LA VOCACIÓN DE LOS PLANOS EXTERIORES. Víctor Sánchez Taffur. Madrid. España

 

 

A lo largo del tiempo, la arquitectura ha sido un medio de expresión efectivo para poner en vista aspectos relativos a la cultura y el intelecto. Es capaz de dar respuestas a problemas técnicos específicos y proveer de experiencias sensoriales e incluso, en sus banales ejercicios, ha servido para materializar algún visceral estado de ánimo. Desde hace algunos años, venimos presenciando cambios abruptos en la fisonomía externa de los edificios, quizá producto de las exploraciones con el ordenador, las nuevas técnicas constructivas y los cambios de vida en una sociedad cada vez más identificada con los estereotipos.

El aspecto exterior de las arquitecturas constituye la forma visual de las ciudades y un factor clave en la conformación de sus espacios urbanos. En ciertos casos, es difícil comprender la “responsabilidad social” e incluso histórica que implica diseñar un edificio en un contexto específico. Es posible que hoy, el cerramiento físico hacia la ciudad se mire como un tema de investigación en sí mismo y no necesariamente como un tema urbano y colectivo. La fachada, sin duda alguna, es uno de los principales actores en la conformación del espacio exterior. Sin embargo y en definitiva, los foros, las charlas y las publicaciones de prensa, con seguridad, apoyados en razones económicas y sociales, apuntan a que la racionalización constructiva y el impacto de estas nuevas formas visuales serán los debates que primarán, necesariamente, en los próximos tiempos. Nosotros, por cuenta propia, y para entender un poco de qué trata este tema, nos propondremos desglosar los aspectos que intervienen en la configuración de un posible espacio exterior a partir de los límites y envolventes que generan las fachadas de los edificios.

Exteriores del Kunsthaus Graz. Graz_Austria. Peter Cook y Colin Fournier. 2003

Exteriores del Kunsthaus Graz. Peter Cook y Colin Fournier, 2003. Graz_Austria

Rescate y restauración de los planos exteriores de un edificio del centro. Madrid_España. 2008

Rescate y restauración de planos exteriores de un edificio del centro, 2008. Madrid_España.

Día a día la ciudad pareciera darnos pistas, nos hace ver que estos planos exteriores poseen vida propia frente a las calzadas por donde transitamos, es decir, que son superficies activas con un carácter transformador en el hecho urbano. A principios de los años sesentas Kevin Lynch en su libro La Imagen de la Ciudad comentaba de manera detallada los aspectos que, a su criterio, influyen en la construcción del paisaje urbano. Como aspecto interesante, Lynch dejaba claro que cada persona es capaz de construir su propia “ciudad visual” a partir de su cultura, sus vivencias y los significados que atribuye a los recuerdos. Nos llamó la atención de aquel texto cuando teorizaba, además, sobre la posibilidad de obtener un “consenso colectivo” producto de las experiencias urbanas individuales. De esta manera, los arquitectos pueden obtener datos para crear y dar forma, remodelar, reajustar, adaptarse y modificar la gran escala de las ciudades. Es decir, estas superficies verticales contienen, por un lado, una memoria producto del paso del tiempo y, por el otro, son consecuencia directa de la respuesta del interior del edificio frente a su entorno. Este último punto, hoy en día, es un tanto difuso porque en muchos casos han privado abruptamente las búsquedas personales, del proyectista o el promotor, sobre la ciudad.

Haciendo un ejercicio de desplazamiento, notaremos que al movilizarnos por el espacio urbano lo hacemos guiados casi de manera imperceptible por planos que se proyectan desde el suelo (fachadas) y delimitan nuestros radios de acción. Estos “sectores” de edificio que miran hacia el exterior son percibidos por el observador, en su recorrido, como una sumatoria de partes juntadas en horizontal o tal vez unos grandes paredones aislados en vertical. Cuando las fachadas son percibidas por el transeúnte le orientan sobre las diferentes escalas, le ordenan los recorridos y dotan de cierta personalidad a cada uno de los edificios, además de suministrarle claves para la comprensión del funcionamiento de los usos. Incluso, pareciera que estos paramentos son los encargados de llevar a cuestas muchos de los valores añadidos que se atribuyen a determinados lugares, haciendo las veces de “vallas arquitectónicas” donde, en muchos casos, los anuncios colocados sobre el material han pasado a conformar un primer plano de lectura.

