Archivo del Autor: Sánchez Taffur
ARTÍCULO: MONEO. Príncipe de Asturias de las Artes 2012. Anatxu Zabalbeascoa. El País. Arquitectura. España
Extraño gesto el del jurado de los Premios Príncipe de Asturias el de colgar al cuello de los dos arquitectos españoles más reconocidos y antagónicos, Rafael Moneo (Tudela, 1937) y Calatrava, la misma medalla por méritos tan opuestos. Moneo ha recibido hoy, el día en que cumple 75 años, la noticia “como un regalo”. “No sé si el jurado ha querido dar señal alguna sobre el camino que debe tomar la arquitectura. Sáenz de Oiza también obtuvo el premio. Me consta que hace bastante tiempo barajaron mi nombre como finalista y me alegra que, cuando creía pasado mi turno, hayan reconocido mi trabajo”, cuenta desde su estudio, en Madrid.

“Hay proyectos como Atocha que es un proyecto casi social. No es exagerada la analogía que compara las estaciones con los corazones bombeando gente en la ciudad para que éstas funcionen. Allí se siente el pálpito casi más que en ningún otro lado”. En la foto, la obra de la segunda ampliación de la estación del AVE Puerta de Atocha de Madrid, inaugurada en 2011. Moneo también se encargó de la remodelación de la estación de Atocha en 1992, cuando se inauguró el primer AVE de España a Sevilla.
Foto: Álvaro García.
Autor del Museo de Arte Romano de Mérida (1986), de la ampliación de la Estación de Atocha (1992) y de la ampliación del Museo del Prado (2007), está claro que Moneo ha sido un arquitecto eminentemente reparador. Un proyectista que ha buscado más contribuir a la coherencia de la ciudad que aportar una expresión personal. Por inclinación, por capacidad o por decisión, sus intervenciones han ido siempre a favor del contexto. Él mismo reconoce que “hay un momento en que la buena arquitectura acaba perdiendo los rasgos personales para asimilarse y crear esos rasgos más amplios de la ciudad”. Y puede que sea ese paso atrás, esa manera cuidadosa, paciente y poco arriesgada de intentar colaborar en la formación de la urbe lo que haya valorado el jurado para reconocer a quien lleva décadas siendo el arquitecto español más reconocido del mundo.

Vista del hall y cafetería del Museo del Prado, que forma parte de la ampliación que llevó a cabo en 2007 el último premio Príncipe de Asturias de las Artes, Rafael Moneo. “Estuve siete años sin hacer otra cosa que el Prado porque entendía que había que estar atento a eso”, declaró el arquitecto años después.
Foto: Uly Martín.

Estructura de acero cubierto de cristal transparente concebida como una linterna que comunica todas las estancias y salas de exposiciones de la ampliación del Museo del Prado.
Foto: Uly Martín
Es cierto que en la trayectoria de Rafael Moneo puede leerse, durante algunas décadas, la historia reciente de la arquitectura: del metafísico Ayuntamiento de Logroño (1981) a la posmoderna Casa de la Cultura de Don Benito en Badajoz (1997). Pero lo es también que, llegado un momento, Moneo se bajó del carro de la historia para salvaguardar su propia obra. Más cartesiano y culto que creativo, optó por ejercer la cautela y fue fiel a su naturaleza decorosa y concienzuda cuando tantos edificios comenzaron a fragmentarse y a romper su perímetro con formas escultóricas. En ese momento, el único premio Pritzker español (1996) fue prudente. Se apeó de las tendencias internacionales, al contrario que los portugueses Alvaro Siza o Eduardo Souto, que sí emplearon su enorme conocimiento para acercarse a otra visión más vigorizante, y también más formalista, de la arquitectura con resultados que permiten aplaudir el cambio en personas que acumulan cinco décadas de profesión.

Fachada de un edificio de Moneo, parte del campus de la Universidad de Columbia (Nueva York), que recibió el premio de Certificación Leed Platinium, máximo reconocimiento para edificios sostenibles.
Foto: Sin identificación.
No fue el caso de Moneo, que ha jugado sus últimas bazas recuperando la sobriedad moderna con la Biblioteca de Deusto (2010), junto al Guggenheim de Bilbao, o apostando por la abstracción geométrica en el elegante edificio de ciencias de la Universidad de Columbia (2011). El más respetado entre los arquitectos españoles ha sido, sobre todo, un maestro de arquitectos, un proyectista extraordinariamente culto y un profesional responsable, y también intocable, que ha aprendido una forma de gestionar su profesión alejada de la práctica de visitar continuamente las obras y decidir allí acabados, entregas y, en realidad, la coherencia final de un edificio.

