IGLESIA SAN ALBERTO HURTADO. Saéz Joannon Arquitectos. Chile

Iglesia San Alberto Hurtado – Saéz Joannon Arquitectos

por David Basulto [tricky] 

 

Obra: Iglesia San Alberto Hurtado, Parroquia Cristo de Emaús
Ubicación: Los pinos 151, Villa california, Lo Prado, Santiago
Arquitectos: Sáez Joannon Arquitectos Asociados, Cristián Sáez A, Ximena Joannon C
Arquitecto Asociado: Rodrigo Piwonka A
Colaborador: Cristián Guzman M
Calculista: Alfonso Larraín V
Constructora: Valdivieso y Videla
Superficie del terreno: 680,58 m2
Superficie construida: 865,2 m2
Programa: 4 salas de atención sacerdotal, comedor para niños de escasos recursos, 2 baños, cocina, capilla chica – velatorio, patio de la Vírgen, sala multiuso – altar exterior, 3 salas de clases, iglesia para 300 personas sentadas.
Materiales Predominantes: hormigón, acero, vidrio.
Costo de construcción: 12 UF/m2
Año de proyecto: 2002 – 2003
Año de construcción: 2004 – 2005  

El sitio del proyecto se conforma por un retazo triangular, que originalmente correspondía a un área verde resultante de la urbanización de una población de la comuna de Lo Prado. Para la construcción de la iglesia, se anexaron dos casas contiguas y un pasaje peatonal que conformaba uno de los lados del triángulo adyacente.

El encargo era lograr construir una iglesia con capacidad para 300 personas sentadas, más las oficinas de atención sacerdotal, salas de reunión de grupos, velatorio y servicios.

Se nos planteaba además la necesidad de preservar gran parte de las casas existentes, por lo que nos quedaba el sitio de forma triangular para construir el templo. La normativa no permitía más de un 40% de ocupación de suelo, por lo que en un primer nivel no era posible cumplir con los requerimientos del encargo.

De esta forma se llevó la iglesia a un segundo nivel ocupando el 100% del terreno disponible y definiendo una sala multiuso exterior en el primer nivel. Esta sala hipóstila se constituye en un espacio gratuito, abierto a la comunidad y que busca reflejar el espíritu del Padre Hurtado. Era también una forma de retornar a la comunidad en forma mejorada parte de ese espacio libre existente originalmente.
El uso se pensó tal como nos lo dijo una señora el día de la misa de la primera piedra: “O sea, ¿yo me puedo casar arriba y hacer la fiesta abajo? La respuesta fue: sí.

El cuerpo de la iglesia queda suspendido del nivel de la calle y de las viviendas de un piso que la rodean, definiendo un nuevo horizonte para el barrio en el que se emplaza.

El rito de acceso tiene un carácter ascensional a través de las rampas que conducen al piso superior llevándonos desde el suelo vacío y penumbroso de la calle, hasta el espacio blanco y luminoso de la iglesia. La luz cenital traspasa el edificio, iluminando el primer tramo de la rampa e invitando a subir. En la llegada del segundo tramo se encuentra una imagen de San Alberto Hurtado que recibe al que llega y nos conduce hacia la entrada.

La iglesia, un polígono triangular, se trabaja desmaterializando sus aristas, de forma que una de ellas es el acceso desde la llegada de la rampa, la segunda conduce al confesionario y la tercera corresponde a una abertura de luz tras el presbiterio.
Las aguas lluvias son recogidas por un espejo de agua que se encuentra bajo la iglesia rodeando el primer tramo de rampa.
La luz cenital del interior del templo entra en forma rasante, bañando los muros de luz y quitándole peso al cielo triangular. El presbiterio queda definido por dos aberturas de luz a modo de presencias; una vertical y otra horizontal.

Como conclusión final podemos decir que en esta obra adherimos a lo que decía Louis Khan: “A partir de lo que el espacio quiere ser, lo desconocido puede revelarse al arquitecto”.

Fotografías  

 

 

  

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