Fachadas de un edificio en Postdamer Platz. Berlin_Alemania

Planos de fachada de una calle de Postdamer Platz. Berlín_Alemania

Fachada del Auditorium Building. Addler y Sullivan,1889.Chigado_USA.

Plano de fachada del Auditorium Building. Addler y Sullivan,1889.Chigado_USA.

La naturaleza de la percepción y los códigos que podrían sucitarse en el observador son un fenómeno complejo que no se puede analizar a la ligera. Esto es digno de una reflexión más profunda que implica ahondar en temas relacionados al simbolismo y la iconografía que, con seguridad, rebasarían nuestros límites y el enfoque para este caso. Sin embargo, el tema de la estructura formal exterior del edificio, y su impacto en la ciudad, sí son responsabilidad directa del ejercicio diario del arquitecto. Para emprender un estudio general tomaremos en cuenta la influencia que ejercen los diferentes lugares donde se desarrolla la edificación. Nunca será lo mismo dar una respuesta hacia un entorno peatonal del centro de la ciudad que hacia un prado verde en el campo. Tampoco será igual construir el aspecto exterior de un volumen entre medianeras al de un volumen con singularidad de hito. Pese a estas diferencias provenientes de condicionantes contextuales, consideramos que el edificio también posee valores comunes propios, producto de esos “consensos” urbanos de los que habló alguna vez Lynch cuando se refirió a la ciudad.

Revisando algunos ejemplos de arquitectura de diferentes épocas y contextos, podemos percatarnos de los tipos de respuesta que tienen los planos exteriores hacia la calle y su relación con el suelo. Vinculando el tema que propone Lynch, considerando algunas disertaciones que alguna vez escucháramos a Alejandro Zaera en una charla aquí en Madrid, y su vinculación con nuestra inquietud por el tema urbano, nos aventuraríamos entonces a plantearnos unas primeras e incipientes “categorías” de cerramiento o respuesta a través de los planos exteriores hacia la ciudad. 

Para empezar, y tomando algunos de los planteamientos de Alejandro Zaera, notaremos que existen edificios con contactos horizontales (sumatoria de volúmenes apareados medianos y bajos o un volumen individual largo y bajo), contactos verticales (un volumen considerablemente más alto que largo), contactos uniformes (un volumen singular, con alto y largo similares), contactos fusionados (un volumen amorfo: piso-pared-cubierta con aristas no convencionales) y finalmente con contactos compuestos (sumatoria de volúmenes con cualquiera de las características anteriores). Acompañando este planteamiento de corte tipológico entran en consideración también los trabajos de perforación y estratificación del plano exterior general.

Fachadas del Meydan - Umraniye Retail Complex & Multiplex. Farshid Moussavi y Alejandro Zaera., 2007. Estambul_Turquia. FOA.

Fachadas del Meydan-Umraniye Retail Complex. FOA.Farshid Moussavi y Alejandro Zaera, 2007. Estambul_Turquía.

Ante la diversisad de ideas y el amplio espectro que esta clasificación pudiera sugerir, se torna importante decantar. Para este caso, sería interesante adentrarnos y estudiar estos tipos pero inmersos en contextos densos de ciudad, donde por lo menos una de las caras del edificio mira a la calle y se encuentra sujeta a diversas presiones a las que deberá responder. Implícito en estas primeras categorías, entendemos que se manejan diferentes escalas y estratos o zonas en el plano de fachada: la zona de impacto o base (percibida a corta distancia), la zona media o cuerpo del edificio (percibido a una media distancia) y la zona de coronación o remate que contribuye a conformar el perfil urbano del sector (percibido generalmente a larga distancia).