Fachada del Ayuntamiento de Murcia (derecha), realizado por Rafael Moneo, junto al Palacio Espiscopal de la ciudad.
Foto: Sin identificación.
Esa manera de trabajar, aprendida con otro premio Príncipe de Asturias, Francisco Javier Sáenz de Oiza, el autor de Torres Blancas, tuvo que cuestionarla Moneo cuando, tras ejercer de Decano en la Escuela de Arquitectura de Harvard inició una práctica cosmopolita que le llevó a construir en Estocolmo (Moderna Museet, 1998), Houston (Museo de Bellas Artes, 2000) y Los Ángeles (Catedral, 2002 ). El mundo no es compatible con la manera artesana de tomar decisiones a pie de obra. Exige una profesionalización de la arquitectura que obliga a resolver sobre los planos los detalles y encuentros que Moneo se había habituado a solucionar en la obra. Ha sido el precio de crecer. Y aunque está claro que Moneo no ha convertido su oficina en una gran firma anónima, también lo está que el arquitecto no ha vivido el conflicto entre crecer o concentrarse con facilidad. “He podido tener más trabajo del que he tenido. Pero ¿qué hubiera ganado con multiplicar mi obra mucho más? Seguramente no tanto. También he hecho más trabajos de más que de menos”, reconocía a este periódico.

Remodelación del museo de Arte Romano de Mérida (Badajoz), del que Moneo ha declarado en alguna ocasión que refleja la obra de su vida: “Mi carrera profesional hubiera sido otra si no lo hubiera construido. El museo ha definido lo que he sido como arquitecto”.
Foto: Francisco Ontañón.
Es significativo que el único libro que explica cronológicamente el trabajo de Rafael Moneo sea el volumen Apuntes sobre 21 Obras (Gustavo Gili), que analiza en 679 páginas esa cantidad de proyectos, menos de la mitad del trabajo del arquitecto. En esa lucha por crecer o contenerse, las bazas de Moneo han sido la cultura, la capacidad analítica y la disciplinada responsabilidad de ceñirse a lo que se le pide. La experiencia de saber escuchar al lugar tanto como la de saber solucionar los problemas le han servido para convertirse en uno de los proyectistas más fiables del mundo. “Hay instituciones que no quieren que el dinero para hacer un edificio se lo gaste un señor haciendo un garabato”, confiaba, de nuevo, a este diario. Aplaudido por su rigor constructivo y por su capacidad para realizar edificios sólidos y entroncados con los lugares, y tibiamente discutido por no tener una obra perfecta o por haber realizado las obras de más que él mismo reconoce, Moneo no hace garabatos. Aunque pueda admirarlos.

El arquitecto Rafael Moneo en su estudio de Madrid en 1998. Así entiende el último premio Príncipe de Asturias su arte: “Todo en la arquitectura es mediato. Para todo tiene uno que servirse de ayudas interpuestas: técnicas, lo que sea. No tiene la condición inmediata de la pintura”.
Foto: Ricardo Gutierrez.
El arquitecto favorito de Rafael Moneo es el danés Jorn Utzon, el fallecido autor de la Ópera de Sidney, con el que trabajó durante un año. Es también significativo que lo que más le gusta a Moneo de ese edificio gestual y osado, en los antípodas de su discreta manera de proceder no sea su espectacular vuelo ni su fuerza icónica sino su inesperada implantación frente a la bahía. Y es ahí, en esa manera de posarse, donde el edificio australiano apuesta por relacionarse con el contexto, lo que permite que con el Kursaal de San Sebastián Moneo rinda homenaje a su maestro.
Tomado de El País Arquitectura: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/05/09/actualidad/1336563827_576698.html
ARTÍCULO: ¿LA EXTRAÑA MUERTE DE LA CRÍTICA DE ARQUITECTURA? Josep María Montaner. El País. Cataluña
Este es el título del libro póstumo de Martin Pawley, uno de los críticos británicos de la segunda mitad del siglo XX, junto con Reyner Banham y J. M. Richards, y expresa un hecho inquietante: la crítica de arquitectura, tan influyente hace pocas décadas, hoy tiene un papel irrelevante.
