ENTREVISTA: ENRIQUE PEÑALOSA LONDOÑO (1951). Ex Alcalde de Bogotá. Rubén Martín.

Enrique Peñalosa Londoño el filósofo de la ciudad latinoamericana

“No se trata de que no podamos ser primer mundo, sino que ellos han cometido muchos errores que tal vez nosotros podemos evitar. Por ejemplo, nosotros no queremos una estructura urbana como la de los Estados Unidos, así tuviéramos el dinero. Una ciudad amable es una ciudad para los peatones. Las vías peatonales, las plazas, los parques, las banquetas, las ciclopistas, esa es la meta: una ciudad que demuestre en todos sus detalles un inmenso respeto por la dignidad humana”

Enrique Peñalosa

Rubén Martín

Bogotá padecía los mismos problemas que aquejan a las urbes de América Latina: caos urbano, predominio absoluto del automóvil y desprecio por los peatones, contaminación, reducción de los espacios públicos y ciudades que vacían sus centros para construir suburbios. En la capital de Colombia no se han resuelto todos estos problemas pero mucho se ha avanzado con la llegada de dos alcaldes muy poco convencionales y con escaso parecido a los políticos latinoamericanos.

Uno de ellos es Enrique Peñalosa Londoño quien estuvo al frente de la alcaldía de Bogotá entre 1998 y el 2001. Sus éxitos al frente de Bogotá le ganaron simpatía entre sus conciudadanos y lo han convertido consultor urbano de éxito en el mundo. Algunos lo llaman el filósofo de la ciudad latinoamericana.

Hizo cosas que parecen una utopía para Guadalajara, como comprar las reservas urbanas para evitar la especulación de los propietarios urbanos, compró manzanas del centro de Bogotá para derribarlas y construir nuevos parques; inició una avenida de 17 kilómetros, pero exclusiva para los peatones; transformó radicalmente el sistema del transporte público y logró algo impensable para esta ciudad: un sistema eficiente y seguro.

Peñalosa, quien estudio economía e historia en la Universidad de Duke (Estados Unidos) y posteriormente métodos de gestión en París, estuvo en Guadalajara a principios de septiembre. Ofreció conferencias de prensa, dio charlas a estudiantes, expuso una cátedra, conversó con urbanistas y políticos. Pero sobre todo observó la ciudad con ojos críticos.

Debido a su cargada agenda, Peñalosa ofreció la entrevista entre el Club de Industriales en Morelos y Francisco Javier Gamboa y la escuela de arquitectura de la Universidad de Guadalajara, al final de la calzada Independencia, y al borde de la barranca de Huentitán.

Mientras responde las preguntas, el ex alcalde de Bogotá mira la ciudad y detiene la entrevista con sus comentarios. Es implacable en contra del mal gusto de varias tiendas o establecimientos que ofenden y “escupen la cara” de los ciudadanos con sus anuncios y critica, sobre todo, la invasión del automóvil en las banquetas.

Pero dice que Guadalajara tiene muchos “detalles bonitos”: se expresa bien de la avenida Chapultepec y su andador en medio que permite la convivencia, le agradan las plazas y calles remodeladas en el primer cuadro y dice que el Centro Histórico es “espectacular”. Estas son sus sugerencias para recuperar la ciudad a partir de un proyecto político de igualdad para los ciudadanos.

No hay recetas para cambiar las ciudades, sin embargo en un tiempo se puso de moda formular planes estratégicos, como el modelo de Barcelona. Aquí en Guadalajara cada administración tiene un plan de desarrollo, pero al parecer esto no fue lo único que funcionó en Bogotá, ¿cuáles fueron los puntos que funcionaron?

Lo que hace una ciudad amable, así suene reiterativo, repetitivo, aburrido, es una ciudad para los peatones. Las vías peatonales, las plazas, los parques, las banquetas, las ciclopistas, esa es la meta, hacer una ciudad para los niños, una ciudad que demuestre en todos sus detalles un inmenso respeto por la dignidad humana. Que una persona en una silla de ruedas pueda recorrer sin ningún obstáculo y sin ninguna dificultad, esa es la ciudad que se quiere. No se trata de que no podamos ser primer mundo, sino que ellos han cometido muchos errores que tal vez nosotros podemos evitar. Por ejemplo, nosotros no queremos una estructura urbana como la de los Estados Unidos, así tuviéramos el dinero.

