ARTÍCULO: TIPOLOGÍAS APLICABLES AL URBANISMO. Federico García Barba. España

La identificación de las tipologías volumétricas aplicables para el proyecto de la nueva ciudad es una de las cuestiones a las que menos se presta atención en la práctica del urbanismo. Sin embargo, tiene una importancia decisiva para la calidad de la arquitectura que posteriormente se pueda desarrollar a partir de la planificación urbana.

La definición del trazado de la ciudad y la asignación de un aprovechamiento volumétrico a los espacios parcelados privados son dos operaciones fundamentales para la definición del proyecto de la forma de la ciudad futura que están íntimamente relacionados. Estas dos tareas constituyen un trabajo fundamental en la tarea de la técnica urbanística y para ello se precisa conocer las herramientas disponibles para conseguir una organización adecuada del espacio urbano. El trazado garantizaría la provisión de aquellos elementos públicos que son fundamentales para un buen funcionamiento de la convivencia y de la accesibilidad a los recintos privados, manzanas o parcelas mientras que el establecimiento de las condiciones para llevar a cabo un aprovechamiento de las superficies parceladas tiene que ver con la definición de las tipologías edificatorias y los posibles usos aplicables a esos volúmenes resultantes.Por ello, es muy importante entender cuales pueden ser los diferentes tipos que, a los efectos urbanísticos, pueden aplicarse y su estrecha relación con el soporte geográfico, la geometría de la parcelación, su medida y la relación topológica entre espacio público y privado.

Pero ¿Qué es lo que se entendería por tipos o tipologías edificatoria o urbanística? Recurriendo a los diccionarios y enciclopedias, la Real Academia de la Lengua Española define tipología como el estudio y clasificación de los distintos tipos existentes, considerando al tipo como el ejemplo característico de una especie, de un género, etc. Algo más allá, el diccionario de María Moliner considera al tipo como el ejemplar de una especie, teórico o existente en la realidad que reúne en el más alto grado y con la mayor pureza las cualidades peculiares de ella. O tipo como modelo que sirve para valorar o graduar las cosas de la misma especie que él.

Desde una perspectiva genérica, el establecimiento del tipo serviría como instrumento para establecer las condiciones óptimas para la identificación de los distintos elementos diferentes en un sistema concreto. En el caso de la edificación y la arquitectura ello tendría que ver por una parte con los aspectos volumétricos y espaciales que conforman las distintas formas de implantación de la construcción en el territorio y por otra con las distintas posibilidades de uso de los edificios. De la identificación taxonómica de las distintas tipologías existentes en cada lugar se derivarían las condiciones normativas para permitir el desarrollo de la edificación de una manera reglada de acuerdo a los diferentes instrumentos para la ordenación urbanística.

Tradicionalmente, y dada la alta prevalencia de la edificación residencial en el territorio no se tiene claro el concepto de tipología aplicable a efectos territoriales normativos, que se suele confundir el tipo edificatorio o con los usos que se pueden producir espacialmente en los volúmenes edificados. Así no es extraño observar en las determinaciones urbanísticas habituales que forman parte de los planes de ordenación, clasificaciones y referencias extrañas tales como Casas Unifamiliares Aterrazadas o Edificación Aislada Hotelera.

Ya a comienzos de los años 70, Aldo Rossi, en su libro La arquitectura de la ciudad, alertó de la importancia de las tipologías urbanas para el establecimiento de formas urbanas características y que parten de tradiciones extendidas en los modos de vida de las distintas sociedades. La forma volumétrica final de lo urbano se conformaría a lo largo de siglos y a partir de la consolidación de prácticas y patrones consecuentes con las distintas estrategias de aprovechamiento del territorio llevado a lo largo de la historia por muy variados grupos humanos.

El urbanista catalán Juli Esteban, en su conocido manual Elements d’ordenació urbana, precisa algo más el concepto al referirse a las condiciones iniciales que motivan la aparición de los distintos tipos edificatorios en relación a la ciudad: Dice Estebán, los edificios que se construyen en la ciudad tienen unas características que resultan de su destino, de los procedimientos constructivos del momento y también de factores culturales de la población. La síntesis de estas características da lugar a edificios que sin variar los elementos fundamentales de su composición y forma, se repiten numerosas veces en la ciudad: son lo que se reconocen como ”tipos edificatorios”.

De ello, este autor deduce la extrema importancia que tiene la identificación y elección del tipo edificatorio tanto para la composición formal de la ciudad nueva como para no destruir la morfología peculiar de los espacios urbanos existentes.

Sigue considerando Juli Estebán al respecto que el tipo edificatorio es un factor muy importante en la parcelación del suelo, ya que “en cada tipo hay implícita una manera de ocupar y utilizar la parcela”. En consecuencia, y en tanto que las áreas parcelables de la ciudad están condicionadas por las conveniencias de la parcelación, los tipos edificatorios han de ser una referencia importante para la delimitación de esas áreas, lo que es lo mismo que describir como deben de ser para la ordenación de la ciudad.

A partir de esta reflexión, se podrían identificar tres sistemas tipológicos básicos para la ordenación volumétrica de la arquitectura futura en su relación con las parcelas que la albergan, la ordenación por volúmenes adosados, los que corresponde a volúmenes aislados y los que disponen la edificación de una manera irregular.

Históricamente, a partir de la concepción de la ciudad medieval y renacentista, el primer tipo de ordenación ha sido el modo habitual. El tipo volumétrico adosado correspondería a aquellos ámbitos de la ciudad en los que los edificios se han construido mediante la definición de paredes medianeras ciegas que se adosan a sus vecinos a partir de la alineación de las calles, disponiendo completamente del espacio de contacto entre lo público y lo privado.