En el caso de la crítica de arquitectura se suman dos crisis, la cultural y la propia. Se enmarca en el fenómeno más general de la pérdida de papel representativo de los intelectuales progresistas, que, aunque existan, tienen menos posibilidades de expresarse en los medios que hace unos años. Y en el terreno de la arquitectura, la mala salud se percibe hoy mucho más al compararla con su periodo dorado, entre los años sesenta y ochenta, con figuras como Manfredo Tafuri, Aldo Rossi, Colin Rowe o Kenneth Frampton, yendo desde el espectro más radical y marxista hasta el más formalista, nostálgico y defensor de la autonomía de la arquitectura.
También se suma que el mismo saber de la arquitectura ha perdido papel decisorio y de liderazgo con relación al que tuvo en el periodo de entreguerras y en la posguerra, en que las políticas de vivienda, inspiradas por arquitectos, sentaron las bases del Estado de bienestar. Hoy la arquitectura y el urbanismo son serviles a los objetivos financieros e inmobiliarios, y tienen escasa iniciativa para plantear alternativas a lo que imponen los intereses dominantes. A este descrédito han colaborado la complicidad con la especulación, la corrupción y el alarde de poder.
Hay más factores que explicarían esta muerte tan hegeliana decretada por Pawley: lo que queda de la crítica está dominado por la cultura angloamericana, que sigue definiendo posiciones, como la poscrítica, los tecnoadministradores o los neopragmáticos. Y en este punto de inflexión, Peter Eisenman, con su negatividad, y Rem Koolhaas, con su pragmatismo, han potenciado la dispersión. En Europa quedan pocos focos de la crítica, más allá del grupo editorial de la revista Lotus en Milán y de facultades de arquitectura como la de la Delft University of Technology.
Otro factor que influye en la consistencia de la cultura crítica es que el mundo de Internet ha potenciado un panorama con innumerables protagonista, sin los referentes míticos de otras épocas, como Karl Kraus, Jean Paul Sartre y otros. Hoy proliferan los intelectuales, por suerte, con más mujeres y con procedencias no eurocéntricas; se consolidan nuevas corrientes ecologistas, feministas y queer, pero su influencia y alcance quedan reducidos a ciertos ámbitos.
En el caso de Cataluña, el desinterés por la teoría es manifiesto y recurrente. La crítica y la historia la han escrito los mismos protagonistas, que se incluyen a sí mismos en sus escritos, como Oriol Bohigas o Helio Piñón; algo que sería inadmisible en otros campos artísticos. El gran teórico que tuvimos, Ignasi de Solà-Morales, es reconocido aquí por su gran personalidad y por ser el arquitecto del Liceo, pero no por el peso de su propuesta crítica, de alcance internacional. Somos un país que alardea de su pragmatismo y que no valora la actividad de la crítica. Por eso, los arquitectos profesionalistas y ambiciosos han creado sus propias agencias, lobbies y blogs, intentando medrar repartiendo placebo de crítica. Sin embargo, no habrá manera de conceptualizar, proponer alternativas y replantear la arquitectura si no se piensa desde la historia y la crítica.
Las nuevas teorías han de partir de otras coordenadas: rechazo a la pretendida autonomía de la arquitectura, sintonía con los medios de comunicación y con las posibilidades de las industrias locales, incorporación de los nuevos modos de trabajo colectivo y de cooperación. Se ha de avanzar en procesos en los que la abstracción recurre a mecanismos versátiles, como los diagramas; la arquitectura se centra en la vida y en la experiencia, y se reencuentra la vertiente activista y experimental que tuvo en otros momentos de transformación.
Cierta crítica está muriendo al mismo tiempo que ciertas premisas de rigor, honestidad y espíritu crítico no se valoran, pero van a surgir otras, imprescindibles para superar este panorama de imposturas, trivializaciones, autoelogios y fórmulas caducas.
Tomado de: El País. Cataluña.
VIDEO: RAFAEL MONEO DIALOGA CON ANTONIO SAN JOSÉ. Fundación Juan March. España
FOTO: DOCUMENTAL. Albert Schweitzer. Aspen, Colorado. USA, 1949. William Eugene Smith
VIDEO: CHARLA DE L. FERNÁNDEZ GALIANO SOBRE NORMAN FOSTER. Fundación Juan March. España
EVENTO: UD9. 40 AÑOS. CONVERSACIONES CRUZADAS (Calendario). V. Sánchez Taffur – J.L. Sánchez. FAU.UCV. Caracas
El “Viernes de Eventos” es un programa de extensión de la UD9 que se viene realizando desde hace 8 años, con el interés de poder brindar a los estudiantes un espacio de intercambio de ideas en Arquitectura, y en tópicos de interés general, y así contribuir a completar su formación como individuos y como futuros arquitectos.