Las actuaciones en la base suelen caracterizarse por el trabajo del plano en su parte inferior, bien sea, perforando o adicionando volúmenes bajos, sintonizados con el peatón mediante una composición con vacíos que ayudan a generar espacio público. Estas operaciones de reconocimiento urbano, características del nivel de acceso desde la calle, se combinan con todo un repertorio compositivo que tocaremos a continuación como parte del diseño general. 

Fachadas a la calle del Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal. Rafael Moneo, 1999. San Sebastián_España

Fachadas a la calle del Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal. Rafael Moneo, 1999. San Sebastián_España

Fachada Auditorio Ciudad de León. Masilla y Tuñón, 2003. León_España.

Fachada Auditorio Ciudad de León. Masilla y Tuñón, 2003. León_España.

La zona media generalmente se nos ha presentado como una superficie extensa donde se compone rítmicamente con elementos continuos, aislados, macizos, superficies perforadas,  partes altas, bajas, lisas y con texturas. Hoy en día, las fachadas son entendidas a manera de “piel” o velo envolvente fino, o sino, como un espacio de transición entre el adentro y el afuera. En uno u otro caso, es posible que entren en juego las transparencias y las opacidades gracias a materiales llamados hoy de última generación, así como, la presencia del diseño de novedosas iluminaciones, jardines y vegetaciones colgantes en favor del ahorro óptimo de la energía entre otras cosas . Esta zona media, en todo caso, se muestra como vinculante y conectora de la base y el remate.

Para entender la zona superior del plano es determinante el trabajo de cierre o coronación; es posible lograrla a través de un pliegue, un doblez y una ruptura o, como se ha hecho a través de mucho tiempo, gracias a un cambio, en ocasiones sutil, de formas y acabados a medida que se va elevando la mirada. También cumplen un rol determinante en la composición de este plano exterior: las sutilezas para leer e interpretar el entorno tomando prestado algún material de la zona, alguna forma específica o, más bien, haciendo una reinterpretación metafórica de un tema en particular. 

Fachada del cuerpo bajo rascacielos de Herzog y De Meuron, 2008. Nueva York_USA.

Fachada del cuerpo bajo rascacielos de Herzog y De Meuron, 2008. Nueva York_USA.

Fachada edificio de OMA (Rem Koolhas), 2008. Centro de Roterdam_Holanda.

Fachada edificio de OMA (Rem Koolhas), 2008. Centro de Roterdam_Holanda.

 

Concretando, podemos notar como la apariencia y la relación que existe entre el espacio interior y el exterior del edificio, a través del plano fachada, es un asunto que tiene que ver con varios aspectos a ser considerados por el proyectista. Uno, es la habilidad y la certeza para componer una superficie de carácter ambigüo: pública hacia la calle y privada hacia el interior, gracias a elementos continuos a manera de “piel envolvente” o en partes diferenciadas o estratos como se ha hecho tradicionalmente. Para lograr este cometido, es fundamental conocer  el uso y la pertinencia del material y los elementos constructivos seleccionados. Ante la crisis económica que empiezan a imperar en el mundo, se tornará cada vez más necesario racionalizar el empleo del material de fachadas: evitar las apuestas por opciones desconocidas o en periodo de prueba, las innecesarias complejidades y sofisticaciones y prever los altos costes en  reparaciones y mantenimiento.

Por último, considerar la oportunidad que se tiene como arquitecto de manifestar la sensibilidad, la intuición y el intelecto a partir del entendimiento de las funciones del edificio y de su implantación. El proyectista debe traducir esto en claves nítidas que permitan reconocer y acceder de manera clara, que hagan que el caminante logre sentirse reconocido como habitante y, a su vez, reconozca el lugar y para finalmente el edificio sea útil a la conformación del espacio urbano. Es posible que, luego de cubrir con creces estos aspectos, se pueda responder a asuntos relativos a estilismos, modas e imagen comercial, si fuera el caso.

Aspecto exterior Museo Guggenheim de Vielna. Zaha Hadid, 2008. Vielna_Lituania.