Inicialmente, la construcción medieval ocupaba parte del espacio disponible de parcela para construir las viviendas, reservándose las traseras a otros usos accesorios a la habitación y a posibles crecimientos futuros. En esta forma de ocupación tradicional y con el transcurso de los años, normalmente suele ir produciéndose un proceso de relleno completo de las parcelas, acompañado de un crecimiento en altura hasta producir esos recintos de una alta densidad de aprovechamiento que tan característicos son de los centros más antiguos de las ciudades.

El tipo de volumetría adosada a efectos urbanísticos admitiría una subdivisión a los efectos táxonómicos y a partir de una voluntad planificadora que pretende una regularización y el establecimiento de límites a los efectos de controlar los efectos perniciosos de una excesiva concentración de volúmenes. Particularmente, se podría distinguir entre aquellas parcelas en las que la edificación podrían ocupar la práctica totalidad de la superficie disponible, realizando la ventilación e iluminación de los distintos espacios interiores a través del mecanismo de los patios y aquellos otros en los que los planes han determinado espacios mínimos no ocupables para garantizar unas condiciones higiénicas mínimas como en el caso de las propuestas de ensanche diseñadas a finales del siglo XIX.

Es lo que se podría considerar como tipologías adosadas cerradas, retranqueadas y alineadas. En los dos últimos casos, corresponderían a aquellas ordenaciones volumétricas de las manzanas en las que son obligatorias la reserva de espacio libre entre el lindero de la parcela en contacto con la calle y la alineación de la edificación en el primero o, también, la reserva de espacios traseros a través del mecanismo de una alineación interior obligatoria en el segundo.

La alta concentración que originan los procesos de densificación en zonas de volumetría adosada llevó a reclamar hacia finales del siglo XIX un cambio radical en la concepción de las ordenaciones urbanas.

La teorización de las ciudades jardín propugnadas por los higienistas británicos y, posteriormente, la concepción urbana relacionada con las propuestas de los urbanistas en el primer tercio del siglo XX condujo a la aparición de un nuevo tipo de ordenación volumétrica que podríamos denominar aislada, considerando la usual organización de la edificación en las parcelas que se proponen en la formalización de los modelos de ciudad ideal.

Este nuevo concepto de ciudad relacionado con los tipos aislados se realizaría a partir de las Garden Cities británicas y la famosa Ville Radieuse de Le Corbusier. Se utilizaría para el desarrollo de los barrios populares de vivienda hacia la mitad del siglo XX, propugnados para las clases trabajadoras y formado parte de las mejoras propuestas por los socialdemócratas y la idea residencial del estado del bienestar.

La volumetría aislada como tipo urbanístico admitiría también una subdivisión normativa, atendiendo a la forma en que la posible edificación se dispone en la parcela. Se podría hablar de tres categorías aisladas que corresponderían a las formas de torres, bloque, y la muy característica de casas pequeñas, distintivas de las urbanizaciones que han heredado el concepto de la propia ciudad ajardinada de viviendas unifamiliares.

Finalmente, se incorpora un nuevo tipo volumétrico intermedio que se relaciona con la aparición tanto de la urbanización marginal en los países con crecimientos urbanos explosivos como con la definición de ciertos desarrollos urbanos más complejos en las ciudades con un alto nivel de sofisticación urbanística. Es lo que podríamos denominar como volumetría irregular que a su vez se puede subdividir en horizontal, escalonada o específica.

Los dos primeros casos, señalarían a aquellos desarrollos informales característicos de aquellos países con escasos recursos públicos, que no han podido atender una fortísima demanda residencial y que ha llevado a que los emigrantes y nuevos pobladores de las ciudades hayan ocupado espacios irregularmente en situaciones que cabría calificar como enormemente deficientes. Atendiendo a los ejemplos latinoamericanos, la volumetría irregular horizontal pautaría las periferias de ciudades como Ciudad de México y Buenos Aires mientras que la escalonada queda representada por los barrios de ranchos de Caracas.

La volumetría irregular específica acabaría de completar esta familia tipológica y se referiría a las implantaciones que incluyen generalmente una superposición de usos junto con una definición de volúmenes que atiende a un planteamiento arquitectónico muy mediatizado por espacios de alta centralidad.

Con esta propuesta de clasificación de posibles tipologías volumétricas a los efectos urbanísticos se pretende aportar un pequeño grano de arena en el esfuerzo de lograr unos sistemas normativos más adecuados al trabajo de los urbanistas y sus mecanismos de regulación, una más adecuada forma de la ciudad futura a partir del proyecto del territorio.

Tomado de: http://islasterritorio.blogspot.com/2008/02/tipologas-en-el-urbanismo.html

Federico García Barba

Nace en 1953 en Santa Cruz de Tenerife. Es arquitecto, especialista en urbanismo, por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona desde 1977. Ha sido director de la revista Basa, órgano de expresión del Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias, desde su fundación en 1983 hasta 1991. Vocal de Cultura de dicha institución entre 1982 y 1985. Profesor del Departamento de Arte, Ciudad y Territorio de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria desde 1993 a 1995.

GBGV Arquitectos ha llevado adelante también numerosos trabajos de planificación territorial y urbanística entre los que hay que subrayar los Planes Especiales de Protección de los Conjuntos Históricos de Garachico, Tegueste y Los Silos, así como el Avance del Plan Territorial de Grandes Equipamientos Comerciales de la isla de Tenerife. En 2008, ha sido elegido Académico Numerario de la Sección de Arquitectura de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel.

Actualmente, es Presidente de la Agrupación de Arquitectos Urbanistas de la Demarcación de Tenerife, La Gomera y el Hierro del Colegio de Arquitectos de Canarias y Ponente a la Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del Gobierno Autónomo Canario.

Web proyectos:

http://federicogarciabarba.blogspot.com/

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