El ciclo ideado para este año aniversario tendrá como título Conversaciones Cruzadas. Propone diálogos entre los profesores y un grupo de egresados de la Unidad Docente 09, a partir de las destacadas prácticas docentes y profesionales de cada participante, sugiriendo una aproximación a los temas individuales de interés e investigación, que permita un estimulante intercambio de ideas en Arquitectura. Se realiza a partir de un formato libre para la presentación y escogido por cada dupla seleccionada, que justamente permita el cruce de distintas miradas sobre temas medulares de la Disciplina, la Profesión y la Academia”.
Aula Pablo Lasala, Piso 05.
Facultad de Arquitectura y Urbanismo.
Universidad Central de Venezuela.
Todos los viernes del calendario.
7:00 pm
Grupo facebook Unidad Docente Nueve: http://www.facebook.com/#!/unidad.nueve
Twitter Unidad Docente Nueve: @UD9_FAU (https://twitter.com/#!/UD9_FAU)
ARTÍCULO: NO MODIFICARÁS EL PROYECTO DE OTRO. Anatxu Zabalbeascoa. El País. España
Una sentencia sin precedentes obliga a la Administración a ejecutar una obra concluida conforme al diseño original que vulneró. El caso desvela una mala práctica habitual.
¿Para qué quería la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo de Madrid a los mejores arquitectos? Hace dos años, José Selgas y Lucía Cano, autores de los palacios de congresos de Badajoz y Cartagena, la denunciaron. Llevaban semanas lidiando con una constructora que se negaba a levantar su edificio en el Ensanche de Vallecas según los planos aprobados. No es habitual que un arquitecto luche por su propiedad intelectual en los juzgados. Pero para Selgas y Cano no era una cuestión artística, sino de justicia. Fueron despedidos por la EMVS y otro arquitecto construyó sobre la estructura de su edificio. Esta semana se ha conocido la sentencia que obliga a la EMVS a ejecutar la obra “conforme al proyecto de ejecución” elaborado por ellos.
Rehacer un proyecto que ha modificado un inmueble es habitual en cuestiones de patrimonio. Rectificarlo a partir de un diseño que no se ha llegado a construir no tiene precedentes. Pero también algo más básico: el triunfo de la ley, la imposibilidad de modificar un contrato unilateralmente. La sentencia ha destapado un mundo poco claro que algunos se están atreviendo a desvelar. Edificios encargados a los arquitectos que han ganado premios, aprobados, licitados y adjudicados a compradores que querían esos pisos y que los proyectistas no han podido concluir al ser sustituidos por otros arquitectos. Muchos aseguran que esto sucede desde hace años. ¿Por qué no protestan? “Posiblemente, por miedo a perder futuros encargos”, responde José Selgas. Su socia Lucía Cano admite que ella no hubiera denunciado. “Me parecía una pérdida de tiempo y dinero y un enfrentamiento con la EMVS, a fin de cuentas, un cliente potencial”. Esa podría ser la razón por la que tantos proyectistas agachan la cabeza ante cambios unilaterales y exigencias fuera de contrato.
El proyecto Ensanche 53, en la calle del Embalse de Manzanares, 44, de Vallecas, está vallado. Parece terminado, pero todas las persianas están bajadas. Un guarda jurado cuenta que siete de las 20 viviendas están adjudicadas. Más anodino que humilde, el edificio está muy lejos de lo que uno espera de arquitectos que han recibido el encargo tras ganar el Premio de Arquitectura de la Comunidad de Madrid por otras viviendas sociales realizadas para la EMVS. El inmueble deshabitado está lejos también de la arquitectura de vanguardia que, hace unos meses, Miguel Ángel Prieto, director de proyectos y obras de la EMVS, defendía en este periódico. Tampoco se parece al proyecto original, envuelto en una malla vegetal, que algunos de sus compradores, como David Sagredo, Rosa María Recio y José Antonio Vime habían ido viendo crecer “ilusionados” con sus familias. Sin embargo, la EMVS sigue publicitando en su página web la obra, que ahora firma el arquitecto Rafael Carrasco, con la descripción del proyecto original “una malla vegetal que consigue un conjunto totalmente refrigerado y grandes vidrios que en invierno se caldean con el soleamiento”.
Esa malla no era un adorno. Era la clave del proyecto de Selgascano. Y fue también la manzana de la discordia entre constructores, funcionarios y arquitectos. Presupuestada en 600.000 euros, el edificio se ha construido sin ella “en una versión que chaboliza el proyecto original”, describe Selgas. Sin embargo, el dinero de esa partida no se ha ahorrado. Esa fue una clave del juicio. “¿Dónde ha ido a parar ese dinero?”, se pregunta Selgas.
