FOSTER. El triunfo del arquitecto global. A. Zabalbeascoa. El País. España

Norman Foster en su estudio frente al Támesis

 

El triunfo del arquitecto global

Norman Foster obtiene el galardón por su inconfundible obra, repartida en los cinco continentes – “La crisis no debería afectar a nuestro oficio”, asegura

 

ANATXU ZABALBEASCOA – Madrid – 21/05/2009

Yates y rascacielos, el nuevo autobús de Londres y el mayor aeropuerto del mundo. No hay escala ni continente que se le escape al nuevo premio Príncipe de Asturias de las Artes. El arquitecto Norman Foster (Manchester, 1935) cree que “todo forma parte de lo mismo. El mundo entero me interesa”, dice. Es ese trabajo, ambicioso y meticuloso a la vez, lo que lo ha convertido en el paradigma del arquitecto global. Es el proyectista más internacional de todos los tiempos. El 80% de sus estaciones, rascacielos, aeropuertos y puentes se levantan lejos de su país: de Argentina a Qatar, de China a Marruecos. Y trabajar en cualquier lugar del planeta cambia algo más que la vida de Foster. Cambia también la arquitectura. Fiel a su imagen de profesional inquieto, contesta a las preguntas de EL PAÍS desde el avión que lo traslada a Nueva York.

Foster para la Ciudad de la Justicia de Madrid.   Foster para el Camp Nou de Barcelona

Propuestas para la Ciudad de la Justicia de Madrid y Camp Nou de Barcelona. España

¿No estará pilotando?

-No. En esta ocasión no puedo. Tengo trabajo.

Explica que ya no vuela tantas horas al mes como hace años. Aún así, durmió en Madrid, despegó en Londres y pasará la noche en Manhattan. “Dado su prestigio y mis conexiones con España [está casado con Elena Ochoa y suyos son el metro de Bilbao, la torre de Caja Madrid o el futuro Camp Nou] es un gran honor recibir el Príncipe de Asturias”. Lo dice un hombre que, del Pritzker para abajo, parece tener ya todos los premios y que sigue recibiendo, y aceptando, una media de un galardón cada tres meses.

-Tras Niemeyer, Sáenz de Oiza y Calatrava, es el cuarto arquitecto que recibe el galardón. ¿Qué le parece la compañía?

-Niemeyer me parece un Héroe. Y el premio, un reconocimiento para la arquitectura. Yo creo en su poder transformador.

Él mismo, uno de los pocos proyectistas fiel a un estilo -el high tech– y a una manera -cartesiana y tecnificada- de pensar la arquitectura, se ha transformado a lo largo de los años. En su primera década en activo -los setenta- concluyó tres proyectos. En lo que va de siglo ha rubricado 100.

¿Cómo afectan esos números a su obra?

-La arquitectura es una larga espera. La semana pasada nos aprobaron el urbanismo de Duisburg, en Alemania. Hace 19 años que ganamos el proyecto. Y sólo ahora comenzaremos a plantar árboles. Los números engañan.

Más números. Tiene 74 años y no piensa descansar: “Otra vida sería tremendamente aburrida”. En 40 años de profesión sus retos han cambiado. De ensayar nuevas tecnologías constructivas pasó a preocuparse por los inquilinos de los edificios, para que tuvieran luz natural y zonas de recreo. Es lo que hizo en su Hong Kong & Shanghai Bank, por entonces, 1986, el edificio más caro del mundo: “La arquitectura es cliente y usuario. Determina la calidad de vida de las personas”.

Hoy sus retos parecen tener más que ver con el tamaño. Suyos son el mayor aeropuerto del mundo -Pekín- y el puente Milleau -en Francia-, de 2,46 kilómetros. Pero en ese difícil equilibrio entre lo grande y lo pequeño, los jefes y los empleados, Foster ha aprendido a aterrizar en cualquier sitio.

“Puede que cuidar la construcción de 100 edificios sea más complicado que vigilar la de tres. Pero Foster siempre construye mejor que el 95% de los arquitectos del mundo”, declaraba hace pocas semanas a este diario el arquitecto indio Charles Correa. India es uno de sus nuevos retos: “Un mercado nuevo”, explica. La terminología empresarial es también marca de la casa. El año pasado, The Sunday Times colocó a Foster & Partners a la cabeza de las empresas privadas con mayores beneficios. Desde el avión asegura que la crisis también le ha afectado: “Tal vez menos que a otros porque seguimos ganando concursos y estamos acostumbrados a diversificar los proyectos”.