La medida de éxito de cualquier decisión, es qué tanto se favoreció el interés general, qué tanto contribuyeron a la igualdad. Lo que estamos tratando de definir es qué significa la igualdad en esta era del poscomunismo, cuando ya no hablamos de la igualdad de ingreso, sino más bien de igualdad de calidad de vida. Siempre que los adultos quieran jugar tienen cierta clase de juegos: para mostrar que tienen más dinero que otros, entonces tienen carros costosos o joyas o yates o hasta aviones particulares, pero a los niños no les importa nada de eso, pero sí les importa tener acceso a un campo cerca de su casas sin necesidad de ser socios de un club.

Queremos un modelo de ciudad más apretada. Donde la gente sale a la calle y se encuentra con los vecinos en la panadería o donde salen a caminar, donde los niños van en bicicleta a donde los amigos. Por eso es que hay que discutir qué tipo ciudad queremos.

Mire, mientras vamos en este automóvil, estamos viendo aquí; si ve prácticamente son casas que eran zona residencial anteriormente, donde el jardín lo volvieron estacionamiento, no hay banquetas sino rampas de estacionamientos. Para mí ese es el principal problema que tiene Guadalajara hoy; más que el plan estratégico. Claro que tiene que haber un plan estratégico, porque debe haber un plan que diga que se identifiquen los grandes proyectos articulantes de ciudad, las zonas de renovación urbana, de conservación, los ejes del sistema de transporte masivo, donde van las ciclopistas, los parques hacia el futuro, las zonas de expansión; claro que tiene que haber un plan estratégico, pero yo diría que a veces son pequeños proyectos concretos que se hagan, como realmente tomar una gran vía y mejorar radicalmente su espacio peatonal. Coger diez kilómetros de vía y hacer una excelente cicloruta, y unas banquetas excelentes y una buena arborización. Eso puede ser más importante.

Ahora Bogotá está mucho mejor, sin embargo, al principio hubo resistencias. ¿Cómo lograron romperlas?

Lo ideal es que haya un consenso ciudadano y que todos acepten lo que se tiene que hacer, pero hay veces que es necesario utilizar la autoridad y la obligación que tiene el alcalde de velar por el interés general y las facultades que le otorga la ley. Por ejemplo para sacar a todos estos automóviles de estas banquetas aquí en Guadalajara; para eso no necesita consenso (…) es muy importante que se trabaje en esa construcción de una visión compartida pero a mí lo que me preocupa de los procesos de concertación es que se terminan haciendo las cosas a medias. A veces hasta que no se hacen los proyectos la gente no se da cuenta de lo útil que pudieron ser.

¿Usted cómo empezó con el reordenamiento de transporte?…Bogotá era un caos.

El tema de transporte, bueno todo se comenzó al tiempo pero lo de transporte fue lo que se sintió de último porque tomó mucho construir la infraestructura. Las cosas que comenzamos a hacer fue reconstruir los parques, sacar automóviles de las banquetas, escuelas de gran calidad. Las primeras batallas fueron alrededor de esos temas. Obviamente, hay muchos otros que tomaron más tiempo, como la demolición de sectores del centro para abrir parques. Yo diría que inicialmente lo más difícil fue la batalla por el espacio público, no sólo con los carros sino también con los vendedores ambulantes que habían invadido zonas del centro.

¿La primera decisión es definir el modelo de vida que se quiere en la ciudad?

Lo que quiero recordar es que lo que hace una ciudad amable, es una ciudad para los peatones. Las vías peatonales, las plazas, los parques, las banquetas, las ciclopistas, esa es la meta: hacer una ciudad para los niños, una ciudad que demuestre en todos sus detalles un inmenso respeto por la dignidad humana. Que una persona en una silla de ruedas la pueda recorrer sin ninguna dificultad.

En sus conferencias insiste mucho en la igualdad de la ciudad. ¿Esta fue una de las grandes transformaciones en Bogotá?

Totalmente. Lo que hay detrás de todas y cada una de las obras es construir una sociedad más igualitaria. Lograr que las decisiones realmente tengan en cuenta el interés general sobre el interés particular. Cuando habla uno del espacio peatonal estás hablando de eso, de los espacios públicos, en donde todos los ciudadanos se encuentran como iguales. Una ciudad que demuestre que el ciudadano que va a pie es tan importante como el que va en un carro de lujo.

