ENTREVISTA: CLORINDO TESTA (1923). Arquitecto Italo-Argentino. Nora Sánchez. Clarín. Argentina

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“Buenos Aires es una ciudad que cambia a una velocidad que marea”

¿Cómo ve la ciudad uno de los arquitectos más emblemáticos, que contribuyó a darle su identidad? Con ritmo febril, su constante es la innata capacidad de cambio y de permanente adaptación.

Nora Sánchez

Alguna vez soñó con ser ingeniero naval para construir barcos. No lo hizo, pero el arquitecto Clorindo Testa se dio el gusto de diseñar el Hospital Naval Central como si fuera una embarcación encallada frente al Parque Centenario. Antes, ya había dejado su sello de hormigón en el microcentro, con la sede central del Banco de Londres. Exponente máximo en la Argentina del brutalismo, un movimiento inspirado en Le Corbusier que proponía exhibir los materiales tal como eran, Testa escandalizó a muchos con su obra más conocida popularmente, la Biblioteca Nacional. El edificio emerge en la Plaza Rubén Darío, en Recoleta, un barrio que le debe a Testa gran parte de su paisaje.

A los 85 años, Testa sigue creando. En un edificio centenario de Santa Fe y Callao, su estudio es una abigarrada colección de mesas de trabajo y proyectos pasados y futuros. La maqueta de un edificio que jamás se concretó convive con varias pinturas de formas geométricas, apoyadas contra una pared. Las artes plásticas son su otra gran pasión y desde 1952, cuando comenzó a exponer, su carrera como pintor corrió paralela a la arquitectura.

Sobre su escritorio hay hojas y más hojas de papel, algunas en blanco, otras con planos y dibujos. Y contra una pared conserva varias fotos ampliadas de Buenos Aires en distintas épocas, que muestran los cambios vertiginosos de la ciudad. Enérgico y movedizo, a veces Testa se distrae observando por la ventana. Lo divierte especialmente una medianera, del otro lado de la avenida, en la que con los años se fueron multiplicando caóticamente ventanas de diversas formas y tamaños jamás imaginadas por el constructor del edificio.

¿Los edificios deben ser concebidos como si fueran obras de arte?

Es imposible, hay edificios que lo son y otros que no.

¿Qué opina de las construcciones que se están levantando en la actualidad?

Algunas tienen valor y otras no, pero eso sucedió siempre. También hay construcciones del 1700 que son buenas y otras que no. Es verdad que ahora hay cosas que son horribles, por ejemplo los edificios que imitan el estilo francés que se hicieron en el año 2000, como uno que está en Figueroa Alcorta. Esa no es la manera de hacer arquitectura. Pero también hay construcciones de arquitectos jóvenes que son muy interesantes, sobre todo en las afueras de Buenos Aires.

¿Buenos Aires es una ciudad de estilos variados?

Claro, porque siguió las épocas. Hay mucha arquitectura racionalista, de los años 30 y 40. Pasó el tiempo y se terminó y vinieron otros estilos. Y todo convive.

Con el vértigo de construcciones de los últimos tiempos, ¿Buenos Aires corre peligro de perder su heterogeneidad?

No, porque a medida que se vayan rellenando los lotes va a haber edificios distintos y a su vez hay otros que se van a demoler. Es una ciudad en cambio constante.

¿Siempre cambió a este ritmo?

Buenos Aires no es una ciudad como Roma, que es toda del 1500. Buenos Aires tiene 100 años y atravesó muchísimos cambios. Lo curioso de Buenos Aires es que si uno compara una foto de Santa Fe y Callao de 1895 con otra del mismo lugar de hace diez años, va a notar que lo único que quedan son las iglesias. En las Invasiones Inglesas de 1806, los ingleses bajaron por las calles Tucumán y Viamonte. Y al llegar a Callao se tuvieron que desviar porque las calles estaban cortadas y todos los terrenos tenían higos de tunas, que no podían atravesar porque tenían espinas. Entonces llegaron hasta la calle Arenales, que sí estaba abierta, y avanzaron por ahí. Más adelante pusieron un cañón y tiraban hacia la plaza San Martín, donde había un cuartel. Eso fue menos de cien años antes de la foto de 1895. Fíjese la velocidad de los cambios. Buenos Aires es una ciudad que cambia a una velocidad que marea.