Sus propios edificios entienden de economía. Son caros, pero resultan formalmente económicos. Discretos y alejados del espectáculo, buscan más la sólida solvencia que la sorpresa. Ninguno de sus casi 500 trabajos construidos contiene excesos gratuitos, “por eso en épocas de crisis no tenemos mucho de donde quitar”.

¿No cree que la crisis vaya a cambiar la arquitectura?

“No debería. Las necesidades de la arquitectura son constantes. Son las de la gente”.

-¿Cree que la idea de arquitectura del Príncipe de Asturias difiere de la del Príncipe de Gales?

“Eso debería hablarlo con ellos”, bromea.

Minucioso y preciso, prolífico, y discreto, Norman Foster no pone jamás una pieza fuera de sitio.

 

SU LEGADO, EN OCHO ICONOS elegidos por Patxi Mangado 

 

1. Reichstag de Berlín

Demuestra la capacidad simbólica que tiene la arquitectura. Enseña cómo un ejercicio de arquitectura es capaz de representar el valor y la confianza en un hecho histórico (la reunificación alemana), sirviéndose de una pieza reflectante, que es luz y a la vez mirador, describiendo con optimismo una deseada unión entre política y pueblo, todo ello con gran valor espacial y fuerza expresiva.

Foster para la Cúpula del Reichstag del Parlamento Alemán en Berlín

 

2. Aeropuerto de Pekín

Sin duda, la obra más significativa entre sus últimas obras. Es increíble ver cómo resuelve un programa tan complejo de forma tan sencilla. Una sencillez que además de resolver la complejidad del flujo de gente está atento a cuestiones presentes en la arquitectura: la relación con el paisaje, sostenibilidad y el diálogo con la cultura china.

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3. Metro de Bilbao

Transforma lo que tradicionalmente es una infraestructura oscura en un trabajo con gran valor espacial, dotándolo de una dimensión casi doméstica, siendo amable y urbano. Es fantástico observar la sencillez y la inteligencia de este gusano construido que sale y entra de la superficie con gran capacidad de atracción y misterio y que, una vez dentro, asombra por su lógica y naturalidad.

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4. Torre Swiss Re de Londres

Una reflexión donde la estructura y la concepción espacial del edificio se hacen una. La sección y la planta cuajada de espacios libres se organizan en espiral y configuran una pieza de gran valor expresivo. También es destacable la solución urbana de la planta, ya que la forma circular permite liberar un espacio muy interesante en torno a la torre.

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5. Biblioteca de la Universidad de Cranfield

En cierta manera es un ejemplo paradigmático de un tipo arquitectónico, el de las capas ligeras, que el estudio de Foster ha utilizado repetidamente con sobrada eficacia. Aquí lo más importante suele ser la cuestión de la luz y la manera en que ésta se controla, dando lugar a fachadas ligeras, en ocasiones complejas, que pretenden convertirse en elementos de control energético. Se inicia así una preocupación por el control de la energía común a muchos otros trabajos.

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6. Torre Caja Madrid

Quizá éste es uno de los edificios más corporativos del estudio Foster, y en este sentido, con menos atractivo. No obstante, lo más interesante es el desarrollo de la planta y la localización de los elementos estructurales y de comunicación en la misma, consiguiendo, sin duda, un resultado eficaz en cuanto al programa que se solicita.

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7. Crescent Wing (ampliación del Centro Sainsbury)

Demuestra, a partir de la elaboración de la sección, una aguda capacidad para integrarse en el paisaje. Una preocupación que, por otra parte, ha sido muy habitual en muchos de sus trabajos.

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8. Mediateca en Nîmes

Es un proyecto. extraordinariamente delicado, donde Foster resuelve muy bien el espacio público, así como la relación con la preexistencia histórica que es la Maison Carré, como también se la conoce. La estructura ligera y clara, así como la magistral utilización de los espacios de la escalera, transmiten una sensación de facilidad y de maestría en la solución, que sólo los grandes arquitectos poseen. Un edificio sereno y tranquilo que sabe entender la dimensión pública sin necesidad de tener que recurrir a ningún alarde arquitectónico. De lo mejor de Foster.

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