Restringir el uso del automóvil en ciertas horas, intervenir las tierras alrededor de la ciudad para que no gane la valorización para unos pocos propietarios. Casi la medida de éxito de cualquier decisión, es qué tanto se favoreció el interés general, qué tanto contribuyeron a la igualdad. Lo que estamos tratando de definir es qué significa la igualdad en esta era del poscomunismo, cuando ya no hablamos de igualdad de ingreso, sino más bien de igualdad de calidad de vida, de la igualdad que importa a los niños.

Siempre que los adultos quieran jugar tienen cierta clase de juegos: para mostrar que tienen más dinero que otros, entonces tienen carros costosos o joyas o yates o hasta aviones particulares, pero a los niños no les importa nada de eso, pero sí les importa tener acceso a un campo cerca de su casas sin necesidad de ser socios de un club. Esta nueva igualdad es la igualdad de la calidad de vida.

Todo eso se resume en que estamos tratando una manera de vivir, no estamos tratando de construir una ciudad, sino una manera de vivir, qué es lo que nos hace felices. De pronto vamos a descubrir que nos hace más felices cultivar orquídeas que tomar bebidas alcohólicas. Una de las características de una ciudad avanzada es que las ocupaciones del tiempo libre depende de las aficiones y no del nivel de ingreso.

Entonces alrededor de este proyecto de transformación de la ciudad, si cabe un proyecto político ¿sería este, de la igualdad de la ciudad?…

La igualdad y la felicidad, y creo que son dos cosas interrelacionadas. Y la felicidad teniendo claro que definitivamente no es el nivel de ingreso. Nosotros ni México ni Colombia vamos a alcanzar el nivel de ingreso de los países más avanzados. Vamos a alcanzar el que tienen hoy, entonces si vamos a definir el éxito o el fracaso de una sociedad en función de su ingreso o de su consumo pues casi vamos a tener que autoclasificarnos de fracasados. Entonces tenemos que buscar otra manera de definir el éxito y el fracaso.

Aquí de lo que estamos hablando es de una manera de vivir más igualitaria, más integral y más feliz y que tengamos absolutamente claro que no es simplemente con más riqueza que vamos a resolver nuestros problemas. En México hablan mucho de volverse un país de primer mundo, es el único país donde se habla español donde utilizan esa expresión de primer mundo, muy mexicana. Nadie más utiliza eso sino los mexicanos. Y primer mundo realmente significa parecerse más a Texas, ¿no? y yo no estoy muy seguro que eso sea muy maravilloso como meta para una sociedad.

Como bien dice, hay esta aspiración o ambición de ser primer mundo, sin embargo no hay los recursos para ello…

Pero un momento, lo interrumpo por lo siguiente. No se trata de que no podamos ser primer mundo, sino que ellos han cometido muchos errores que tal vez nosotros podemos evitar. Por ejemplo, nosotros no queremos una estructura urbana como la de los Estados Unidos, así tuviéramos el dinero. Ayer leía un artículo sobre la felicidad, donde le preguntaban a un grupo muy grande de mujeres (estadounidenses) y decían que lo que más les gustaba era hacer el amor y que lo que menos les gustaba era manejar al trabajo, era lo peor. Tienen que meterse dos horas diarias en automóvil en un embotellamiento cada vez peor.

No queremos ese modelo de ciudad, así pudiéramos. Queremos un modelo de ciudad más apretada. Donde la gente sale a la calle y se encuentra con los vecinos en la panadería o donde salen a caminar, donde los niños van en bicicleta a donde los amigos. Es que por eso es que hay que discutir qué tipo ciudad queremos, no lo tenemos claro.

Usted y los últimos alcaldes de Bogotá han llegado al poder al margen de las grandes maquinarias políticas, ¿este fue un factor importante para explicar lo que ha ocurrido?