¿Hacia dónde se encamina el desarrollo de Buenos Aires?

La ciudad todavía no se completó. El día que se complete no va a ser como ahora, que uno se asoma a la ventana y tiene una visión amplia. Desde este estudio veo una medianera allá enfrente y hasta al Hotel Intercontinental, que está a 3 kilómetros de distancia. Eso es posible porque es una ciudad abierta. En Europa, en ciudades que fueron reconstruidas en 1880 o 1890, como Milán, uno ve sólo hasta la cuadra de enfrente, como pasa en nuestra Diagonal Norte. Pero acá hay lotes bajos en los que todavía se puede construir hacia arriba.

¿La ciudad se va a ir cerrando hacia arriba?

Sí, se va a ir cerrando hasta que aparezca una ordenanza que va a levantar muchas protestas, porque el tipo que tiene una casa de planta baja y primer piso va a querer construir un edificio de 15 y no lo van a dejar. Ahora se puede.

En la Legislatura ya se aprobaron algunas leyes que ponen límites a la altura en algunos barrios.

En los barrios pasa porque se van organizando los vecinos.

¿Le gustaría construir una torre?

Me gustaría, pero nunca nadie me lo propuso. Una vez ganamos un concurso para hacer una, en 1971, para el edificio de Aerolíneas Argentinas. Ahí tengo la maqueta, pero al final no se construyó. Igual, no es que por no haber hecho una torre me lo paso en un café imaginando cómo sería. Tiene que llegar alguien que le diga a uno que la haga y ahí me pongo a pensar.

¿Le molesta cuando remodelan o modifican mucho los edificios que diseñó?

Pasó con el que hice para el Colegio de Escribanos, que el otro día lo vi y tiene el hall todo lleno de cosas. No me gusta ese amontonamiento. No sé por qué no lo llaman al arquitecto que lo hizo. Es absurdo. Uno hubiera dado una solución.

También ocurrió con el edificio que construyó en 1964 para una sucursal del Banco de Londres, en Santa Fe y Junín, que fue separado en locales comerciales.

Es verdad. Pero bueno, es como un chico que tiene 6 años y es lindísimo. Después tiene 22 y es horrible y la mamá no se va a poner a gritar porque se puso feo.

¿Con cuál de sus obras quedó más conforme?

Con todas, porque de todas conservo recuerdos que me gustan. Por ejemplo, me acuerdo de que cuando estábamos haciendo la Biblioteca Nacional encontramos un gliptodonte debajo del gomero. La máquina con la que estaban trabajando chocó contra él y lo rompió.

¿Cuál es su rincón favorito de Buenos Aires?

Donde está el café La Biela. Siempre me gusta, porque cuando estaba en la facultad iba con amigos. Se llamaba La Biela porque ahí se juntaban los fanáticos de los automóviles antiguos. Por ahí veías estacionado un Mercedes Benz de 1930. Pero nosotros lo llamábamos “La Biela Eucarística”, porque a su vez iban a tomar un café o a desayunar todas las viejas que iban a comulgar a la mañana a la Iglesia del Pilar.

Justamente usted, años más tarde, diseñó parte del paisaje de La Recoleta, empezando con el Centro Cultural que hizo en 1979.

El edificio donde hoy está el Centro Cultural Recoleta antes había sido un asilo de ancianos y el secretario de Cultura de aquel momento nos llamó a Luis Benedit, Jacques Bedel y a mí para remodelarlo. Era una obra interesante e importante para hacer. Los dos primeros claustros o patios son del 1700, de cuando se construyó la Iglesia del Pilar, y las bóvedas también son verdaderas.

Antes de ser un asilo el edificio había sido un convento. ¿Cuál fue su criterio para intervenir el conjunto histórico?