Con un edificio paralizado en el barrio de Villaverde Bajo, también Ángel Alonso y Victoria Acebo recibieron un premio en la Bienal de Arquitectura Española de 2007 que consistía en el encargo de “al menos” 60 viviendas. La EMVS quería reunir a los mejores. “Madrid es referente internacional de la arquitectura de vanguardia”, señalan desde ese organismo. El encargo a Alonso y Acebo era de 40 viviendas en la calle del Calcio. Entregaron un proyecto ejecutivo (el final que contiene todos los detalles) que fue aprobado y pagado. Cambió la estructura de la EMVS y cambió su suerte. “Nos ordenaban modificarlo en un 75%. Pedían cosas que no estaban en el contrato bajo la presión de no encargarnos el resto de viviendas”, aseguran. “Nos hemos negado a trabajar gratis bajo amenaza”, cuentan. Sospechan que su proyecto lo cambiarán desde la propia empresa. Pero esta asegura que el edificio “no está parado, espera licitación”. Esto sucedió hace dos meses. Han decidido buscar abogados.
Jaime Coll y Judith Leclerc prefirieron pasar página. También ganaron un premio de la Bienal. Y tras un rosario de calamidades su proyecto fue adjudicado a Eduardo González Ruiz, que el supervisor de la EMVS Luis Gómez describe como “un experto perito amigo mío y de total confianza que resuelve rápidamente proyectos de arquitectos conflictivos como vosotros”, cita Coll leyendo la carta de Gómez. En la web de la EMVS, González figura como co-autor, “aunque el proyecto final nosotros ni lo hemos visto. Por tanto, lo nuestro no es una renuncia, sino un robo del proyecto que era el premio por ganar la Bienal en el apartado vivienda pública, precisamente”, dice Jaime Coll.
Otros arquitectos describen situaciones irregulares para terminar pidiendo el anonimato. Es el caso de unos que ganaron un concurso recién terminada la carrera. Hablan de la EMVS como un cliente “extremadamente arrogante”. “Nos decían que los proyectos básicos no se pagan, que qué nos pensábamos”. Prefieren no aparecer “porque de haber cualquier problema se complicaría el trato con la EMVS”. El director de proyectos y obras de esta empresa, Miguel Ángel Prieto, contestó a este periódico que “no le consta ningún caso de los mencionados”. Y remitió a su servicio de prensa. Su explicación es que “el proyecto de Selgascano se modificó porque no cumplía con los requerimientos de la ley”. De la sentencia que acaba de condenar a la empresa municipal no opina.
Ángel Alonso explica que “utilizan a su oficina de control de calidad para presionar. Nos pasó a nosotros cuando ya estaba suscrito el Certificado de Idoneidad sobre el proyecto”. Alonso no tiene miedo a perder un cliente “porque no volvería a trabajar para ellos. La EMVS te extorsiona para que cambies los proyectos cuando ellos quieran y si no lo haces, lo hacen ellos”.
Hay más opiniones. Otros autores de vivienda social, como Emiliano López y Mónica Rivera de Barcelona, se preguntan cuál es la delgada línea que separa autoría y servicio. “No creo que la reivindicación de nuestro papel en la sociedad pase por los tribunales… más bien al contrario”, dicen. Pero Alonso aduce: “No pataleamos porque cambien nuestros dibujitos, ni siquiera para que nos dejen diseñar viviendas decentes. Es que no es legal que la propiedad modifique un proyecto aprobado”. ¿Arte o justicia? La voluntad de unir la arquitectura más humilde al mejor diseño no puede estar más interesada en los nombres que en el diseño. En esa contradicción están encontrando su papel los abogados.
La sentencia, que obliga a reconstruir el proyecto de Selgascano invita a perder miedo frente a las presiones y, aunque los arquitectos ignoran si destruirán el edificio actual —“nos sentiríamos mal dejando sin hogar a 20 familias y malgastando el dinero público”—, sus abogados de Barrilero y Asociados confirman que la sentencia “se puede ejecutar en otro terreno”. Curtido en la defensa de arquitectos y perteneciente a ese despacho, Antonio Tena relata su asombro ante el trato que la Administración dispensa a los ciudadanos al considerar a los compradores de vivienda “más mendigos que clientes”.
Artículo tomado de: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/04/15/actualidad/1334517965_896195.html