Aspecto exterior Museo Guggenheim de Vielna. Zaha Hadid, 2008.

Algunas imágenes han sido tomadas de google images search y plataforma arquitectura

Hoy, frente a tantos medios, herramientas y  ejemplos comprobados de “libertad creativa” en la arquitectura, con mayor razón, no pareciera aceptable que se responda de manera autónoma y autómata a cada lugar. A diario asistimos a una frivolización e invasión del aspecto exterior, a una imposición de vallas y superficies publicitarias sobre muchos de los dignos planos de los edificios o, sino, a su clonación como un sello de marca exclusiva que produce objetos capaces de aterrizar en diversos lugares. En infinidad de casos los promotores y gestores de ciudad tienen una alta carga de responsabilidad en este tipo de edificios que se producen o se intervienen en la ciudad. El tema del poder de la inversión y el empuje privado no es nada nuevo, tampoco los bajos niveles culturales. Sin embargo, siempre existirá la posibilidad de que un proyectista sensato pueda manejarse. Como siempre, para canalizar la inventiva de la arquitectura y así hacerla convivir con la racionalidad espacial y constructiva, con las formas y la memoria de la ciudad y, ahora también, con las nuevas tecnologías, los medios y las presiones comerciales de la globalización. Menuda tarea, nada fácil por supuesto.

En contrapeso a las nuevas tendencias comerciales del mercado arquitectónico, la vida pública milenaria o centenaria de las ciudades ha venido demostrando que el éxito de sus espacios no requiere, necesariamente, de la imagen de artefactos exéntricos dentro de sus tramas. Esto es tema bastante polémico, incluso entre los propios arquitectos, ya que está en juego muchas veces una especie de “nueva” visión, la fama, el prestigio y las porciones de dinero que otroga generar tal o cual proyecto “emblemático” para determinada ciudad . Hace poco, Carlos Ferrater desde su visión como arquitecto y ciudadano catalán, hacía alusión y se cuestionaba la aparición de la cantidad de hitos y marcas que han sido importadas a la ciudad de Barcelona.

Aún así, pocos pero suficientes ejemplos de arquitectura contemporánea dejan claro que sí es posible operar y crear novedades sin necesidad de recurrir a la frivolidad. El tema de la vocación de los planos exteriores, su tratamiento y las nuevas superficies es todo un mundo que se abre a la investigación, no por considerar que se deba separar la arquitectura por partes sino para lograr entender y no olvidar las viejas lecciones urbanas; para evitar ser cómplices creando “objetos” espectáculo, temporalmente mediáticos y con altísimos costes económicos para sus clientes y costes urbanos a largo plazo para su principal promotor: la ciudad.

Para finalizar, podemos dejar una reflexión sobre el caso del Museo Guggenheim de Bilbao. Se trata de uno de esos de edificios complejos de “marca” exitosa y rentable. Los que hemos visitado esta obra sabemos que posee una racionalidad constructiva bastante cuestionable y un espacio interno llamativo pero quizá poco funcional y sincero con su uso. Es un edificio que, a final de cuentas, busca un objetivo primordial: pretende ser atractivo, novedoso y sobre todo singular, pese a que no se le niegan unas conexiones urbanas bastante interesantes. 

Sin embargo,  y refiriéndonos de nuevo a nuestro tema en cuestión, notamos que esta obra del estadounidense Frank Gehry cuenta con unas formas y materiales de fachada que a todas luces tendrán que superar la prueba del tiempo. Este tipo de cobertura o cerramiento, independientemente de los problemas constructivos con los que lidió en su momento, ahora se enfrenta al problema y los costos de mantenimiento. Según entendemos hay serios problemas de desgaste y filtraciones, etc. Además de enfrentar demandas de los propios vecinos por los daños ocasionados a causa de la reflexión de la superficie de titanio. ¿Será lo primero suficiente para en realidad considerarlo un edificio emblemático o un “buen” edificio?

Aspecto exterior Museo Guggenheim de Bilbao. Frank Gehry, 1997. Bilbao_España.

 

 

sancheztaffur@yahoo.es

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