Muy importante, el alcalde que vino antes que mí fue Antanas Mockus, un rector muy poco convencional de la universidad nacional y eso fue como un choque eléctrico para el ambiente político de la ciudad. Creo que el haber llegado con la posibilidad de sólo nombrar a la mejor gente posible sin pensar en si tienen padrinos políticos o no o si pertenecen a un movimiento, o qué representan. Tiene que nombrarse a los mejores ejecutivos, como si se estuviera manejando una empresa multinacional. Solamente la mejor gente independientemente de su filiación política o de cualquier cosa. Porque de otra manera es muy difícil.

Aquí un problema es quien paga a los partidos y sus campañas, muchas veces esas contribuciones se retribuyen en contratos de obra pública. Allá no tuvieron ese problema.

Cero. Mi campaña total, para una ciudad de siete millones de habitantes, costó 100 mil dólares. De los cuales la mitad eran sueldos a quienes estábamos trabajando en a campaña, incluyendo el mío. Pero claramente no puede haber ningún tipo de “componendas”. Las licitaciones deben ser públicas y abiertas, nadie puede tener ninguna ventaja de ningún tipo.

¿Cómo llegó como candidato independiente?

En Bogotá están muy desprestigiados los partidos políticos tradicionales. Y yo realmente hice un trabajo de muchos años. Perdí dos veces la elección, esta fue la tercera, me tocó lanzarme tres veces hasta que gané. Entonces llegué a la alcaldía. Obviamente en Colombia la gente no le pone mucha atención a las propuestas porque creen que hablan tanta paja los políticos y hacen tantas promesas que nunca cumplen, que ya la gente no cree en nada. No puedo decir que gané por un programa. Lo que sí tuve fue una imagen de que conocía muy bien la ciudad, de que la había estudiado mucho durante mucho tiempo.

De lo mucho o poco que ha visto de Guadalajara, ¿se animaría a hacer recomendaciones de por dónde empezar su transformación?

Guadalajara tiene muchos detalles bonitos. Muchos separadores de avenidas con esfuerzos importantes, tiene un centro espectacular al que le han hecho unas obras peatonales muy bien logradas. Yo insisto, si me fuera a pedir una sola recomendación, aquí tenemos un problema masivo, gigantesco, de falta de banquetas, que se han angostado para abrir espacio a bahías de estacionamiento, en donde debería haber banquetas y jardines. Son los detalles, sino uno lograra una ciudad idealmente con los cables subterráneos, con una buena arborización y con buenas banquetas ya con eso está hecho un 60 o 70 por ciento de lo que hay que hacer.

Fuente: Punto G, Guadalajara, Mx. Agosto 24, 2006.

Tomado de http://josegenao.wordpress.com/2006/08/24/enrique-penalosa-el-filosofo-de-la-ciudad-latinoamericana/

Enrique Peñalosa Londoño es economista, administrador y político colombiano. Nació en 1951 en Washington DC y estudió en el Gimnasio Campestre de Bogotá y en el colegio Refous. Graduado en Economía de Duke University, con títulos de Maestría y Doctorado del Institute Internacional D’Aministration Publique y de la Universidad de París. Entre los cargos que ocupó hasta principios de los años noventa están: Director General de la oficina colombiana de Arthur D. LittleConsulting; Presidente del Instituto Colombiano de Ahorro y Vivienda (ICAV); Decano de la Facultad de Administración de Negocios de la Universidad Externado de Colombia y Vicepresidente Comercial y Administrativo de la compañía de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. Luego de ser representante a la Cámara a fines de los años ochenta, Peñalosa fue precandidato del Partido Liberal a la Alcaldía de Bogotá en 1992, pero fue derrotado por el experimentado ex ministro Jaime Castro. Para las elecciones de 1994 arrancó como gran favorito y se presentó como candidato independiente, pero fue derrotado contra todo pronóstico por el matemático Antanas Mockus. Finalmente en 1997 derrotó a Carlos Moreno de Caro y fue elegido como alcalde de la capital colombiana.

Su administración se caracterizó por adelantar una reforma urbana que sentó un precedente en Colombia con respecto a la forma de concebir las ciudades. Culminado su período en el Palacio Liévano se dedicó a la academia y a dictar conferencias alrededor del mundo dando a conocer sus ideas y el impacto logrado en Bogotá. Luego de sonar como presidenciable y quemarse en las pasadas elecciones parlamentarias, decidió lanzarse de nuevo a la conquista de la Alcaldía de Bogotá en 2007 obteniendo el segundo lugar.

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