Nuestra posición era que no había que volver a imitar la arquitectura del 1700. Las ventanas nuevas son distintas y las escaleras que se incorporaron son metálicas y no tienen nada que ver con la arquitectura colonial. Las cosas que se agregaron se hicieron con un lenguaje contemporáneo y los valores de la arquitectura original, que eran las bóvedas y la galería, se mantuvieron tal cual. Cuando hizo falta se hicieron o agrandaron ventanas. La actividad había cambiado: el edificio había dejado de ser un convento para ser un centro de arte. Por eso eran necesarias algunas modificaciones. Por ejemplo, la capilla del asilo se transformó en auditorio.

Al Buenos Aires Design, que hizo entre 1990 y 1993, ¿lo trabajó como parte del conjunto del centro cultural?

Sí, es una construcción que uno no nota como cosa distinta. Me la encargó la empresa del shopping, después de una licitación y forma parte de un conjunto entero. Es obra nueva que se excavó debajo del centro cultural y de la barranca y la plaza. Antiguamente, hasta ahí llegaba el río, pero a partir de 1806, lo fueron rellenando. Me acuerdo de que cuando era chico iba con mis hermanos menores a esa plaza. Y que las institutrices y niñeras no dejaban que ningún chico se acercara al asilo donde vivían los ancianos, porque casi todos estaban medio locos y decían palabrotas. Nosotros jugábamos en la barranca.

¿A qué jugaban?

Era 1935 y los italianos habían invadido Etiopía. Entonces jugaba con otros dos chicos a italianos contra etíopes. Como yo nací en Italia, obviamente hacía de italiano y ellos eran los etíopes. También me acuerdo de que antes, cuando vivía en una casa en Montevideo entre Córdoba y Paraguay, casi no pasaban automóviles y se podía jugar al fútbol en la calle. En esa misma casa, en 1930, una vez estaba jugando en la azotea y apareció mi tía gritando: “¡Entren al chico, que hay balas perdidas!” Era el día de la revolución de Uriburu. Mi tía exageraba, ¡qué iba a haber balas en nuestra terraza, si estaba lejos de todo!

Copyright Clarín, 2008.

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2008/11/09/z-01799046.htm

Clorindo Testa  nace en Nápoles el 10 de diciembre de 1923, es considerado el arquitecto argentino más importante del siglo XX, evidenciado por la importancia de las obras, la originalidad absoluta de su diseño, la concreción de sus obras siempre por concurso y competición con sus pares, además de ser un artista plástico de trayectoria lateral y permanente en la segunda mitad del siglo XX.

Se gradúa en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires en 1948 y se inicia en la época final del racionalismo argentino, siendo a fines de los años cincuenta, el mejor exponente del movimiento brutalista mundial. Realizó obras representativas de la arquitectura argentina como la Biblioteca Nacional de la República Argentina en Buenos Aires o el Banco de Londres en Buenos Aires (Hoy Banco Hipotecario), siendo este último banco uno de los ejemplos bancarios más importantes del mundo, por su carácter plástico e innovador, rompiendo con los valores establecidos para la época. No se adhiere a modas, o estilos internacionales y crea siempre una arquitectura distinta, que nace de las consideraciones del contexto a intervenir influenciado por el color, las tensiones, las metáforas, y la plasticidad.

A lo largo de su carrera ha obtenido el premio ICI (1989, Instituto de Cooperación Iberoamericana), el Primer Premio Plaqueta de oro Peace 75.30 U.N.O. (1975) y el Premio Arquitecto de América en la II Bienal (1996). Sus obras se encuentran en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, el Stedelijk Museum (Holanda) y el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), entre otros. Se comunica con sus semejantes por medio de la pintura y la arquitectura y como todo verdadero artista está siempre dispuesto a innovar, arriesgándose por sobre todo valor establecido. 

Hoy, se presenta a los Concursos con la misma inquietud y entusiasmo de su juventud, sometiéndose al criterio de los jurados como uno más.

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