los Palos Grandes (Caracas), cerca de donde en su apogeo Tecoteca tuvo su tienda más impactante.

Aunque tardíamente, esta exposición viene a elogiar el gran momento de esa marca. Se precisa con ejemplos que ponen de manifiesto las facetas de un diseño, imaginado por su principal conceptualizador y director técnico, para que fuera producido por una innovadora empresa haciendo estilo en una etapa temprana del auge moderno de la ciudad. Queda para la reflexión, propia de una publicación más ambiciosa que la actual, el programa concebido por Zitman para la nueva Tecoteca. Se trata de documentos que conceptualizan, definen funciones, categorizan familias y usos, y donde se plasman sabias advertencias sobre el indispensable acopio que una fábrica debe sistematizar para conseguir los materiales nacionales e importados, requeridos en la producción.  En el intercambio con sus colegas de la empresa, Zitman fija en estos papeles toda su experiencia y especialmente su coherente visión en cuanto a diseño, fabricación y materiales. Llega incluso hasta sugerir una lista corta de nombres de diseñadores venezolanos activos que propone fueran consultados y/o contratados para que en esa nueva etapa empresarial las bondades del buen diseño no decayeran. La lista incluye a Emil Vestuti, Henrique Hernández, Vittorio Garabatti, Domingo Álvarez, Fruto Vivas, Rafael Puig, Graziano Gasparini, Miguel Arroyo, Alejandro Pietri y Américo Failacce, además de la señora Cicero (Sunny).

Como hacedor impenitente Zitman se marcha de Venezuela para retomar en otras latitudes su vocación artística. A los cuatro años de residir en Holanda, responde a una invitación del arquitecto Oscar Carpio para de nuevo desempeñarse como profesor en la Facultad de Arquitectura de la UCV, donde permaneció hasta la época convulsiva de la renovación. Es en ese lapso, cuando busca vivienda adecuada a una familia en expansión, que descubre y reconstruye las ruinas del antiguo trapiche de la Hacienda La Trinidad (Caracas). Para que la vertiente arquitectónica no quedara excluida de esta muestra, el montaje cierra con una mirada sobre esos espacios que Zitman materialmente rehizo con sus manos, anticipando la puesta en práctica de los principios hoy comunes sobre el reciclaje.

Con más de ochenta y cuatro años a cuestas, Zitman continúa activo en su espectacular residencia, que es también taller y museo, decretado patrimonio cultural. Allí, en medio de sus obras y recuerdos, acompañado de su inseparable esposa Vera Roos, artista también de méritos propios, trabaja en la organización de su catálogo razonado sin dejar de hacer lo que siempre ha hecho: imaginar y opinar. Dotado de una memoria que puede calificarse de fotográfica, recuenta cómo fue que llegó al mundo del diseño y de la producción de mobiliario y también por qué lo abandona. No sin remarcar el motor de su búsqueda de entonces, entonando por un sensato espíritu que él atribuye a su “holandesidad”, en el que la fábrica era concebida como máquina para generar mobiliario accesible a los niveles sociales de mayor necesidad.

Con esta muestra sorprendente de lo que Cornelis J. Zitman produjo en los años que diseñó y fabricó muebles, la Sala TAC ofrece un eslabón más del horizonte fabril relativo al mobiliario moderno en Venezuela cuyo acontecer, aún bajo consideración, reposa en el anaquel de las cosas que esperan ser mejor comprendidas y asentadas en nuestra historia reciente. Mirando este pasado espléndido no cabe sino el mayor elogio al diseñador y a una obra que ahora pueda reconectar a plenitud con el público que siempre la ha estado esperando.

Caracas. Abril de 2011

Texto e imágenes tomadas del catálogo de la exposición de la Sala TAC: Cornelis Zitman. La década del diseño / 1947-1957

Cornelis Zitman

Nace en 1926 y es hijo de una familia de constructores de Leiden. Ingresa en la Academia de Bellas Artes de La Haya a los 15 años. Al finalizar sus estudios, en 1947, rehúsa hacer el servicio militar por estar en desacuerdo con las acciones políticas holandesas en Indonesia y abandona el país a bordo de un petrolero sueco que lo llevará a Venezuela. Se instala en la ciudad de Coro, donde encuentra empleo como dibujante técnico en una empresa constructora. En su tiempo libre pinta y hace sus primeras incursiones en el campo de la escultura. Dos años después se traslada a Caracas, donde trabaja como diseñador de muebles para una fábrica de la que más tarde será director.

En 1951 recibe el Premio Nacional de Escultura. Comienza a dar clases de diseño en la Universidad Central de Venezuela, continua dibujando y pintando. En 1958 expone un conjunto de pinturas y dibujos en la Galería de Arte Contemporáneo de Caracas. Decide abandonar la vida de empresario y se muda a la isla de Grenada, donde se dedica por completo a la pintura y comienza a afirmar su carácter de escultor. En 1961 viaja a Boston, Estados Unidos, para participar en una exposición de pintura y diseño. Ese mismo año regresa a Holanda con el deseo de estudiar las técnicas de fundición. En 1964 trabaja como aprendiz en la fundición del escultor Pieter Starreveld y regresa definitivamente a Venezuela contratado por la Universidad Central como profesor de diseño. Al año siguiente comienza a trabajar de manera más intensiva en la escultura de pequeño formato modelada directamente en cera. En 1971 expone por primera vez en la Galerie Dina Vierny de París y, a partir de entonces, se dedica exclusivamente a la escultura. En los años siguientes lleva a cabo varias muestras individuales en Venezuela, Francia, Suiza, Holanda, Estados Unidos, Japón, etc. y obtiene varios premios nacionales e internacionales.

Zitman ha participado en varias exposiciones internacionales como la Bienal de Escultura de Budapest y la Bienal de São Paulo, la FIAC de París y la feria ARCO de Madrid. Entre sus exposiciones individuales cabe destacar las realizadas en la Galerie Dina Vierny de París, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, la Galería Tokoro de Tokio, el Museo de Arte Moderno de Bogotá y el Museo Beelden aan Zee de Scheveningen, Holanda.

Cornelis Zitman ha obtenido diversos premios, entre los cuales se encuentran el Premio Nacional de Escultura del Salón de Artes Plásticas de Caracas (1951), el Primer Premio de la Bienal de Escultura de Budapest (1971), el Premio Adquisición del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas en la Bienal de Artes Visuales (1981) y el Premio Especial del «Kotaro Takamura Grand Prize Exhibition» del Museo Hakone, Tokio (1982). En 2005 fue condecorado con la Orden del León Neerlandés.

Sus esculturas tratan de reproducir y exagerar la morfología de los indígenas de Venezuela, especialmente la figura femenina. Algunas de sus obras se encuentran en colecciones particulares y museos de varios países, como las de la Galería de Arte Nacional de Caracas y el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas de Venezuela, y el Musée Maillol de París.

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