MADRID Y EL OLVIDO DE SUS PERIFERIAS. 20 minutos. España

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155.000 vecinos de los PAU de Madrid viven olvidados por la Administración

 

En Montecarmelo, Las Tablas, Sanchinarro y los ensanches de Carabanchel y Vallecas se sienten en barrios fantasma. Deben ir en coche a por el pan, al colegio y al médico.

MARIO TOLEDO. 20.05.2009

Imagina que quieres una barra de pan y tienes que andar media hora hasta la tienda. O que necesitas ir al médico y tu centro de salud está a 20 minutos en coche. O que tu hijo no puede ir al colegio más cercano porque no hay plazas suficientes.

O, simplemente, que sales a la calle y no hay ni un alma. Pues los 155.000 vecinos de los PAU de Madrid no tienen que echar mucha imaginación: su día a día es así.

Hace cinco años comenzaron a construirse y habitarse los grandes desarrollos urbanísticos de la periferia de la capital: en el norte, Montecarmelo (30.000 vecinos), Las Tablas (30.000) y Sanchinarro (40.000); y en el sur, los ensanches de Vallecas (25.000) y Carabanchel (30.000).

Los equipamientos que nunca llegan

Desde que se mudaron están esperando equipamientos básicos, pero éstos nunca llegan. “Somos un barrio olvidado por la Administración. Todos los PAU están mal planificados, con una imprevisión que roza el ridículo”, se queja Lorenzo Álvarez, presidente de los vecinos de Las Tablas.

“Les corresponde al Ayuntamiento y a la Comunidad resolverlo. Gallardón es algo más receptivo a nuestras peticiones, pero Aguirre ni siquiera se sienta a hablar”, protesta Alberto Navazo, de la asociación de Montecarmelo.

La odisea de ir al médico

Ir al médico es una odisea. Los residentes de Montecarmelo y Las Tablas no tienen centro de salud y tienen que ir al de Fuencarral, a casi 10 kilómetros de su casa. “Ir andando es imposible”, dice Navazo.

En Carabanchel tampoco hay ambulatorio: “Hay que coger el coche o hacer trasbordos en autobús; y cuando por fin llegas, está saturado”, según Juan Fernández, representante de los vecinos.

Quienes tienen niños también echan en falta centros educativos. Todos los PAU tienen su colegio público y varios concertados, “pero están hasta arriba y algunos tienen que llevar a sus hijos fuera del barrio”, explica Pedro Romero, de la asociación del PAU de Vallecas. En Secundaria es aún más difícil: ninguno de los desarrollos tiene instituto.

Barrios desiertos

Las amplias avenidas, sumadas a la falta de comercio, convierten estas zonas en barrios desiertos. “Es un urbanismo fantasma, está todo diseñado para el automóvil, no para las personas”, según Carlos Sanz, de la asociación de Sanchinarro.

El elevado precio de los locales comerciales impide abrir tiendas tradicionales, lo que obliga a los vecinos a desplazarse hasta las grandes superficies para hacer cualquier compra.

Los que no tienen coche se sienten incomunicados. En Sanchinarro se quejan de que “el metro ligero es lento”, en Las Tablas tienen “paradas muy alejadas” y en Carabanchel tienen “mala combinación para llegar al centro”.

Sin embargo, pese a las carencias, ningún vecino cambiaría de barrio: “Aquí se vive tranquilo; cuando nos equipen bien, seremos unos privilegiados”, dice un joven en Sanchinarro.

Policía y búhos, los únicos logros

En los últimos meses, los robos en garajes y los alunizajes en comercios se han convertido en el principal problema de los PAU. La reivindicación de una comisaría de Policía Nacional ha surtido efecto: la Delegación del Gobierno se ha comprometido a instalar una para Las Tablas y Sanchinarro.

Sin embargo, siguen echando en falta más patrullas por las calles. En transportes también han tenido un avance: el Ayuntamiento anunció el lunes que ampliará diez líneas de autobús nocturno (búhos) para dar servicio a los PAU periféricos.

Luis y Luz, matrimonio de 68 y 56 años, se autodefinen como “los pioneros de Las Tablas”. “Cuando inauguramos el barrio, aquí no había nada; ahora, cinco años después, sigue igual. Llevamos todo este tiempo escuchando promesas”, dice Luis.

“Estoy hasta las narices de escuchar al consejero Güemes decir que nos van a poner un centro de salud, pero todavía estamos esperando”, se queja Luz. “Si te pones malo, es un jaleo, no puedes ir andando y tardas 20 minutos hasta llegar a Fuencarral; puede ser hasta peligroso”, añade. “Pero todo tiene su lado bueno: aquí la tranquilidad es una delicia”.

Esta pareja, de 35 y 37 años, cree que “lo peor de vivir en el PAU es que no hay comercio tradicional, para comprar cualquier cosa tienes que ir a los hipermercados. Aquí sólo hay sucursales de bancos y algún bar”, lamenta Joaquín.

Sin embargo, no se cambiarían a otra zona: “Sanchinarro es como un pueblo desierto. Lo malo es que no hay tiendas, pero lo bueno es el silencio y la tranquilidad”, dice Joaquín, que lleva tres años allí. “Tenemos la suerte de que vivimos cerca del único centro de salud que hay aquí, pero si queremos ir al especialista, hay que coger el coche… Aquí sin coche no haces nada”, dice Alicia.

Tomado de www.20minutos.es

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